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Internacional

El mapa de las ‘midterms’: los puntos calientes de la batalla por el Congreso de EEUU

Los demócratas necesitan cuatro representantes más en cada cámara para que haya un cambio en las mayorías

Vista general del Capitolio de Estados Unidos. EP

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Las elecciones de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre convertirán varios estados estadounidenses en escenarios decisivos para determinar el futuro político de Washington. Con el control del Congreso en juego y una mayoría republicana ajustada en ambas cámaras, la atención de los partidos se concentra en un grupo de territorios donde unos pocos miles de votos pueden alterar el equilibrio de poder nacional. Desde Michigan (donde la congresista demócrata Haley Stevens ha dicho que apoyará al candidato republicano) y Maine hasta Texas, Ohio o Georgia, la batalla electoral se libra en estados con perfiles demográficos, económicos y políticos diferentes, pero con un denominador común: su capacidad para inclinar la balanza del Congreso.

Los comicios renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 puestos del Senado. Actualmente, los republicanos cuentan con una mayoría de 218-214 en la Cámara Baja y de 53-47 en la Cámara Alta. Los demócratas necesitan ganar cuatro escaños netos en cada una de las cámaras para recuperar el control, una tarea que convierte las contiendas más ajustadas en auténticos campos de batalla. La diferencia entre ambas cámaras es fundamental. Mientras que la batalla por la Cámara de Representantes se extiende por numerosos distritos, la disputa por el Senado se concentra en estados donde los republicanos defienden escaños en territorios que votaron mayoritariamente por Donald Trump en las presidenciales de 2024.

Michigan y Maine, dos escenarios determinantes

Entre los estados que concentran mayor atención destaca Michigan, donde la carrera al Senado enfrenta al republicano Mike Rogers con el demócrata Abdul El-Sayed. La contienda está marcada por las divisiones internas de la oposición, especialmente después de que la congresista demócrata Stevens anunciara su respaldo a Rogers. La decisión ha provocado tensiones dentro del partido y ha añadido incertidumbre a una campaña especialmente importante para las aspiraciones demócratas a unas horas de la apertura de las urnas. La importancia de Michigan, no obstante, no responde únicamente a su representación parlamentaria, sino que se trata de un estado mayoritariamente industrial, con una importante tradición sindical y una población electoral diversa. La evolución del empleo manufacturero, el coste de la vida y las políticas comerciales de Trump figuran entre los asuntos que pueden influir en el comportamiento de sus votantes.

Otro territorio fundamental es Maine, donde la republicana Susan Collins se enfrenta al demócrata Troy Jackson. Collins lleva en el Senado desde 1997 y cuenta con una trayectoria política consolidada, aunque su posición ha estado marcada por sus diferencias ocasionales con Trump. Maine constituye una oportunidad para los demócratas, puesto que Kamala Harris ganó allí las presidenciales de 2024. Sin embargo, la experiencia electoral de Collins altera el escenario.

Ohio, Iowa y Texas: el desafío republicano

Las oportunidades demócratas pasan también por conquistar algunos estados tradicionalmente republicanos. Entre ellos destaca Ohio, donde los republicanos defienden un escaño importante. La candidatura de Jon Husted, que ocupa el puesto tras la salida de JD Vance hacia la vicepresidencia, se enfrenta a una oposición demócrata que busca convertir el descontento económico en una oportunidad electoral. Este estado representa uno de los principales ejemplos de la transformación política del Medio Oeste. Aunque Trump consiguió imponerse allí con una ventaja considerable en 2024, las preocupaciones relacionadas con la inflación, el empleo y el coste de los servicios básicos han introducido nuevos elementos en la campaña.

Una situación parecida se observa en Iowa, donde los republicanos intentan conservar el escaño que deja vacante Joni Ernst. El estado ha experimentado un desplazamiento hacia posiciones republicanas durante los últimos ciclos electorales, pero los demócratas consideran que el contexto económico puede abrirles una oportunidad. El comportamiento de los votantes rurales y de las comunidades agrícolas será especialmente relevante, en una región donde las políticas comerciales y los aranceles tienen consecuencias directas sobre el sector primario.

Más al sur, Texas se ha convertido en otro de los escenarios que merecen atención. El republicano John Cornyn afronta una contienda en un estado que Trump ganó por más de trece puntos en 2024, siendo uno de los mayores feudos de los conservadores, pero donde los demócratas han intentado aprovechar la coyuntura económica y social para hacer su campaña. La importancia de este estado va más allá de su representación en el Senado, ya que su enorme población y su peso económico lo convierten en un territorio fundamental para el futuro de la política estadounidense.

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Alaska, Carolina del Norte y otras piezas del tablero

Alaska constituye otro de los estados que pueden resultar determinantes. El republicano Dan Sullivan busca conservar su escaño frente a una oposición demócrata que pretende aprovechar las preocupaciones sobre el coste de la vida, la energía y la gestión de los recursos naturales. Trump ganó aquí con holgura en 2024.

También destaca Carolina del Norte, donde el escaño que deja vacante Thom Tillis ha generado una de las disputas más relevantes de la campaña. El demócrata Roy Cooper, antiguo gobernador del estado, se enfrenta al republicano Michael Whatley, expresidente del Comité Nacional Republicano. La candidatura de Cooper representa una apuesta importante para los demócratas, que buscan aprovechar su experiencia en la política estatal. Carolina del Norte ha mantenido una competencia electoral muy ajustada durante los últimos ciclos, lo que explica su relevancia en una elección donde cada escaño puede resultar decisivo para el equilibrio de fuerzas parlamentario.

Por otro lado, Georgia mantiene su condición de territorio electoral estratégico. El senador demócrata Jon Ossoff busca conservar su puesto frente a la oposición republicana, en un estado donde las elecciones presidenciales de 2024 mostraron una competencia estrecha. La participación de los votantes afroamericanos, jóvenes y suburbanos puede resultar especialmente importante.

El coste de la vida, el factor común de la campaña

Más allá de las particularidades de cada estado, las campañas comparten una preocupación central: la situación económica de los ciudadanos. El encarecimiento de los alimentos, la vivienda, los servicios sanitarios y otros gastos cotidianos se ha convertido en uno de los principales asuntos de debate. A estos factores se suma el impacto de la guerra con Irán y las consecuencias económicas de la política arancelaria de la Administración Trump. Los republicanos intentan defender su gestión y presentar sus propuestas como una vía para fortalecer la economía nacional, mientras que los demócratas cargan contra el Gobierno por el deterioro del poder adquisitivo de la ciudadanía.

El resultado de estos territorios determinará mucho más que la composición de sus respectivas delegaciones parlamentarias. Una victoria demócrata en una o ambas cámaras permitiría a la oposición controlar las comisiones, impulsar investigaciones sobre la Administración Trump y dificultar la aprobación de determinadas iniciativas presidenciales, e incluso, plantear un impeachment sobre el presidente.

En definitiva, Michigan, Maine, Ohio, Iowa, Texas, Alaska, Carolina del Norte y Georgia representan algunos de los principales escenarios de una batalla electoral que se decidirá estado por estado. La combinación de factores económicos, demográficos y políticos convierte cada una de estas contiendas en una pieza relevante del tablero nacional. La jornada del 3 de noviembre permitirá comprobar hasta qué punto el descontento con la situación económica y la gestión presidencial se traduce en cambios en las urnas en función de qué lado caiga cada estado pivote, y ofrecerá pistas sobre la dirección que tomarán republicanos y demócratas de cara a las presidenciales de 2028.

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