Si el Partido Popular ha llevado a cabo una campaña para acercar la posibilidad de ganar una moción de censura instrumental, como propuso su presidente, Alberto Núñez Feijóo, este lunes, no lo ha parecido demasiado. Los cuatro escaños que necesita el líder de la oposición para echar a Pedro Sánchez de La Moncloa siguen igual de lejos que antes de conocerse la imputación de Zapatero y la implicación del PSOE en el caso Leire.
Ni siquiera la fórmula de las elecciones inmediatas tras ganar la moción, garantizando que Vox no formaría parte del Gobierno resultante, ni la 'vía Margallo' con un candidato neutro, han podido tapar el desprecio del PP a los partidos a los que tenía que seducir, que en todo momento se han mantenido en pedir a Sánchez que convoque las elecciones. Las manos que pedía Feijóo eran las de Junts, que condicionó su 'sí' a que el popular hincara rodilla en Waterloo, y la del Partido Nacionalista Vasco (PNV), que si daba la legislatura socialista por sentenciada, ahora matiza su postura, enfriando todavía más el éxito de Feijóo.
El presidente del partido, Aitor Esteban, ha personificado este cambio de postura en los últimos días. Si bien no se había movido del 'no' al PP, el líder jeltzale ha rebajado significativamente su presión sobre Sánchez y su crisis con el PSOE. Casi ha parecido olvidarlo todo, pues este jueves ha mostrado una sintonía total con el líder de los socialistas vascos, Eneko Andueza, al presentarse juntos ante los medios en el Parlamento Vasco.
Esteban rebaja su postura con Sánchez y el PSE
Cuando los socios del Eusko Jaularitza (Gobierno Vasco) aparecen juntos siempre es para presentar algo. En este caso una proposición de ley de impulso a la competitividad en Euskadi. Sonrientes, Esteban y Andueza simbolizaron el fin de la crisis de relaciones entre ambos partidos, pero sobre todo pusieron un clavo más en el ataúd de la moción a nivel nacional.
El PNV ya no se mantiene en el 'no' tácito al PP, y su líder descarta abiertamente la moción instrumental. Esteban criticó las "barbaridades y burradas" de Feijóo, especialmente por su negativa a la cesión de un palacete de París que los jeltzale reclaman haber comprado en el año 1936, pero que el Estado español franquista recibió recibió como regalo de la Alemania nazi. Desde entonces, se usa como sede del Instituto Cervantes, mientras que el PNV reclama su titularidad. El Gobierno de Sánchez metió la cesión del edificio al partido en uno de los decretos sociales que el PP tumbó, escudándose, entre otras, en esta cuestión.
El 'no' a Feijóo ya lo adelantó el lehendakari, Imanol Pradales, en el Cercle d'Economía; pero Esteban ha ido un poco más allá con un gesto muy significativo que, además de alejarse de la derecha, se acerca a los socialistas. El jeltzale no hizo ninguna mención a las elecciones anticipadas, que antes situaba en 2026. "Nuestra postura es la misma", aseguró Esteban.
De esta manera, queda aparcada la tensión entre el PSE-PSOE y el PNV, que tocó su techo con el montaje con inteligencia artificial que los socialistas hicieron del líder jeltzale. Aquello pareció poner en jaque el Gobierno Vasco, pero se enmarcó en la competencia electoral de los nacionalistas con EH Bildu, que amenazan con arrebatarles la delantera. Este es también el motivo por el que Esteban dijo a Sánchez que sería "irresponsable seguir más allá de 2026" el pasado 24 de mayo, cuatro días después de la imputación a Zapatero. El PNV teme que las elecciones generales se junten en 2027 con las municipales, lo que les obligaría a hacer equilibrios para apoyar al PSOE en unas y confrontar con Bildu en otras.
El PP sube el tono
Mientras en Vitoria el PSOE estrechaba la mano del líder que, se suponía, se tenía que acercar al PP, en Madrid nada ha cambiado. En Génova siguen en sus trece, con la vicesecretaria Alma Ezcurra hablando de los socios como colaboradores de una organización criminal. Tras conocerse el sumario del caso Leire, la popular asegura que el PSOE ha cometido "delincuencia de Estado", y pide la dimisión de la directora de la Guardia Civil, Mercedes González y del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska.
Y ante el triple 'no' que recibieron por parte de Junts, los empresarios catalanes y el PNV, reiterado este mismo jueves, Ezcurra soltó el freno y fue con todo a por los socios. Les preguntó si su "línea roja" para dejar de apoyar a Sánchez es la "organización criminal", el cohecho o la prevaricación. "¿Alguien todavía cree que por sostener este Gobierno se va a librar de las garras de la mafia?", se preguntó.
La vicesecretaria se dirigió directamente al PNV: "Van a tener que decidir", les advirtió. Todo esto ocurrió mientras la Unidad Central Operativa (UCO) registraba la sede de Tubos Reunidos en Euskadi, como parte de una pieza secreta del caso Leire que tiene que ver con la SEPI. Ezcurra aseguró que Esteban "va a tener que contarles a todos los vascos que siente, qué opina y qué medidas va a tomar cuando uno de sus buques insignias industriales del País Vasco", refiriéndose a la empresa que fue rescatada por el Gobierno y que ahora está en concurso de acreedores, "se ve manchado por la corrupción del caso Leire y del caso PSOE".
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