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Trucos y remedios

Cómo preparar la chimenea antes de que llegue el frío: tres tareas que no deberías pasar por alto

Un mantenimiento adecuado ayuda a mejorar el rendimiento y reducir el riesgo de incendios en casa

Foto de archivo de una chimenea. Pixabay

Foto de archivo de una chimenea. Pixabay

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Con la llegada del otoño y el descenso de las temperaturas, las chimeneas vuelven a utilizarse en muchos hogares. Sin embargo, después de varios meses apagadas, no basta con encenderlas y esperar a que empiecen a calentar. Antes de recuperar su uso habitual, conviene comprobar que la instalación está en condiciones y que no existen elementos que puedan comprometer su funcionamiento.

La prevención es especialmente importante si se tiene en cuenta que España registró más de 19.000 incendios en viviendas durante 2024, según datos de la Asociación de Técnicos Profesionales de Bomberos y Fundación Mapfre. Por eso, revisar la chimenea antes de utilizarla puede ayudar a evitar problemas durante los meses de invierno. ¿Pero cuáles son tres aspectos fundamentales? 

1. Limpiar el conducto para evitar obstrucciones

Una de las primeras tareas que conviene realizar es el deshollinado de la chimenea. Lo recomendable es llevarlo a cabo varias semanas antes de encenderla por primera vez, especialmente después de haber permanecido todo el verano sin utilizarse.

Durante los meses de calor, es posible que algunas aves hayan construido sus nidos en el interior del conducto. A esto se suma la acumulación de hollín y otros restos procedentes de combustiones anteriores, que pueden dificultar la evacuación del humo.

Estas obstrucciones no solo afectan al funcionamiento de la chimenea, sino que también pueden incrementar el riesgo de incendio. Por este motivo, limpiar el conducto antes de recuperar su uso permite retirar los residuos acumulados y comprobar que los gases de la combustión pueden salir correctamente al exterior.

2. Elegir leña seca para conseguir más calor y menos residuos

El tipo de combustible utilizado también influye en el rendimiento de la chimenea. Para aprovechar mejor el calor, es importante utilizar madera que haya perdido buena parte de su humedad durante el proceso de secado.

Cuando la leña contiene demasiada agua, una parte de la energía generada durante la combustión se emplea en evaporarla. Esto significa que se produce menos calor y que pueden acumularse más residuos en la instalación. Además, el cristal de la chimenea tiende a ensuciarse con mayor facilidad.

El tiempo necesario para secar la madera depende de su variedad y de las condiciones en las que se almacene. Como referencia, el proceso puede prolongarse entre 12 y 24 meses mediante secado natural.

Antes de utilizarla, conviene comprobar su nivel de humedad. La recomendación es que se encuentre por debajo del 20 %, un porcentaje que puede verificarse mediante un medidor específico.

3. Revisar los componentes antes del primer encendido

La tercera comprobación consiste en examinar el estado general de la instalación. Después de varios meses sin actividad, algunos componentes pueden presentar deterioros que conviene detectar antes de volver a utilizar la chimenea.

En concreto, es importante prestar atención a las juntas, el cristal, la puerta, las entradas de aire y el sistema de tiro. Revisar estos elementos permite identificar posibles desperfectos y comprobar que todas las partes funcionan correctamente.

Roger Bosch, director general de Bosch Marín, una empresa especializada en chimeneas, recuerda, además, que esta puesta a punto debe formar parte de los preparativos para el invierno. "Preparar la chimenea antes de volver a utilizarla es una tarea que requiere tiempo, pero que resulta fundamental para garantizar la seguridad en el hogar. Un mantenimiento adecuado y el uso de leña seca permiten reducir riesgos, mejorar el rendimiento de la instalación y disfrutar del calor durante los meses más fríos con total tranquilidad", explica.

El mantenimiento, una parte importante del uso de la chimenea

Preparar la chimenea antes de que bajen las temperaturas permite anticiparse a posibles incidencias y comprobar que la instalación está lista para funcionar. La limpieza del conducto, el uso de combustible con un nivel de humedad adecuado y la revisión de sus componentes son tres cuestiones que conviene incluir en esta puesta a punto.

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