[[{"type":"media","view_mode":"media_large","fid":"37975","attributes":{"class":"media-image alignleft size-full wp-image-160107","typeof":"foaf:Image","style":"","width":"138","height":"170","alt":"Beatriz Taleg\u00f3n"}}]]El pasado fin de semana ha estado marcado por la candidatura de Madrid para albergar los Juegos Olímpicos en 2020. Sobre todo ha sido comentado por la presentación de Ana Botella, alcaldesa de Madrid. Nadie se ha mostrado indiferente ante sus palabras en Argentina: un discurso en inglés que ha arrancado risas a más de uno y en general, ha producido asombro y perplejidad.

A nadie se le escapa el esfuerzo realizado por la Sra. Botella para hacer una intervención sobreactuada y en un idioma nada familiar para ella. Vaya por delante el reconocimiento al mérito que tiene meterse en semejante jardín, y sobre todo, sin ser necesario. ¿Por qué no se limitó a hacer un discurso en español –que para eso tenían servicios de traducción- en el que dijera cosas con más enjundia, que defendieran de verdad lo que ella pretendía defender? Porque, aparte de sus dotes para hablar inglés, lo importante era el contenido de lo que dijo: tratar de defender la candidatura de Madrid para unos juegos olímpicos sin hacer referencia al deporte, hablando de lo divertido que es Madrid y lo bien que nos tomamos los cafés con leche y las cenas románticas en el Madrid de los Austrias parece poco acertado.

Sin embargo lo más comentado ha sido el nivel de inglés de nuestros dirigentes políticos (sin olvidar, sea dicho también aquella presentación de un conocido banquero). Sobre todo ahora que se exige dominar este idioma (y demostrarlo) hasta para repartir folletos de publicidad en la calle por unos trescientos euros al mes.

De los estudios realizados dentro de la Unión Europea, España se sitúa entre los últimos puestos en lo que al dominio del inglés se refiere. Concretamente, según la segunda edición del Índice “English Proficiency” los jóvenes españoles entre 18 y 19 años –recién terminado el bachillerato- están entre los peores (dentro de la UE) respecto a su nivel de inglés. El 82% de los jóvenes suecos se defiende con soltura en inglés mientras que en España el porcentaje ronda el 24-27% -dependiendo de si hacemos referencia a la comprensión lectora o incluimos la oral-.

Si nuestros jóvenes de 14 años tratan de entenderse en inglés manteniendo una conversación (comprensión oral) solamente los franceses parecen enterarse peor. Vamos mejorando cuando tenemos que leer o escribir (comprensión lectora y escritura). Pero aún así dejamos mucho que desear.

Los estudios dicen que en gran parte esto se debe a que el español sea una de las lenguas más habladas en el mundo, lo que hace que no sintamos –aparentemente- la necesidad de aprender otro idioma para comunicarnos. Reminiscencia de nuestros genes colonialistas, quizás.

Además, el hecho de que nuestros padres y madres no controlen una segunda lengua hace más difícil que en casa se inculque y promueva el conocimiento de lenguas extranjeras. No hay más que ver el concepto que se tiene todavía hoy de las lenguas oficiales de España, cuando lejos de ser un orgullo para los españoles, suponen una causa de conflicto en muchos casos. ¡Qué bien nos vendría tener unas nociones básicas de euskera, catalán y gallego! Pero ni teniéndolo cerca, en nuestra propia Constitución, nos preocupamos por ello.

En el colegio se enseña inglés, sí. Pero la diferencia es evidente cuando los alumnos tienen la posibilidad de acudir a clases extraescolares en la materia. Eso muestra claramente que algo falla en las aulas de los colegios. Una vez más, quien tenga dinero para pagarse las clases, podrá tener mejores resultados. Además, los estudios realizados analizan el perfil de los profesores y de los recursos con los que cuentan –otro punto a mejorar-.

Sea como fuere, en España es difícil ver películas y programas en versión original. Contamos con profesionales internacionalmente reconocidos en el ámbito del doblaje, pero esto, lejos de suponer un beneficio nos ha acomodado a la hora de no estar familiarizados con otros idiomas. Esto no sucede por ejemplo en Portugal, donde la mayoría domina con soltura el inglés precisamente porque tanto en el cine como en la televisión lo que consumen siempre es en versión original, desde que son pequeños.

El dominio de una lengua extranjera sirve para abrirse al mundo, para poder interactuar con personas de diferentes culturas, con distintos puntos de vista que trascienden lo que para un país suele ser lo tradicional. Además forja el perfil de quienes tienen que salir a buscar sus oportunidades –tan común en nuestros días-.

Y en política, por supuesto, sirve para estrechar lazos, participar en conversaciones, reuniones y negociaciones que en muchos casos tienen lugar en los pasillos, en las antesalas de los lugares de decisión oficiales. Y sobre todo sirve para ahuyentar fantasmas “conspiranoicos”, porque cuando se entiende lo que se está comentando, uno no imagina, sino que tiene la posibilidad de aportar su punto de vista y hasta incluso, rebatir con firmes argumentos.

El discurso de Ana Botella es mucho más alarmante cuando se entiende lo que dice. Quizás se aproveche de saber el nivel medio de comprensión oral de los españoles, porque seguro que en nuestro idioma no se habría atrevido a decir lo mismo. Teniendo en cuenta que hemos perdido –una vez más- como candidatos a hospedar los Juegos Olímpicos, ¿qué se hará con el dinero que se pretendía invertir en tal celebración? No estaría mal invertirlo en una educación pública para que todos mejoremos nuestras competencias lingüísticas y nuestra capacidad crítica y podamos tener una mejor generación de políticos que dominen, entre otras cuestiones, idiomas.

Beatriz Talegón es secretaria general de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas
@BeatrizTalegon