No solo es el pelo, también las hojas de los árboles o el pelaje de los animales se pierden con la llegada del otoño. En el caso de los mamíferos, se trata de un proceso de renovación del pelo, cambiamos en torno al 10.15 por ciento de nuestro cabello, que se reemplazará y regenerará. Se debe a que el cuero cabelludo tiene un ciclo de vida, y llega a su periodo final motivado por la iluminación y la temperatura, entre otros elementos. Y es que el pelo suele morir en primavera según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), pero normalmente tarda unos tres meses en caerse. Además, en verano el sol cae con mayor fuerza sobre el cuero cabelludo, y éste gana densidad y protege nuestra cabeza, y en otoño, conforme el sol pierde intensidad, el pelo pierde calidad y cae. También es probable que, al reemprender la actividad laboral y cotidiana tras el verano, el estrés influya en la calidad de pelo.