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El último fin de semana de octubre se avecinaba tenso ante las convocatorias del movimiento Blocus, que había anunciado una jornada de movilizaciones para el sábado en diferentes ciudades españolas, pero la respuesta policial condicionó el desarrollo de las convocatorias. La detención y posterior ingreso en prisión del presunto cabecilla de la organización no había conseguido disipar la preocupación de las fuerzas de seguridad, que habían detectado preparativos para nuevos episodios de violencia y saqueos. Barcelona, escenario de los graves disturbios del pasado 24 de octubre, se convirtió en el principal foco de atención, con un despliegue policial sin precedentes (y criticado en las redes sociales por sus aparentes filtros raciales) para evitar que las concentraciones terminaran repitiendo las imágenes de la semana anterior. El dispositivo se extendió a muchas otras urbes como Madrid, Valencia o Bilbao, entre otras.
La jornada arrancó bajo una fuerte vigilancia en el centro de todas las ciudades. En Barcelona, los Mossos d'Esquadra y la Guardia Urbana activaron un dispositivo que las propias fuerzas de seguridad calificaron de "inédito de máximos", con controles en los accesos a la plaza de Catalunya y en otros puntos estratégicos de la ciudad. El objetivo era impedir que las convocatorias difundidas a través de las redes sociales pudieran desembocar en nuevos altercados, especialmente después de los acontecimientos registrados el 24 de octubre, cuando alrededor de 500 personas participaron en unos disturbios que se saldaron con comercios saqueados, incendios y varias detenciones, muchas de ellas de menores de edad.
El operativo policial se extendió también a la red de transporte público. Los agentes ordenaron el cierre de varias entradas al Metro como medida preventiva y reforzaron la vigilancia en los espacios considerados más sensibles. Hasta las 18:30 horas del sábado se habían realizado alrededor de 450 identificaciones, en un dispositivo que incluyó controles, registros e intervenciones de objetos susceptibles de ser utilizados durante posibles altercados. Entre el material intervenido figuraban armas blancas, pasamontañas y linternas. Además, los responsables policiales habilitaron un espacio específico para la detención de posibles arrestados en la calle Pau Claris, a la altura de la Gran Via. Se trataba de una medida excepcional destinada a facilitar la actuación de los agentes en caso de que se produjeran episodios de violencia, enfrentamientos o saqueos en el centro de Barcelona.
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Tres convocatorias del movimiento y despliegue en otras ciudades
La organización había fijado tres convocatorias en la ciudad. La primera estaba prevista a las 17:00 horas en la plaza de Catalunya y en el paseo de Lluís Companys, mientras que la tercera acción se había anunciado para las 20:00 horas en el paseo de Gràcia. Estos emplazamientos, situados en zonas de gran actividad comercial y afluencia de ciudadanos, habían elevado la preocupación entre los comerciantes, que optaron por proteger sus escaparates ante el temor a que pudieran repetirse los saqueos de la semana anterior.
La inquietud, no obstante, no se limitó a Barcelona. En Madrid y en otras ciudades españolas con importantes áreas comerciales también se adoptaron medidas de precaución, con establecimientos que reforzaron la protección de sus escaparates ante la posibilidad de que las convocatorias se tradujeran en episodios de violencia. Sin embargo, y pese al importante despliegue de seguridad, las primeras valoraciones policiales apuntaban a que no se habían producido incidentes en los lugares señalados por Blocus. Y de la misma manera terminó el fin de semana.
La tensión de la jornada tuvo, no obstante, un episodio relacionado con el fuego. Los bomberos tuvieron que intervenir para extinguir las llamas provocadas en tres contenedores situados en la calle Aribau de la Ciudad Condal, en su cruce con Córcega. El incendio afectó también a la terraza de un establecimiento hostelero cercano. Las fuentes policiales consultadas precisaron, en una primera valoración, que este suceso no estaría relacionado con las convocatorias, por lo que no se estableció una conexión entre ambos acontecimientos.
Detrás del dispositivo de este sábado se encuentra una investigación que había permitido a la Guardia Civil detectar los preparativos de nuevas movilizaciones y reconstruir el sistema de captación de participantes utilizado por el movimiento. Según la información facilitada por el Ministerio del Interior, la estrategia comenzaba con la difusión de vídeos en TikTok y carteles con códigos QR que dirigían a los interesados hacia grupos de WhatsApp y Telegram. Desde allí, algunos participantes eran incorporados a canales privados en los que se compartían instrucciones más concretas. Los investigadores sostienen que los mensajes animaban a difundir las convocatorias en grupos escolares y recomendaban acudir con mochilas, material de clase y pancartas, con la intención de presentar las concentraciones como reivindicaciones estudiantiles. Al mismo tiempo, algunas comunicaciones instaban a vestir de negro y utilizar máscaras para dificultar la identificación de los asistentes.
La investigación también habría detectado indicaciones para preparar acciones contra establecimientos comerciales. De cara a las movilizaciones del 31 de octubre, los mensajes planteaban reunir primero a los participantes y comunicar después, a través de conversaciones privadas, qué comercios tenían menor presencia policial. Entre los posibles objetivos mencionados figuraban joyerías, tiendas de lujo y grandes almacenes. También aparecían propuestas para incendiar establecimientos y edificios, así como instrucciones para borrar conversaciones y trasladar las comunicaciones a canales más restringidos. Fue precisamente durante la preparación de estas convocatorias cuando se produjo la detención del presunto impulsor de Blocus, que posteriormente ingresó en prisión provisional sin fianza. Su arresto supuso un golpe para la estructura que, según los investigadores, estaba detrás de la organización de las movilizaciones, aunque no eliminó la posibilidad de que otros participantes mantuvieran activas las convocatorias.
El balance del fin de semana deja, así, una imagen muy diferente a la de los disturbios que habían encendido las alarmas una semana antes. Barcelona vivió una jornada de vigilancia extrema, con cientos de identificaciones, controles en los principales accesos y comerciantes preparados para proteger sus negocios. La presencia policial se convirtió en el elemento dominante de unas convocatorias que habían despertado una notable preocupación institucional y ciudadana, y finalmente, todo quedó en agua de borrajas. La incógnita ahora es si el movimiento mantendrá su capacidad de movilización después del encarcelamiento de su presunto cabecilla o si se disgregará con celeridad.




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