España ha decidido que no participará del teatrillo montado por el presidente de los Estados Unidos, Dondald Trump, para arrogarse la soberanía de Palestina. El inquilino de la casa blanca se ha inventado un organismo internacional liderado por su persona y al que ha invitado a quien le ha dado la gana, en un desafío más al orden internacional y las Naciones Unidas (ONU). Todos los ultras han recibido invitación, pero ninguna figura palestina ha sido convidada a la “Junta de Paz”, aspecto que ha determinado la negativa del jefe del Ejecutivo español, Pedro Sánchez, a asistir.

"El futuro en su conjunto de Palestina deben dirimirlo los palestinos. Y también el futuro de su coexistencia pacífica y segura con Israel deben dirimirlo fundamentalmente Israel y Palestina en un proceso dialogado que implemente la solución de los dos Estados, que permita la entrada de la ayuda humanitaria y que garantice la paz entre ambos países", ha pronunciado el mandatario socialista desde Bruselas, donde se celebraba el Consejo Europeo Extraordinario para analizar y preparar una respuesta conjunta a los últimos ataques de Trump contra la Unión Europea (UE), también invitada a la mal llamada Junta de Paz.

Sánchez considera que España, por “coherencia” no puede sentarse en una mesa liderada por Trump y todo su equipo, destacándose el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio; el enviado especial de Estados Unidos a Oriente Medio, Steve Witkoff; Jared Kushner, yerno del presidente, o Robert Gabriel, asesor adjunto de Seguridad Nacional; y varios empresarios. “Agradecemos la invitación, pero declinamos”, ha pronunciado Sánchez, siguiendo los pasos del presidente francés, Emmanuel Macron. Asimismo, ha pedido a Trump que respete “el orden multilateral y las normas de la ONU”, planteamientos ya incumplidos al no haber incluido a la Autoridad Palestina.

Un órgano plagado de ultras

Quienes sí han sido invitados son una larga lista de ultraderechistas y tiranos, empezando por el primer ministro genocida de Israel, Benjamín Netanyahu, que se sentará en una mesa para la supuesta paz mientras pesa una orden internacional de busca y captura contra él. El presidente de Rusia, Vladimir Putin; el presidente de Argentina, Javier Milei; la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni; el presidente de Hungría, Viktor Orbán; o el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, son algunos otras personalidades tan reconocibles como cuestionables por su actuaciones y posicionamientos respecto al conflicto.

Países como Noruega o Suecia, posicionados con la población palestina y contra el genocidio israelí, han rechazo la invitación. La Unión Europea (UE) también ha sido invitada como bloque, pero por el momento no se ha pronunciado. En el seno comunitario, muchos países son contrarios a bailarle el agua al mandatario que, a parte de haber reconocido que lo que pretende en palestina es montar un resort vacacional y expandir su control de Oriente Próximo, está agrediendo la soberanía de Groenlandia y amenazando con aranceles a los países que rehúsan de transigir con su imperialismo.

El futuro de la Junta de Paz todavía está en el aire, pero todo aquel que quiera unirse ya es consciente de que deberá aportar una contribución económica obligatoria y muy elevada. Concretamente, los países que quieran ser integrantes “permanentes” tendrán que aportar una cuota de mil millones de dólares, que al cambio serían en torno a 860 millones de euros. "Simplemente dice que, si se contribuye con mil millones de dólares, se es miembro permanente, en lugar de miembro durante tres años", explican desde la administración Trump. 

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