El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha impulsado la candidatura de Gianni Infantino para ocupar la Secretaría General de las Naciones Unidas, según reveló el diario estadounidense New York Post. La propuesta llega tras un Mundial 2026 marcado por controversias que han cuestionado la integridad deportiva del torneo.

El cargo quedará vacante el próximo 31 de diciembre, cuando finalice el segundo mandato de António Guterres, que dirige la organización desde 2017. El portugués mantiene una relación estrecha con el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, a quien nombró el pasado 15 de julio copresidente de los Defensores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Cualquier designación requiere el respaldo previo del Consejo de Seguridad, donde los cinco miembros permanentes disponen de derecho de veto.

Infantino, al frente de la FIFA desde 2016, recibiría así una recompensa de índole política tras presidir una edición del torneo que acumuló señalamientos por favorecer los intereses estadounidenses en detrimento de la equidad deportiva.

Las polémicas que marcaron el Mundial

El caso más emblemático fue el del delantero estadounidense Folarin Balogun. Después de recibir una tarjeta roja directa por una acción brusca contra Bosnia y Herzegovina, Trump realizó una llamada a Infantino solicitando la revisión de la sanción. La FIFA, a través de su Comité Disciplinario, suspendió la ejecución de la expulsión, permitiendo que Balogun jugara en los octavos de final contra Bélgica. La decisión generó críticas sin precedentes, incluyendo un pronunciamiento del ex presidente de la FIFA, Joseph Blatter, quien afirmó que "las tarjetas rojas no se anulan por llamadas telefónicas políticas".

La respuesta institucional más dura llegó desde Europa. La UEFA, presidida por Aleksander Čeferin, publicó el 6 de julio un comunicado en el que sostenía que la FIFA "cruzó una línea roja" y calificaba la resolución de inaudita, incomprensible e injustificable. El organismo europeo recordó que la suspensión automática de un partido tras una expulsión no es una opción discrecional ni requiere que ningún órgano competente la ratifique, y señaló un agravio comparativo evidente: otros futbolistas habían atravesado la misma situación en ese mismo torneo y habían cumplido su sanción con normalidad. Su advertencia final apuntaba directamente a Zúrich: cuando quienes custodian las reglas dejan de garantizar su certeza, la integridad del juego queda en riesgo y la credibilidad de la competición se resiente.

La FIFA se amparó en el artículo 27 de su Código Disciplinario, que faculta a su Comité Disciplinario para suspender la ejecución de una sanción ya impuesta. La federación belga llegó a preparar una apelación en Seattle horas antes del encuentro. En paralelo, miembros del Parlamento Europeo tildaron la decisión de "una perversión de la justicia" y reclamaron que se investigara la vulneración del principio de neutralidad política recogido en el código ético de la FIFA.

Restricciones migratorias y discriminación

Mientras que la selección estadounidense recibía trato preferencial, otras delegaciones enfrentaron obstáculos significativos. La selección de Irán fue particularmente afectada: se cancelaron los visados de varios miembros de su cuerpo técnico, los aficionados iraníes perdieron su cupo de entradas, y el equipo se vio obligado a trasladar su base a Tijuana, México, para poder entrenar fuera de territorio estadounidense.

El árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, seleccionado por la FIFA para dirigir partidos del torneo, fue deportado desde el Aeropuerto Internacional de Miami tras someterse a controles de seguridad. Aunque funcionarios estadounidenses alegaron "problemas con su verificación de antecedentes", la deportación de un árbitro de talla internacional generó cuestionamientos sobre los criterios de admisión aplicados.

Cambios reglamentarios controvertidos

El torneo también introdujo modificaciones en las reglas del juego que alteraron sustancialmente la dinámica deportiva. Las pausas obligatorias de hidratación de tres minutos en cada tiempo fragmentaron los partidos en cuatro segmentos diferenciados. Aunque la FIFA justificó la medida como una precaución ante el calor de Norteamérica, análisis de medios especializados sugieren que estas interrupciones funcionaron como ventanas publicitarias adicionales, incrementando significativamente los ingresos por derechos de transmisión.

La relación Trump-Infantino bajo lupa

La cercanía entre Trump e Infantino fue pública y documentada durante todo el torneo. Ambos sostuvieron encuentros privados y públicos, y durante el sorteo de grupos, Infantino entregó a Trump el primer Premio de la Paz de la FIFA, un gesto sin precedentes que reforzó las percepciones sobre la influencia política en las decisiones deportivas.

Organizaciones de derechos humanos y analistas deportivos han señalado que el Mundial 2026 estableció un precedente preocupante: el de un torneo donde consideraciones políticas aparentemente prevalecieron sobre principios deportivos fundamentales como la equidad y la imparcialidad.

La propuesta de Trump para que Infantino ascienda a la máxima autoridad de las Naciones Unidas, aún sin confirmación oficial, sugiere que las relaciones políticas forjadas durante este Mundial podrían extenderse más allá del deporte.

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