Es imposible contener la emoción cuando has marcado el gol que hace a tu selección campeona del mundo. España ya tiene dos héroes nacionales, Andrés Iniesta y, ahora, Ferrán Torres; dos minutos mágicos, el 116 de Johanesburgo y el 106 de Nueva York.

El jugador del F.C. Barcelona estaba siendo uno de los principales focos de las críticas de este mundial en el que la fortuna no había estado de su lado. Cuando no eran los palos, eran el portero del adversario, y si todo parecía salir bien, ahí estaba el VAR.

Pero el destino es caprichoso y parece que tenía reservado una página para él en la historia del balompié. Quedaban 14 minutos para que el campeonato del mundo se decidiera desde el punto de penalti cuando un balón llovido cae en la cabeza de Nico Williams, que la salva casi de milagro.

Y ahí, donde se para el tiempo, donde los corazones parece que se van a salir del pecho, pero paradójicamente a la vez dejan de latir por un instante, aparece el pie del valenciano para endosar una volea que deja, por primera vez en el partido, sin opciones a Emiliano -Dibu- Martínez. El resto, es historia.

El gol más importante de nuestras vidas (junto al de Iniesta)

“No he pensado, he visto venir el balón y creo que me lo merecía”, atiende a decir el futbolista valenciano, con aparente emoción, pero sorpresiva entereza, sin llegar a ser consciente -él mismo así lo define- de lo que acaba de suceder. Seguramente, le cueste unos días para digerirlo. Probablemente, una vida para terminar de hacerse a la idea.

Por lo pronto, “un poco de tiempo”. “Aún no soy consciente de lo que acabamos de hacer”, aseguraba ante los micrófonos con el pitido final, con una única cosa en mente: “coger la copa y estrujarla”.

“Ha sido un gol de 47 millones de españoles”. Es la frase que define a la perfección el sentimiento que supone anotar en un partido de este calibre. El juego más importante en la vida de un jugador de fútbol. El momento más soñado por quienes se entrenan desde pequeñitos en los campos. Y Ferrán, como el resto de la plantilla, ya son ejemplo para todos esos chavales.

“Ha sido una liberación muy grande, porque ha sido un Mundial muy duro a nivel personal”, rememoraba. “Hemos vivido con las críticas (…)”, recordaba. “Soy creyente, lo he dejado todo en manos de Dios y me lo ha dado. Dios le da a quien más se lo merece, aunque este gol es de 47 millones de personas”.

Con la confianza del tanto anotado, el delantero se lanzó a por el segundo gol, y a punto estuvo de conseguir el doblete. El hombro, eso es lo que le separó de batir por segunda vez al portero argentino.

El equipo que neutralizó a la última Argentina de Messi

Luis de la Fuente, cuyo trabajo es de reconocer, acertó con los cambios. Otra vez. Las entradas de Nico, Ferran, Eric García o Mikel Merino, héroe en eliminatorias anteriores, terminaron de desequilibrar a una Argentina que en la noche del pasado domingo no apareció. Apenas dos tiros en los últimos instantes de la prórroga no aptos para cardíacos. Ese es el peligro real que dejó una albiceleste en octavo partido del torneo.

Leo Messi, que independientemente del resultado, se va de los mundiales haciendo historia, no pudo levantar la copa por segunda edición consecutiva. El astro no estuvo en el partido y, esta vez, no pudo obrar el milagro, a pesar de que el conjunto del equipo se encomendara a él en los minutos finales.

El resto del equipo intentó desplegar su fútbol, algo trabado -por ser generoso- ante la superioridad del combinado español, pero fue incapaz. Allí donde había un pase que pudiera resultar fructífero, aparecía un futbolista español; con una delantera que se atrevía todo el rato, una defensa que los atacantes no pudieron superar casi en ningún momento y un Unai Simón pletórico, leyendo cada intención que podía derivar en uno contra uno.

Enzo Ferández terminó expulsado antes de la prórroga y los argentinos perdieron las formas cuando vieron oficialmente que la cuarta estrella se les escapaba en favor de la segunda de ‘La Roja’. España supo también bajarse al barro, pero en una muy justa medida, demostrando que están donde están a base de fútbol y unidad.

Este último valor, el que han inculcado los chicos de De la Fuente en el último mes, es el que durante esta andadura ha impregnado cada casa, cada pueblo y cada plaza de este país. Ojalá nunca se nos olvide, y seamos capaces de aplicarlo más allá de la redonda. Por lo pronto, ¡a seguir celebrando!

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