Los últimos meses han servido al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para protagonizar una escalada discursiva e incluso de acción en la geopolítica internacional. Palestina, Venezuela y Groenlandia han sido los últimos patios de juegos particulares del dirigente republicano: el primero de ellos, por el constante apoyo de Washington a Israel en el genocidio y por atribuirse el derecho y la capacidad de decidir sobre el futuro de Gaza. El segundo, por la detención de Nicolás Maduro y el cambio en la presidencia, vulnerando el derecho internacional con la operación y enfrentándose a las críticas de buena parte del globo, con el petróleo venezolano en el punto de mira. Y el tercero, por querer anexionarse la isla gélida "por las buenas o por las malas" para salvaguardar los intereses estadounidenses en el Atlántico, a pesar de ser un territorio perteneciente a la soberanía danesa. Frente a esta escalada, la respuesta de la Unión Europea ha sido tardía y escasa, con algunas excepciones que han plantado algo más de cara al dirigente estadounidense. Pedro Sánchez, sin ser tampoco el protagonista de un discurso radical ni especialmente incisivo, ha sido uno de los políticos que más se ha rasgado las vestiduras con las críticas a su homólogo norteamericano. Cuando la complacencia y el silencio son la norma, hasta los conatos más leves de oposición se hacen notar.
La senda de poder se abrió con Gaza hace ya más de dos años. 70.000 muertos y un genocidio por parte de Israel después, las pulsiones imperialistas de Estados Unidos han continuado y, de hecho, Washington ha intentado atribuirse la capacidad de decidir el futuro de la soberanía palestina con una llamada "Junta de Paz" en la que España se ha negado a participar pese a ser invitada. El inquilino de la casa blanca se ha inventado un organismo internacional liderado por su persona y con invitaciones al gusto, desafiando nuevamente el orden internacional y la autoridad de las Naciones Unidas. Todos los países dirigidos por presidentes conservadores han sido también invitados, suerte que no ha tenido figura palestina alguna. La ausencia de representantes palestinos en esta inventada cumbre ha sido la razón principal de Pedro Sánchez para denegar su asistencia.
"El futuro en su conjunto de Palestina deben dirimirlo los palestinos. Y también el futuro de su coexistencia pacífica y segura con Israel deben dirimirlo fundamentalmente Israel y Palestina en un proceso dialogado que implemente la solución de los dos Estados, que permita la entrada de la ayuda humanitaria y que garantice la paz entre ambos países", argumentaba el dirigente socialista desde Bruselas, donde se celebraba el Consejo Europeo Extraordinario para analizar y preparar una respuesta conjunta a los últimos ataques del republicano.
Sánchez considera que España, por "coherencia", no puede sentarse en una mesa liderada por Trump y todo su equipo, destacándose el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio; el enviado especial de Estados Unidos a Oriente Medio, Steve Witkoff; Jared Kushner, yerno del presidente, o Robert Gabriel, asesor adjunto de Seguridad Nacional; y varios empresarios. "Agradecemos la invitación, pero declinamos", ha pronunciado Sánchez, siguiendo los pasos del presidente francés, Emmanuel Macron. Asimismo, ha pedido a Trump que respete "el orden multilateral y las normas de la ONU", planteamientos ya incumplidos al no haber incluido a la Autoridad Palestina en la cumbre.
Venezuela y el derecho internacional
En cuanto a lo ocurrido en Caracas, donde las fuerzas militares estadounidenses sacaron por la fuerza del poder a Nicolás Maduro, Sánchez hizo las veces de avanzadilla discursiva para dar una perspectiva a la que más tarde se adherieron otros países: el Gobierno de España no iba a reconocer la victoria electoral del socialista venezolano, pero tampoco iba a aprobar su captura por suponer una violación del derecho internacional.
"España no reconoció al régimen de Maduro, pero tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo. Pedimos a todos los actores que piensen en la población civil, que respeten la Carta de Naciones Unidas y que articulen una transición justa y dialogada", escribió Sánchez el 3 de enero. Una postura que fue más tarde imitada por otros actores internacionales.
España no reconoció al régimen de Maduro. Pero tampoco reconocerá una intervención que viola el derecho internacional y empuja a la región a un horizonte de incertidumbre y belicismo.
— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) January 3, 2026
Pedimos a todos los actores que piensen en la población civil, que respeten la Carta de…
En la misma línea, ese mismo día pero por la mañana, Sánchez hizo también un llamamiento a la "desescalada" y "responsabilidad" ante los ataques de Estados Unidos en territorio venezolano, además de asegurar que el Ejecutivo español realizaba un seguimiento exhaustivo de la situación en el país. "El Gobierno de España está haciendo un seguimiento exhaustivo de los acontecimientos en Venezuela. Nuestra Embajada y consulados están operativos", aseguraba Sánchez, incidiendo en que "hay que respetar el Derecho internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas".
Groenlandia y las amenazas de Trump
El de Groenlandia ha sido el último episodio de las ambiciones imperialistas de Washington. Donald Trump ha vuelto a poner en el foco a la isla helada tras hacerlo por primera vez en 2018 y casi ochenta años después de que Estados Unidos se interesara por el territorio por primera vez, tras la Segunda Guerra Mundial. En este caso, la respuesta europea ha sido más coordinada y directa contra el mandatario norteamericano. La isla atlántica es un territorio independiente de soberanía danesa, es decir, miembro de la Unión Europea y miembro fundador de la OTAN. Siete países, entre ellos España, se coordinaron para lanzar un mensaje al republicano.
"Groenlandia pertenece a su pueblo" fue el eslogan de cabecera de los jefes de Estado o de Gobierno de España, Francia, Alemania, Italia, Polonia, Reino Unido y Dinamarca tras las amenazas imperialistas de la Casa Blanca. Así se pronunciaron a través de una declaración conjunta en la que subrayaban que para la Alianza Atlántica la región ártica es una "prioridad clave", además de precisar que los aliados europeos están intensificando sus esfuerzos para mantener la región "segura" y poder "disuadir a los adversarios". Trump ha insistido en la importancia de controlar el territorio helado ante las posibles amenazas de Rusia y China y por el tránsito de barcos de estos dos países por sus costas, aunque ni Vladimir Putin ni Xi Jinping han hecho aseveraciones sobre su interés en controlar el territorio danés.
Los dirigentes europeos reivindicaron en tromba la soberanía popular tanto de Groenlandia como de Dinamarca, asegurando que tan sólo sus ciudadanos tienen la potestad para "decidir sobre las cuestiones" que competen a ambos territorios. "Estos son principios universales y no dejaremos de defenderlos", proseguían los líderes comunitarios en el texto, donde también añadían que para ese empeño "Estados Unidos es un socio esencial" como aliado, mencionando expresamente el acuerdo de defensa firmado entre el Reino de Dinamarca y el país norteamericano en 1951. La primera ministra danesa, tras las amenazas del estadounidense, llegó a aseverar que si ataca Groenlandia, "todo se acabará" y la OTAN se emprenderá en un rumbo desconocido hasta la fecha.