Decía Theodor Heuss, primer presidente de la República Federal Alemana, que “quien dice siempre la verdad puede permitirse tener mala memoria”. Algo que debería aplicarse Esperanza Aguirre, quien hoy ha quedado en evidencia una vez más. En su afán por atacar al mundo del cine, la lideresa ha criticado hoy en Twitter que la gala de los Goya se usa desde hace años “para criticar al PP” y ha reprochado a los actores que no usen esa “copia de los Óscar” para “criticar a la propia ETA”.

 

Pero resulta que sí hubo una gala de los Goya en la que el principal blanco de las críticas era “la propia ETA”. La de 1998, en la que el entonces presidente de la Academia, José Luis Borau, mostró las famosas manos blancas en señal de rechazo al terrorismo, como le han recordado desde El Diario.es. Y así lo contaba El País hace 16 años.
José Luis Borau eligió ayer el color blanco para pintar sus manos. Fue su gesto de repulsa ante el asesinato del concejal sevillano del PP, Alberto Jiménez Becerril, y su esposa. El presidente de la Academia de Cine cambió las palabras que tenía preparadas y su eterna bonhomía se quebró. "Nadie, nunca, jamás, en ninguna circunstancia, bajo ninguna ideología ni creencia, nadie puede matar a un hombre". El tono fue duro, rabioso e impotente. Borau mostró sus manos pintadas de blanco y los asistentes- le corearon, de pie, con un aplauso emocionado

Aguirre, en los Goya Lo más llamativo es que “la propia” Esperanza Aguirre estuvo en aquella gala, ya que por entonces era ministra de Cultura del Gobierno de José María Aznar. Un ejercicio de desmemoria en toda regla.



Aguirre, por supuesto, no se ha retractado aún, ni siquiera en la propia red social donde ha mentido, y donde las críticas no han tardado en llegar.