La 68ª edición de los Grammy dejó una foto bastante clara de lo que la industria quiere premiar y, sobre todo, de lo que necesita celebrar para seguir siendo relevante: canciones con narrativa, álbumes con identidad estética y una cadena creativa (producción y composición) que vuelve a ponerse en primer plano. Es una idea de “gran música” que ya no gira únicamente alrededor del hit inmediato, sino alrededor del mundo que ese hit construye.

En ese mapa, la noche de ayer coronó a Kendrick Lamar y SZA en Grabación del Año por Luther, convirtió a Bad Bunny en protagonista absoluto con Álbum del Año por Debí tirar más fotos, y elevó Wildflower de Billie Eilish a Canción del Año. Tres premios mayores que, en conjunto, dicen mucho: el pop global ya no es una etiqueta sonora, sino una disputa de relatos.

Grabación del Año: Luther, una balada con pasado y arquitectura de clásico

Luther ganó Grabación del Año como una obra que funciona en dos niveles: el de la química inmediata entre Kendrick y SZA ,un dúo con historial de colaboraciones, y el de la construcción cultural. No es casual que el tema se titule así: está nombrado en homenaje a Luther Vandross y se apoya en un sample de su versión (junto a Cheryl Lynn) de If This World Were Mine, vinculada a la tradición soul de Marvin Gaye y Tammi Terrell.

Luther se comporta como una conversación entre generaciones: una producción que mezcla R&B e hip hop con guiños ochenteros y un pulso emocional que se toma su tiempo. Kendrick logra repetir victoria consecutiva en la categoría, algo reservado a un club muy reducido.

Álbum del Año: Bad Bunny y el álbum en español que obliga a reescribir el canon

Con Debí tirar más fotos, Bad Bunny no solo gana Álbum del Año: entra en la sala principal de los Grammy con un gesto que cambia la conversación. El triunfo es histórico: es la primera vez que un álbum en español se lleva el gran premio.

¿Y por qué este disco y no otro? Porque el álbum se plantea como una cápsula de memoria: el propio título (DtMF) opera como un remordimiento íntimo -“debí” como arrepentimiento- y como una declaración política, vinculada a lo que se queda fuera de foco cuando el éxito te arrastra lejos. El disco se abre a sonidos y escenas que remiten a Puerto Rico desde un lugar menos turístico y más vivido (de la salsa y el bolero al reggaeton como lengua cotidiana).

La victoria también dice algo sobre el presente: la Academia parece premiar aquí no solo al artista, sino a la idea de álbum como relato coherente en una era dominada por playlists. El mensaje que queda es contundente: el español ya no aparece como “categoría aparte”, sino como centro de la conversación cuando el proyecto tiene ambición estética y narrativa.

Canción del Año: Wildflower y la vulnerabilidad convertida en escritura pop

Si Grabación del Año suele reconocer el acabado sonoro, Canción del Año pone el foco en la composición. Y ahí Wildflower se impuso como un ejemplo de cómo Billie Eilish y Finneas O'Connell -coautores y socios creativos- siguen refinando un sello: intimidad, precisión emocional y un dramatismo que no necesita gritar.

La canción nació dentro de Hit Me Hard and Soft (2024) y fue relanzada después como single para entrar en ventana de elegibilidad. Wildflower juega a lo contrario del exceso: deja aire, respira, se apoya en una producción cercana y sostiene su peso en lo que cuenta. Por eso encaja tan bien en Canción del Año: es un tema que vive en la letra y en la manera de decirla.

Mejor artista revelación: Olivia Dean y el soul-pop que entra por la puerta grande

El premio a Mejor Artista Revelación para Olivia Dean confirma que la categoría vuelve a funcionar como termómetro de carrera. 

En tiempos de lanzamientos acelerados, el caso Dean tiene otra lectura: la paciencia también construye mainstream. Canciones como Man I Need funcionan como pop clásico con producción moderna: melodía frontal y voz al centro.

Pop y baile: de Messy a Abracadabra

En pop solista, Messy de Lola Young se llevó el premio tras un año marcado por su viralidad y por el relato personal alrededor de la canción: una pieza de autoexamen, asociada a experiencias de salud mental y a la idea de vivir “fuera de la norma” emocional.

En dúo/grupo pop, Defying Gravity -interpretada por Cynthia Erivo y Ariana Grande- ganó con una lectura vinculada a Wicked, demostrando que el musical vuelve a colarse en las categorías pop cuando la interpretación es acontecimiento

Y en el bloque de pop vocal y pop-dance, el nombre que vertebra la noche es Lady Gaga. Mayhem ganó Mejor Álbum de Pop Vocal, mientras Abracadabra se llevó Mejor Grabación Pop Dance. La lectura aquí es clara: Gaga ha vuelto a un pop físico, de pulsación industrial y teatralidad, reforzado por su equipo de estudio (Andrew Watt, Gesaffelstein, Cirkut) tal como han señalado análisis y coberturas especializadas.

Más premiados: el mapa completo de los Grammy

  • Mejor Álbum Pop Latino: Natalia Lafourcade Cancionera
  • Mejor Álbum de Música Urbana: Bad BunnyDebí Tirar Más Fotos 
  • Mejor Álbum Rock/Alternativo Latino: Ca7riel & Paco Amoroso Papota
  • Mejor Álbum de Dance o Electrónica: FKA TwigsEusexua 
  • Mejor Interpretación de Dance o Electrónica: Tame Impala - End of Summer
  • Mejor Álbum Rock: TurnstileNever Enough
  • Mejor Interpretación Rock: Yungblud, Nuno Bettencourt & Frank Bello Featuring Adam Wakeman & II - Changes
  • Mejor Canción Rock: Nine Inch Nails - As Alive as You Need Me to Be
  • Mejor Intepretación de Música Alternativa: The Cure - Alone
  • Mejor Canción R&B: KehlaniFolded
  • Mejor Álbum R&B: Leon ThomasMutt
  • Mejor Interpretación Rap: Clipse, Kendrick Lamar, Pusha T & MaliceChains & Whips 
  • Mejor Canción Rap: Kendrick Lamar Featuring Lefty Gunplay - TV Off 
  • Mejor Álbum Rap: Kendick LamarGNX
  • Mejor Videoclip: Doechii - Anxiety

Súmate a El Plural

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio