Las elecciones autonómicas de Aragón prometían ser el segundo caucus de la derecha en el que el Partido Popular sería capturado por Vox tras Extremadura. Y los augurios se hicieron realidad. El PP de Aragón ganó perdiendo tras un adelanto electoral desacertado y el PSOE ―con escasa alegría― salvó los pocos muebles que quedaban por perder. Vox se convirtió en el rey de la noche y sigue surfeando sobre la ola de zozobra y hastío que inunda España y el mundo. Sin embargo, la primera conclusión que emana los derbis de las derechas es que el maratón electoral diseñado por Génova con la meta en las generales fue un error: el efecto bola de nieve no existe y su muleta política, la ultraderecha, golpea al bipartidismo a partes iguales.

El resultado del 8-F corroboró que Alberto Núñez Feijóo no tiene la capacidad de gobernar en solitario. Ni tan si quiera de definir el vínculo que le une a su único socio. Los populares no capitalizan el descontento social y se desangran por su derecha en favor del radicalismo y el populismo conservador. Los de Abascal avanzan como una promesa autocumplida y disfrutan de su momento más dulce. Además, la inercia ideológica y la coyuntura internacional le benefician. No así en Portugal, por ejemplo, que nos deja una gran lección.

El que fuera director de Gabinete de Presidencia del Gobierno, Iván Redondo, diagnostica el presente de “futuro terror” con una ultraderecha “que cabalga por España ocupando todos los vacíos sin estrategias capaces de venderlo”. El gatillazo del PP, el mínimo del PSOE y la duplicidad de Vox no se deben ni a los candidatos, los partidos ni las gestiones de gobiernos u oposición local. Jorge Azcón asumía el resultado de 2023, pero en ningún caso contaba con bajar dos diputados. Y, a diferencia de Extremadura ―este dato es fundamental para el PP― Azcón no suma más que la izquierda. Necesita el sí de Vox.

El horizonte portugués

Redondo mira hacia las elecciones presidenciales de nuestro país vecino: “homólogos del PP pidiendo el voto para los homólogos del PSOE”. El electorado del PSD portugués “vive en el mismo sinvivir que tras Aragón ya se ha instalado oficialmente en el PP español”. Ventura sabe cómo Vox ayer en Aragón, que estas elecciones las gana, perdiendo", espeta el experto en comunicación.

Las victorias, como las mociones de censura, también pueden triunfar desde la derrota. Todo es cuestión de óptica y estrategia. “Marine Le Pen es una experta en estas lides. Ganar perdiendo o perder ganando. Vox y PP”. Estratégicamente las vence porque se convierte en el gran líder de la derecha que le disputa al PS una elección, aunque pierda. El sorpasso “es táctico” y el reemplazo “es estratégico” en un mundo donde “tanto resuena los disparos del ICE en Minneapolis”.         

La lucha por el reemplazo PP-Vox, justo la misma noche que el PSOE evita el sorpasso de Vox en la provincia de Teruel, no en la ciudad. El resultado tanto de PP como PSOE, siendo malo y peor, se circunscribe a este contexto”, explica Redondo desde su sala de guerra en La Vanguardia. Los estrategas del PP no han logrado que sea lo que fue y los del PSOE no compiten territorialmente ni ganan unas generales desde 2019. A renglón seguido, la división vuelve a castigar a la izquierda estatal: la Chunta Aragonesista creceIU mantiene su escaño y Podemos desaparece en Aragón.

Si vences, no importa el cómo

Tu gente no te va a juzgar por el cómo, sino por si ganaste o perdiste. El cómo se deja para los vencidos”, recuerda Redondo en homenaje al jefe indio Yellowstone. La hiperpolítica reduce el poder transformador de la política y “solo jugamos a las batallas culturales”, matiza el asesor.

Si Sánchez quiere ganar en votos las generales de julio de 2027, “cosa que puede” ―según Redondo―, necesitará un "propósito movilizador” para ese millón largo de votantes de izquierdas que están en la abstención y desactivar la transferencia directa que mantiene hacia Vox y PP. No obstante, en la ofensiva cada vez más desinhibida de Vox contra el PP en el campo derechista, los ultras logran dar otro paso al frente.

La sucursal de Donald Trump en España ya está políticamente en el 20% y ensancha el bloque de la derecha con una base cada vez más amplia. Abascal saborea el carrusel en las urnas que le ha brindado Feijóo y prevé mantenerse fuerte en Castilla y León y Andalucía. Esta última será un punto de inflexión imprescindible para el devenir de la legislatura.

Y, en este escenario, la partida del PP no es subir, es no bajar. Por segunda vez en el ciclo electoral diseñado por el PP, los populares celebran una victoria que no les deja el sabor de boca esperado. Ni radicalizando su discurso en la recta final de la campaña, ni la sobreexposición del candidato popular, ni Vito Quiles, ni Ayuso, ni Cayetana Álvarez de Toledo lo han conseguido. Sin duda, a Guardiola le fue mejor confrontando con los ultras. Con 12.000 votos y dos escaños menos, el resultado ha sido peor en Aragón, porque formar gobierno le va a salir mucho más caro.

La corriente derechista es muy fuerte y, pese a que la marca PSOE aguanta a duras penas, Sánchez sigue determinado a agotar la legislatura. “Pero antes hay que conectar el tablero global con el local”, sentencia Redondo.

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