Miguel Urbán, fundador de Podemos y líder de los ‘anticapitalistas’, el ala izquierdista del partido que ha conseguido ser pieza fundamental en las federaciones más importantes del partido, analiza en la segunda parte de la entrevista concedida a ELPLURAL.COM el momento político que afronta Podemos, un partido que “ya no es un grupo de amigos” y que dirige un secretario general que “estaría mucho más a gusto con sus programas de televisión, sus libros y dando clases que en el Parlamento”. Sus declaraciones, sinceras y honestas, no tienen desperdicio.

¿Es Podemos un partido populista?

Yo no soy populista y no creo que lo vaya a ser, pero sí entiendo la diferenciación entre campos políticos. Si no lo queremos llamar clase obrera y burguesía porque a lo mejor suena muy anticuado, pues llamémoslo arriba y abajo.

Está claro que no tienen los mismo intereses políticos Amancio Ortega que un trabajador de Amancio Ortega. No tienen las mismas necesidades ni los mismo objetivos. El problemas es que se lleva demasiado tiempo gobernando para que los Amancios Ortegas cada vez sean más ricos a costa de que la mayoría social cada vez sea más pobre y tenga menos derechos. Esto no es un fenómeno español, es un fenómeno internacional. Y estamos viendo que hay fenómenos de rebelión electoral contra esto en prácticamente todo el mundo occidental.

Es un discurso que en cierta medida se parece al de Trump en Estados Unidos o Le Pen en Francia.

Lo que hay es un intento de asimilación Trump-Podemos que es absurdo. De hecho, nosotros somos el único antídoto contra los ‘Trump españoles’. Porque sí que hay Trumps en España, pero están en el Partido Popular.

Hablamos de vallas en México cuando el Partido Popular las ha construido con concertinas en Ceuta y Melilla. Albiol no ha dicho cosas diferentes cuando era alcalde de Badalona que Trump en Estados Unidos. Hernando ha dicho barbaridades como que aquí las victimas del franquismo sólo se han acordado de sus familiares cuando ha habido subvenciones… Eso es Trump. Hernando es Trump. Ambos gobiernan para los mismos intereses.

En España, los que estamos combatiendo a los Trump, a los monstruos, somos Podemos. No hay nada más opuesto a Trump que Podemos.

¿A qué Pablo Iglesias nos tenemos que creer más: al que regala de buen rollo al rey ‘Juego de tronos’ o al que asiste esta semana con rostro serio al discurso del monarca?

Creo que es el mismo Pablo Iglesias. Yo creo que en su día, Pablo le intentó plantear una cosa muy seria al rey: la mejor forma de tener autoridad para el cargo que ostenta es presentarse a unas elecciones. Eso es lo que dijo en su momento y eso es lo que dice ahora. Por otra parte, es muy diferente una visita al Parlamento Europeo que el inicio de legislatura.

¿Le sobra a Podemos marketing y le falta ideología?

Podemos tiene que hacer una labor de cultura política, de debatir y reflexionar más. Pero también es verdad que se nos piden cosas que no se le piden a partidos con más de 100 años de historia…  Pero es importante hacer autocrítica: En Podemos nos hace falta más claridad en las propuestas, más concreción y menos giros. Creo que tenemos que mantener una coherencia programática. Eso es importante.

¿En una escala de 0 (extrema izquierda) a 10 (extrema derecha), dónde cree que debería situarse Podemos?

Eso es lo que hace el CIS. A mi no me importa tanto en qué punto me declaro, sino si mis propuestas políticas van a empoderar a la gente, contribuyendo a que se autoorganicen y no dependan de un Gobierno.  Pero eso no es extrema izquierda. Eso es extrema necesidad.

¿Cuántas veces ha escuchado en los últimos días eso de ‘Pablo puede irse’?

(Risas). ¡No tanto, eh!

¿Pero cree que Pablo Iglesias sí que puede irse?

¡Claro! Como yo. Como todos. Es súper pesado estar aquí. No sabes cuantas veces te lo puedes llegar a pensar. Y creo que mi grado de exposición no es ni parecido al de Pablo. ¡Claro que Pablo puede irse!  Pero creo que Pablo tiene un sentido de la responsabilidad y también que es importante que ahora no se vaya.

No se va a ir, por tanto.

Creo que no se va a ir, pero por responsabilidad, no por gusto. A Pablo le conozco desde hace mucho tiempo. Somos amigos y sé que estaría mucho más a gusto siguiendo con sus programas de televisión, sus libros y dando clases, que en el Parlamento. Lo tengo clarísimo.

¿Qué queda del Podemos que fundó un grupo de amigos en la Universidad?

Mucho y poco. Como no podía ser de otra medida. Quedan muchas cosas que están más visibles y otras más soterradas. Desde luego ya no somos un grupo de amigos, sino una organización a la que han votado más de 5 millones de personas y eso evidentemente te transforma.

Nuestro gran peligro es institucionalizarnos. Convertirnos en un partido político más. Convertirnos en lo que veníamos a combatir. Para no perder esa esencia de ese grupo de amigos que se tira a la piscina y funda Podemos, lo más importante para mi es la calle, las movilizaciones. Seguir apegado a lo que nos vio nacer. No es que Podemos necesite a la calle para hacer oposición. Es que Podemos necesita a los movimientos sociales y a la calle para no dejar de ser Podemos.

¿Esa amistad que ayudó a que surgiera Podemos se ha sustituido por luchas de poder?

Hay diferencias políticas. Pero eso es algo sano y no está mal. Además, también las había antes de que naciera Podemos. A Pablo y a Iñigo les conozco desde hace quince años. He ido con ellos hasta de vacaciones y siempre hemos tenido diferencias políticas.

¿Ya no sois amigos?

Hay un elemento como emocional para la gente como de ‘tienen que ser amigos’. Pero no nos metimos en esto para ser amigos. Y no nos metimos en esto para buscar amigos. De hecho, nos hemos buscado muchos más enemigos que amigos por mover el agua a los que ostentan el poder. Lo que nos une es un proyecto político, y no si seguimos siendo más o menos amigos. Eso no puede ser así.

Tengo una buena relación con ambos y mantengo una amistad con Pablo desde hace tiempo, pese a que con Pablo me he pegado políticamente hasta la saciedad. Casi me he pegado más con Pablo que con Iñigo, dialécticamente digo. Lo importante es que a los tres nos une un proyecto político para transformar un país y que formamos parte de una organización madura que reconoce las diferencias, las debate y las resuelve públicamente. Y no pasa nada.

Es curioso este tema. Dos días después del Comité Federal en el que el PSOE se había descuartizado, me preguntaban en la televisión si era más de puño o de V de victoria. Yo estuve a punto de reírme. Entre Pablo e Iñigo había habido un tuit sobre el saludo… Es como lo de la música. Yo no sabía ni lo que era Coldplay. Luego lo he escuchado y sí, bueno, me ha gustado. Aunque me sigue gustando más Hechos contra el Decoro. ¡Pero eso son tuits! Un debate político, si acaso. Lo otro, lo del PSOE, una pelea política donde se están descuartizando. No comparemos.

Pero si fueron capaces de fundar un partido como Podemos, ¿cómo no lo son ahora para arreglar las diferencias entre ustedes?

“No es un problema de comunicación. Yo hablo cotidianamente con Iñigo o con Pablo. Hay que desligarlo de problemas personales o de comunicación. Te puedes llevar mejor o peor y tener diferencia políticas. No nos tenemos que llevar bien. Lo importante es que tengamos acuerdos políticos y que las diferencias se debatan de una forma razonable y abierta.   

Evidentemente, para mucha gente el relato de ‘siguen siendo amigos’ puede ser emocionalmente muy interesante, pero al final lo importante es que haya acuerdos políticos.

¿Va a haber en Vistalegre una competición entre diferentes listas?

No creo que vaya a haber una única candidatura. Nosotros (los anticapitalistas) todavía no hemos debatido que queremos hacer. Pero no sería ningún drama que presentásemos una lista al Consejo Ciudadano. Eso sí, yo creo que ahora mismo no sería bueno disputarle la secretaría general a Pablo.