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Opinión

Pablo y el lobo

El líder del PP desempolva su discurso de estadista, pero cuesta verle como rompeolas del fascismo cuando ha sido su telonero durante un año

Marcos Paradinas
Casado da la enhorabuena a Mañueco por su victoria en las elecciones.

Casado da la enhorabuena a Mañueco por su victoria en las elecciones.

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Tras una campaña electoral luciendo los disfraces del catálogo de oficios de Playmobil, en la que le hemos visto de ganadero, enólogo, técnico automovilístico y cultivador de remolachas palentino-abulense, Pablo Casado ha quitado la pelusa a su traje de líder de la oposición y candidato a presidente del Gobierno. El líder del PP nos regaló este martes un buen discurso, uno como pocos. Tan pocos que sólo se le recuerda otro igual: el que dio contra Santiago Abascal en aquella moción de censura que llevaba el nombre de Pedro Sánchez, pero cuya diana era Casado.

Como el reloj que incluso estropeado da la hora dos veces bien al día, Casado ha acertado en dos ocasiones con sendos discursos a la altura de la derecha moderna que España siempre se mereció, pero nunca tuvo. El problema es que el día político tiene otras 22 horas en las que hemos visto otros tantos casados como anzuelos le ha puesto Vox. Y en todos ha picado.

Pablo vuelve a avisarnos de que viene el lobo a devorar al “centro reformista español” e incluso admite que lo dijo “hace poco más de un año”. Pero los parroquianos de la derecha ya no compran el cuento, como muestran su mudanza continua hacia VOX y las encuestas que ya pintan un posible sorpasso, con un Abascal a un diputado de decirle a Casado eso de que se le está poniendo “cara de vicepresidente”.

Es poco creíble presentarse ahora como rompeolas del fascismo, cuando lleva más de un año ejerciendo de telonero. ¿Cuál es el Pablo Casado real? ¿El que lamenta la “lluvia ácida de fake news” o el que se empapa en el bulo de las macrogranjas y la carne que nadie llamó “tóxica”? ¿El que desprecia la “xenofobia” o el que bendice pactos con quienes enfrentan a menas y abuelas jubiladas? ¿El que se burla de “la internacional de lo excéntrico” o el que se desmarca del civilizado PP europeo para posicionarse a favor de Polonia y Hungría, votando con Vox, la Lega y el Frente Nacional?

Casado, en su buen discurso ante el Comité Ejecutivo Nacional, rechaza a quienes dividen a las personas por su color de piel, pero hace unos días sorprendía con un bulo sobre el “turismo de otras razas” que promociona el Gobierno. Se vende como un adalid de la igualdad entre hombres y mujeres, pero hace una semana despreciaba las “soflamas feministas” de una candidata a Eurovisión. Dice que el PP “fundó la Unión Europea”, pero pone en duda los controles sobre los fondos que nos concede Bruselas. O que es “el pionero en la sostenibilidad de Kyoto y París”, pero defiende las macrogranjas contaminantes y confunde el metano de las vacas con el CO2 que capturan las plantas.

El líder del PP nos advierte ahora de los “frutos amargos” que produce “la semilla del populismo y del radicalismo”, pero, para madurar, necesitan el abono que Casado lleva meses diseminando. Ese extremismo del que ahora nota el aliento se nutre de sus etiquetas de “ilegítimo” al Gobierno que eligieron los españoles. Y de la acusación de “pucherazo” para tapar la torpeza de un diputado incapaz de elegir bien entre tres botones. Cuando pinta de bananero al “Parlamento de España, un parlamento serio, con dos esculturas de los Reyes Católicos”.

Todo este discurso desemboca, por fin, en lo que Casado quería vendernos: que “Alfonso Fernández Mañueco ha pedido un Gobierno fuerte, estable y en solitario, […] sin la espada de Damocles continua”. El problema es que eso no se pide en Génova, sino en las urnas. Y Mañueco ya se lo reclamó a los castellanoleoneses y ellos no se lo quisieron dar el pasado domingo. Por mucho que diga Casado que “tiene todo nuestro apoyo para llevarlo adelante”, no tiene el de sus vecinos, que le han dado una victoria pírrica y el mandato de, o gobernar en compañía, o gobernar en debilidad.

Igual que hace dos años los votantes dieron una ventaja más amplia a Luis Tudanca, pero no le concedieron la virtud de poder gobernar. Ni solo, ni con fuerza. Entonces, los números le dieron al PP para gobernar con Ciudadanos. Los mismos socios a los que repudió y expulsó hace menos de dos meses, para cambiarlos por ese lobo del que Casado ahora nos cuenta que es populista, radical, xenófobo, machista. Así funciona esta democracia nuestra que custodian las estatuas de los Reyes Católicos.

Marcos Paradinas

Sobre el autor

Marcos Paradinas

Marcos Paradinas es director de Relaciones Institucionales y Producto de ElPlural.com. Es Licenciado en Periodismo y Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid. Una doble vertiente que le llevó a dar sus primeros pasos periodísticos en Vertele, para después lanzarse a la pasión que se gestó durante su estancia en Roma: la información política. Aunque, al menos de momento, la actualidad de España no se acerca a la Italia de Berlusconi a la que dedicó su tesis final de carrera.

Su primera noticia en ElPlural.com, en 2008, fue una entrevista a Federico Jiménez Losantos como enviado especial en el juicio por injurias al que le sometió Alberto Ruiz-Gallardón. Después compaginó su estancia en Sevilla con la coordinación de la edición de fin de semana del periódico, para luego volver a Madrid como redactor jefe del periódico y encargado del cierre de la edición diaria. También ha cubierto la información del Gobierno y las ruedas de prensa del Consejo de Ministros en Moncloa.

En 2015, publicó el libro El Fin de la Homofobia (La Catarata), un ensayo sobre el avance de los derechos del Colectivo LGTBI en España durante la democracia y una radiografía de la dura situación que aún se vive en muchos países del mundo. La obra, que cuenta con colaboraciones como la del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, fue presentada en el Ateneo de Madrid por Manuela Carmena. La entonces alcaldesa de la ciudad firmó el prólogo del libro, que describió como un “acierto” para superar “los atavismos discriminadores que impiden el desarrollo completo de hombres y mujeres”.

Al frente de la sección de Tribunales, destapó en exclusiva las grabaciones policiales de la Operación Enredadera, el caso de corrupción que acabó con el gobierno del PP en el Ayuntamiento de León, y las grabaciones a Ignacio González y Eduardo Zaplana en el Caso Lezo. En su haber cuenta también con numerosas exclusivas en casos de corrupción de carácter nacional como Erial, Púnica o Gürtel, del que cubrió su primer y mediático juicio.

Exclusivas con las que ha participado en programas informativos de máxima audiencia, como Al Rojo Vivo o Más Vale Tarde de La Sexta. También es colaborador habitual de En Jake, el debate de EITB, la televisión pública vasca, donde cada semana aporta las novedades sobre la política madrileña y en cuyas tertulias ha participado para analizar las elecciones y los grandes acontecimientos en el Congreso de los Diputados, como la moción de censura a Mariano Rajoy y la investidura de Pedro Sánchez.

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