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España

Sánchez busca recomponer los puentes de Iberoamérica en una cumbre marcada por las ausencias de Lula y Sheinbaum

Moncloa aspira a recuperar el consenso perdido en 2024 en una cita marcada por las diferencias políticas y las ausencias de peso

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EP/Archivo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EP/Archivo.

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Madrid vuelve a mirar hacia América Latina en un momento en el que las relaciones entre sus gobiernos están lejos de atravesar una etapa de entendimiento político. La capital española acoge este miércoles y jueves la XXX Cumbre Iberoamericana, una cita que Pedro Sánchez pretende convertir en una oportunidad para recomponer un espacio diplomático castigado por las divisiones y la falta de consensos. El propósito es recuperar el diálogo entre los 22 países de la comunidad, aunque la fotografía de familia volverá a reflejar algunas de sus fracturas: Lula da Silva y Claudia Sheinbaum no viajarán a Madrid, mientras que Javier Milei sí compartirá escenario con el presidente español, con quien mantiene uno de los enfrentamientos más visibles de la política iberoamericana.

La reunión llega, además, en plena precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre y con el Gobierno dispuesto a dar visibilidad a su agenda internacional. España ejercerá de anfitriona por cuarta vez, después de las cumbres celebradas en Madrid en 1992, Salamanca en 2005 y Cádiz en 2012. Pero el contexto es distinto al de aquellas citas. La comunidad iberoamericana arrastra dificultades para articular posiciones comunes en un escenario de creciente diversidad ideológica, intereses nacionales enfrentados y profundas diferencias económicas y sociales.

El precedente más inmediato explica buena parte de las expectativas depositadas en Madrid. La última cumbre, celebrada en Cuenca (Ecuador) en noviembre de 2024, dejó una imagen de debilidad institucional difícil de disimular. Apenas acudieron tres jefes de Estado, entre ellos Felipe VI, y Argentina impidió la aprobación de una declaración oficial que contaba con el respaldo de los otros 18 países participantes. Las discrepancias sobre cuestiones como la igualdad de género, el desarrollo sostenible y el cambio climático terminaron imponiéndose al propósito de encontrar una posición compartida.

Dos años después, el Gobierno español aspira a que Madrid marque un punto de inflexión. La Moncloa considera que el trabajo diplomático desarrollado durante el último año ha permitido recuperar parte del terreno perdido. Los contactos entre países, las reuniones sectoriales y la negociación de más de 35 declaraciones ministeriales han servido para preparar cinco grandes acuerdos con los que se pretende devolver utilidad política al foro. En un espacio donde conviven ejecutivos con posiciones prácticamente antagónicas, el consenso se ha convertido en el principal objetivo.

La asistencia ofrece al Gobierno un primer argumento para defender esa recuperación. Diez de los 22 países estarán representados por sus máximos dirigentes y otros tres enviarán a sus vicepresidentes. El resto acudirá con delegaciones ministeriales. Frente a la escasa participación de Cuenca, Madrid reunirá a representantes de toda la comunidad, aunque seguirá sin contar con algunos de sus principales líderes.

Sin Lula ni Sheinbaum, pero con Milei y Kast

La ausencia de Lula da Silva y Claudia Sheinbaum tiene una relevancia que va más allá del protocolo. Brasil y México son las dos mayores economías de América Latina y desempeñan un papel fundamental en los equilibrios políticos y diplomáticos de la región. Ninguno de sus presidentes estará en una reunión que busca precisamente reforzar la capacidad de influencia internacional de Iberoamérica.

Desde la Moncloa tratan de evitar que estas ausencias se interpreten como un distanciamiento político. El Ejecutivo mantiene que las relaciones con Brasil atraviesan una etapa de estrecha colaboración y atribuye la decisión de Lula al intenso calendario electoral que acaba de afrontar. En el caso de México, el Gobierno destaca la recuperación del diálogo bilateral y recuerda que Sheinbaum restringe habitualmente sus desplazamientos internacionales. Ambos países estarán representados por sus ministros de Exteriores y han participado en los trabajos preparatorios.

Tampoco acudirá la presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, cuya situación está condicionada por las sanciones de la Unión Europea y por el escenario político interno del país. La delegación venezolana estará encabezada por su ministro de Exteriores.

Si las ausencias de Lula y Sheinbaum restan peso político a la cita, la presencia de Javier Milei garantiza uno de sus principales focos de atención. El presidente argentino viajará a Madrid después de haber vuelto a cargar contra Sánchez, al que llegó a calificar de dictador hace apenas diez días. La relación entre ambos dirigentes continúa marcada por los enfrentamientos públicos, aunque el Gobierno español evita conceder a esta circunstancia un protagonismo excesivo.

No hay prevista una reunión bilateral entre Sánchez y Milei, ni tampoco un encuentro específico entre el mandatario argentino y Felipe VI. Los dos presidentes coincidirán, en cualquier caso, durante la sesión plenaria del jueves, en una cumbre que obligará a compartir mesa a dirigentes con posiciones políticas muy alejadas.

La diversidad ideológica también quedará reflejada en la presencia del presidente chileno, José Antonio Kast, que ha aprovechado su desplazamiento a España para desarrollar una agenda política paralela. Este lunes se reunió con el líder de Vox, Santiago Abascal, y recibió de manos de Isabel Díaz Ayuso la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid. Este martes ha sido recibido por Felipe VI en el Palacio Real, donde el monarca mantendrá también encuentros con los presidentes de Honduras, Guatemala y Costa Rica.

El contraste entre los distintos gobiernos participantes ilustra uno de los principales obstáculos del espacio iberoamericano. La comunidad reúne a países con trayectorias históricas compartidas, pero sus afinidades culturales y lingüísticas no siempre se traducen en acuerdos políticos. La cumbre de Madrid tendrá que encontrar puntos de encuentro sin resolver las profundas diferencias que separan a buena parte de sus integrantes.

Cinco acuerdos para devolver contenido político a la cumbre

Consciente de esas dificultades, el Gobierno ha apostado por concentrar los esfuerzos en una agenda de cooperación que permita obtener resultados concretos. Madrid aspira a cerrar cinco grandes iniciativas, acompañadas de más de 35 declaraciones ministeriales negociadas previamente. La previsión es que los países aprueben una declaración política breve, un objetivo aparentemente modesto, pero que adquiere una importancia especial después de lo ocurrido en Cuenca.

Uno de los principales compromisos será la creación de una red iberoamericana de reducción del riesgo de desastres y protección civil, acompañada de un fondo de emergencias que permita coordinar la respuesta ante catástrofes naturales. España aportará un millón de euros para poner en marcha este mecanismo, concebido para reforzar la cooperación entre países expuestos a fenómenos meteorológicos extremos y otras situaciones de emergencia.

La transformación tecnológica ocupará otro lugar destacado con la constitución de una alianza iberoamericana de inteligencia artificial. Sus últimos detalles se están negociando durante el foro digital celebrado este martes en Madrid. La iniciativa pretende abrir nuevas vías de colaboración en un ámbito donde las diferencias de inversión, infraestructuras y desarrollo tecnológico entre los países de la comunidad son especialmente acusadas.

La educación será otro de los terrenos de cooperación mediante la Carta Iberoamericana de Movilidad Académica, orientada a facilitar los intercambios de estudiantes, docentes e investigadores. A ella se sumará una Carta Iberoamericana de Cuidados y Apoyos, que pretende reforzar las políticas públicas en un ámbito estrechamente vinculado a las desigualdades sociales y de género.

El quinto acuerdo previsto consiste en una nueva estrategia de cooperación iberoamericana, con especial atención a la colaboración entre países del sur global y a los proyectos triangulares que permiten sumar recursos y capacidades de distintos Estados.

Se trata de iniciativas que afectan a problemas compartidos por buena parte de la región, aunque su alcance dependerá de los compromisos que finalmente se adopten y de su aplicación posterior. La migración, pese a ocupar un lugar central en las relaciones entre Europa y América Latina, no figura entre los asuntos principales de la cumbre, según la agenda trasladada por el Gobierno.

La Moncloa también ha buscado dar una dimensión internacional más amplia a la reunión. Madrid contará con la presencia del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres; el presidente del Consejo Europeo, António Costa; y la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera. Los tres podrán intervenir en las sesiones, mientras que la organización ha ampliado la participación de países y organismos observadores.

El programa comenzará oficialmente este miércoles con una ceremonia inaugural en el Teatro Real, seguida de una cena ofrecida por los reyes en el Palacio Real. El jueves se celebrará la sesión plenaria en la Galería de las Colecciones Reales, presidida por Felipe VI, y la jornada concluirá con una comparecencia ante los medios prevista para las 17:15 horas.

Madrid será así el escenario de un nuevo intento de recuperar la capacidad de entendimiento iberoamericana. El Gobierno llega con más participación que hace dos años, cinco acuerdos negociados y el respaldo institucional de Naciones Unidas y la Unión Europea, pero también con ausencias relevantes y diferencias políticas que no desaparecerán durante los dos días de reuniones. La primera prueba será comprobar si los 22 países consiguen suscribir una declaración común, algo que no fue posible en la última cumbre.

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