Han pasado dieciséis años. Casi dos décadas en las que algunos de los que asistieron a la cita del 11 de julio de 2010 en Johannesburgo ya no están; un tiempo, en cambio, que nos ha permitido a otros ser testigo de las dos estrellas; y dieciséis años que, sin embargo, les han regalado a otros entender, por fin, a qué se referían las voces que les repitieron una y otra vez lo que significó aquel gol de Iniesta en el 116 y del que ellos todavía no fueron partícipes por no estar presentes en el mundo.

Dieciséis años en los que el paso del tiempo no ha perdonado a nadie, o a casi nadie. Aquel ‘Iniesta de mi vida’ ha seguido inalterable, un grito que consiguió unir a millones de españoles, un grito al que hemos recurrido cada vez que nos preguntaban por los momentos más felices de nuestras vidas. Un grito, que, pese a permanecer intacto, ahora tiene nuevo compañero: Ferran de mi vida.

Los nombres que aquel julio de 2010 saltaron al campo para dar a España su primera estrella, velaron este domingo desde la grada para que la selección de hoy traiga este lunes a la capital la segunda. Un hito ante el que las calles de Madrid han respondido como sabemos hacerlo cuando se trata de lo nuestro, de nuestro equipo, de nuestra raíz y nuestra tierra, que es la misma para todos: juntos, abrazados, sin importar quién tenga al lado porque todos queremos y hemos conseguido lo mismo.

Tras la parada en el Palacio de la Zarzuela, donde la selección ha saludado a los reyes Felipe VI y Letizia, a la princesa Leonor y a la Infanta Sofía, y con la consiguiente visita a La Moncloa, donde han recibido el aplauso y reconocimiento del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pero también de una parte de aficionados que ha tenido acceso al recinto, los campeones del mundo, los nuestros, se han embarcado en un recorrido que solo ha podido confirmar una cosa: la España de 2010 ha despertado del mejor de sus sueños para celebrarlo.

Desde el inicio del recorrido, una marea roja ha escoltado y venerado al autobús de la selección en un gesto de agradecimiento, una manera particular de dar las gracias por muchas cosas. La primera, por volver a convertirnos en campeones del mundo. La segunda y las demás, por unirnos, por aparcar, al menos durante un rato, el dolor, las penas y la cara más ardua de la vida. Por recordar a quienes gritaron con nosotros la tarde del 11 de julio de 2010 y que este domingo ya no estaban. Por recordarnos lo grande de sentir que somos uno.

Una cita en la que las altas temperaturas también han hecho acto de presencia sin que ello haya supuesto que se quedaran con el protagonismo. La segunda estrella brillaba más y el aguante de quienes a las 16:00 horas ya habían cogido sitio en Cibeles, también. Lugar en el que la música de artistas como Aitana, Viva Suecia o Arde Bogotá ha sido la antesala a la llegada de los campeones al final de la rúa.

Ha sido aquí, en Cibeles, ante la mirada de miles de aficionados, donde los campeones la han alzado al cielo. Una Copa que ya es nuestra para siempre y que en la segunda estrella se borda también el recuerdo del verano en el que la España de 2026 y la de 2010 se encontraron y pellizcaron a un país entero para demostrar que, efectivamente, no estaban soñando. Somos campeones del mundo.

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