En Arquitecturas de la ficción, David Felipe Arranz recopila treinta y tres artículos sobre literatura publicados previamente pero que en su conjunto poseen una coherencia interna casi narrativa.


Con Arquitecturas de la ficción el autor no pretende establecer un canon ni hablar de la literatura incontestable, sino más bien perfilar un recorrido muy personal y subjetivo así como polifacético, abarcando diferentes épocas, lugares y autores de distinto corte. A través de sus páginas nos encontramos un tan apasionado como documentado y elaborado trayecto, un recorrido que recoge el trabajo de Arranz durante años.


La relevancia de este tipo de recopilaciones suele encontrarse en la capacidad del autor para rescatar su trabajo previo y dotarle en su unión de un hilo que hilvane todos los textos sin necesidad de demasiados retoques más allá del simple capricho autoral. Arranz logra que Arquitecturas de la ficción posea una lógica interna que además, y aquí se encuentra una de las facetas más interesantes de la publicación, surge en sus páginas un desarrollo personal de Arranz como autor sustentado en su visión de la vida y la literatura, así como de la cultura y el arte en general, que hacen de este libro una suerte de catálogo de sus gustos y sus fobias, también de sus obsesiones (que las tiene, como todos); es decir, un libro que, al final, acaba hablando de Arranz tanto o más que sobre los autores que presiden sus páginas.


Porque resulta evidente que Arranz, a lo largo de los años, ha encontrado en la literatura un lugar, él lo llama hogar, en el que refugiarse, en el que disfrutar, en el que aprender. Y a partir de su experiencia personal busca transmitir al lector esa pasión, hacer ver, en una postura totalmente combativa, la posibilidad de que la literatura no pierda ese lugar que, durante largo tiempo, ocupó. Un espacio que Arranz considera, porque lo es, importante de restituir lo antes posible. Para ello, nos ofrece un conjunto de textos en los que encontramos, entre tantos otros, a autores como Denis Diderot, Dostoievski, Mark Twain, Thomas Mann, H. G. Wells, Susan Sontag, Jovellanos, Larra, Onetti, Bioy Casares, Unamuno, Neville, Delibes…


Pero Arranz no se detiene en la literatura como arte estanco, sino que en sus textos introduce otras disciplinas como cine y música, creando un diálogo cultural más amplio en ese estilo multidisciplinar que el autor viene cultivando desde hace tiempo. Incluso, introduce dos textos en los que habla de política en su relación con la literatura.


En definitiva, Arquitecturas de la ficción es un libro que (re)descubre autores y obras en busca de incitar a la lectura, a que cada uno busque (y encuentre) su lugar entre los libros, considerados estos no solo objetos de uso y disfrute individual, sino también como puertas hacia el exterior, hacia otros mundos y personas. Una posición eminentemente humanista que, sin embargo, no esconde también un cierto sentido del juego de Arranz, en ocasiones hasta perverso, alentado por el deseo de transmitir su pasión por la literatura a los demás.