Antes de True Detective y de la novela Gavelston, Nic Pizzolatto publicó esta colección de relatos, algunos de ellos aparecieron previamente en algunas revistas de literatura, con la que consiguió darse a conocer. La profundidad del mar amarillo, como la novela, también publicada por Salamandra Black, servirá a muchos para encontrar conexiones con la serie, en ambas temporadas, algo que quizá conlleve cierta decepción.


Porque los once relatos que componen este libro no pertenecen, o no al menos todos ellos, al género negro; ni incluso de manera específica al policiaco. Y sin embargo, hay mucho en todos ellos que sí recuerdan a sus guiones televisivos y a su incursión en la novela en cuanto a la clase de personajes que Pizzolatto suele crear, también a su atención al paisaje, tanto en su construcción descriptiva como en su presencia en el relato; o de la mirada que Pizzolatto imprime al mundo para construir sus ficciones. Pero en realidad, estos relatos, irregulares en su conjunto, lo que más pueden evidenciar son las influencias de Pizzolatto, con James Lee Burke, Joe R. Lansdale o James Sallis, entre otros, colándose entre las páginas.


A lo largo de los once relatos, con variaciones, asistimos a historias, en el medio oeste o en el sur de Estados Unidos que nos resultan ya familiares –por medio de la ficción- y que entroncan con una tradición literaria en la que Pizzolatto se mueve a la perfección a la hora de ir desarrollando personajes en el límite, en soledad, en perpetua búsqueda o simplemente perdidos. Sin ápice alguno de épica, pero tampoco de tragedia, el escritor relata con sobriedad y una idea del realismo muy seco, descriptivo tanto emocional como físicamente, atento a los paisajes y a los detalles, también a las emociones.


Hay relatos magníficos, como Pájaro fantasma, que abre la colección poniendo el listón muy alto, con una historia sobre el control y el deseo, dos temas recurrentes en la obra de Pizzolatto desde diferentes perspectiva. Pero esa buena sensación inicial desaparece con el siguiente texto, La vigilia de Amy, correcto, demasiado correcto, relato que se lee sin apenas turbación, se entra tan bien en él como se sale a su final, sin huella. Algo que no sucede con el siguiente, 1987, en las cerreras, relato en apariencia sencillo, tanto en narración como en construcción, que en apenas un destello nos presenta a un hombre divorciado, sin nada, perdedor nato, que tiene que lidiar con el pasado y con el presente, éste en forma de su hijo y de su amante. Un relato seco, desconcertante por su complejidad resultado de su sencillez. Dos orillas resulta interesante, aunque irregular, pero aparece un Pizzolato muy reconocible para quien haya llegado a estos relatos tras conocer su obra posterior.


La profundidad del mar amarillo, relato que da título a la colección, es uno de los mejores. Una historia de dos hombres tan patéticos como emotivos en una historia triste, desoladora, que se siente muy cercana gracias a la construcción de los personajes, a la narración de un viaje cuyo final aguarda sorpresas para los protagonistas. Una historia desoladora pero, una vez más, exenta tanto de épica como de tragedia, todo bien calibrado, contenido, y a su vez, emocionante.


La plantilla, Tierra acosada y, sobre todo, Nepal, el peor de todos los relatos, además innecesariamente largo, no están a la altura del resto, en muchos casos casi esbozos, apuntes. El gremio de ladrones, mujeres extraviadas y Sunrise Palms enfrenta a dos personajes magníficamente construidos que tan sólo encuentran en el acto de robar la manera de sobrevivir, tanto de forma material como en el terreno afectivo, casi vital. Un relato de aliento pulp, de personajes con pasados y presentes turbios en un contexto social igual de lúgubre.


En busca y captura y Tumbas de luz, cierran la colección de manera magistral. El primero con una historia en campos amplios, refinerías en decadencia y familias disfuncionales. Incomunicación, violencia contenida, la sensación de un final trágico… Un relato que avanza por meandros oscuros, que muestran la mejor faceta de Pizzolatto para relacionar a los personajes con su entorno. En el segundo, una mujer desaparece y hunde la vida de un hombre con ello. Algo horrible debe haber sucedido, pero eso no importa. Lo relevante es la capacidad del escritor para transmitir la soledad de la ausencia, el vacío, la nada.


Estos dos excelentes relatos cierran una colección que, a pesar de su irregularidad, e independientemente de que hayan sido escritos por el creador de True Detective, merecen la pena ser leídos a pesar de que, en su conjunto, lanzan una mirada muy triste y desoladora.