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Los influencers toman la campaña y cambian las reglas del juego electoral

De Pedro Sánchez en 'Keep It Cutre' a las entrevistas de Jordi Wild y el debate que plantea Ibai Llanos, los creadores de contenido se convierten en protagonistas de la carrera hacia el 29N

Albanta San Román, Ángela Henche, Jordi Wild e Ibai Llanos. Elaboración propia

Albanta San Román, Ángela Henche, Jordi Wild e Ibai Llanos. Elaboración propia

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La próxima gran batalla electoral puede librarse entre dos micrófonos, una mesa de pódcast y una cámara de YouTube. Sin atriles, sin cronómetros y, quizá, sin periodistas. Los candidatos a las elecciones generales del 29 de noviembre han encontrado un nuevo escenario para disputarse el voto: los canales de los creadores de contenido que hasta hace no tanto parecían ajenos a la política institucional. Los influencers ya no se conforman con comentar la actualidad.  Ahora quieren entrevistar a quienes aspiran a gobernar España. Y los políticos han entendido que no pueden permitirse ignorarlos.

Hasta la fecha, la última parada de esta particular gira ha sido Keep It Cutre. Pedro Sánchez se sentaba frente a Albanta San Román y Ángela Henche para hablar de política, pero también de su vida personal. El presidente del Gobierno ha contado que terminó de decidir el adelanto electoral durante una comida familiar, después de hablar con sus padres y su mujer, Begoña Gómez. Una confesión difícil de imaginar en un debate convencional, pero perfectamente integrada en el lenguaje de un pódcast construido alrededor de la cercanía.

No es una ocurrencia aislada. Sánchez ya ensayó esta estrategia durante las elecciones de 2023, cuando visitó La Pija y la Quinqui y habló de Taylor Swift, música y cuestiones personales con Carlos Peguer y Mariang. Aquella entrevista demostró que un presidente podía entrar en el universo de la generación Z sin necesidad de convertir cada intervención en un discurso institucional.

Tres años después, la novedad ya no está en que un político visite un pódcast. Lo verdaderamente significativo es que todos quieran estar allí. El mejor ejemplo es Jordi Wild. El creador de The Wild Project, que acumula alrededor de ocho millones de suscriptores en YouTube, ha conseguido que Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal y Ada Colau acepten su invitación para entrevistarlos individualmente. Su intención es publicar las cuatro conversaciones el 13 de noviembre, coincidiendo con el comienzo oficial de la campaña.

Las entrevistas durarán entre 60 y 90 minutos, no tendrán preguntas pactadas y contarán con dos periodistas encargados de verificar las afirmaciones de los candidatos. Wild ha prometido abordar cuestiones incómodas y repreguntar cuando sea necesario. Una declaración de intenciones que también evidencia hasta qué punto los creadores de contenido están entrando en un terreno tradicionalmente reservado al periodismo político.

A la iniciativa se ha sumado Ibai Llanos, que ha anunciado su intención de organizar un debate electoral con cuatro candidatos en su canal de YouTube durante noviembre, aunque todavía no están confirmadas las participaciones. El streamer, acostumbrado a organizar acontecimientos multitudinarios como La Velada del Año, quiere trasladar su capacidad de convocatoria a la política. Y ahí aparece una pregunta interesante: ¿puede un creador que moviliza a millones de espectadores alrededor del entretenimiento conseguir que esa misma audiencia se interese por unas elecciones?

La televisión no ha desaparecido de la ecuación. RTVE ya ha planteado sus propios debates y las grandes cadenas continúan siendo escaparates fundamentales para los candidatos. Pero el monopolio de la conversación política se ha roto. Un youtuber puede conseguir sentar ante su micrófono a los cuatro principales aspirantes a la Moncloa y convertir sus entrevistas en uno de los acontecimientos más esperados de la campaña.

Detrás de este cambio hay una transformación en los hábitos de consumo informativo. El Digital News Report España 2026, elaborado por la Universidad de Navarra, señala que casi una cuarta parte de la audiencia ya recurre a creadores de contenido e influencers para informarse. Los partidos no necesitan convencer a los jóvenes de que enciendan el televisor a una hora determinada: pueden intentar llegar a ellos directamente a través de los canales que consumen a diario.

Los partidos son conscientes de que los jóvenes son un segmento clave, al igual de que un candidato que habla de sus gustos musicales, responde a preguntas inesperadas o cuenta una anécdota familiar tiene la oportunidad de resultar cercano ante una audiencia que quizá nunca buscaría voluntariamente una entrevista política.

Pero la cercanía no garantiza el voto, ni una entrevista viral se traduce necesariamente en apoyo electoral. Lo que sí ofrecen estos formatos es algo cada vez más difícil de conseguir para los partidos: la atención de una audiencia que no siempre sigue la actualidad política. Los candidatos no acuden únicamente a los pódcasts para explicar sus propuestas, sino para entrar en comunidades que Jordi Wild, Ibai Llanos o las presentadoras de Keep It Cutre llevan años construyendo. Llegar a esos públicos, especialmente a los más jóvenes, es uno de los grandes atractivos de esta nueva forma de hacer campaña.

Y también está cambiando quién marca las reglas. Los creadores lanzan invitaciones, proponen formatos y consiguen que los principales dirigentes acepten sentarse frente a sus micrófonos. Los debates televisivos seguirán siendo importantes, pero ahora comparten protagonismo con entrevistas que se fragmentan en TikTok, circulan por Instagram y se convierten en conversaciones mucho después de su emisión. La batalla electoral ya no se libra solo frente al televisor: también pasa por conquistar el algoritmo y captar a quienes entran en YouTube buscando cualquier cosa menos política.

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