España afronta una nueva radiografía incómoda de su sistema educativo. Los últimos resultados del informe PISA dibujan un retroceso pronunciado en las tres áreas troncales evaluadas —lectura, matemáticas y ciencias— y colocan de nuevo sobre la mesa una pregunta que excede las fronteras de las aulas: qué está ocurriendo con la capacidad de los adolescentes para concentrarse, interpretar información compleja y sostener un esfuerzo intelectual prolongado.

La ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón, ha evitado reducir el diagnóstico a una única causa. En una entrevista en Hoy por Hoy, ha subrayado que la pérdida de rendimiento no es exclusivamente española y se inserta en una tendencia internacional, aunque ha señalado un elemento que considera especialmente relevante: la transformación de los hábitos de lectura y atención provocada por la generalización de las pantallas.

"Los resultados muestran un descenso generalizado, sobre todo en ciencias, lectura y matemáticas. Los resultados de España muestran también este descenso", ha afirmado la ministra.

La hipótesis conecta con una de las cuestiones que más atención ha suscitado tras la publicación del estudio: la relación entre el ecosistema digital en el que crecen los estudiantes y su capacidad para enfrentarse a textos extensos, complejos y conceptualmente exigentes.

La lectura larga, ante el desafío de la pantalla

El problema no reside únicamente en cuánto leen los jóvenes, sino en cómo leen. El entorno digital favorece una sucesión casi ininterrumpida de estímulos breves: mensajes, vídeos cortos, titulares, notificaciones y contenidos diseñados para ser consumidos con rapidez. Frente a ese modelo, la comprensión profunda exige detenerse, relacionar ideas, distinguir argumentos, inferir significados y mantener la atención durante un periodo prolongado.

La OCDE ha situado precisamente la lectura en el centro de la preocupación. Un analista de la organización, Tue Halgreen, ha explicado a la Cadena Ser que los estudiantes comienzan a mostrar dificultades cuando deben enfrentarse a textos que superan aproximadamente las 400 palabras. La observación ha adquirido especial relevancia en España, donde la competencia lectora ha experimentado uno de los retrocesos más acusados.

El organismo internacional relaciona el deterioro con una transformación tecnológica que se aceleró durante la última década, coincidiendo con la expansión masiva del teléfono inteligente. Pero conviene introducir un matiz esencial: que exista una correlación entre determinados usos digitales y el rendimiento académico no significa que las pantallas constituyan, por sí solas, la explicación del desplome.

El propio análisis de PISA apunta a una relación más compleja. Los estudiantes que no utilizan dispositivos con fines educativos y aquellos que los emplean durante demasiadas horas presentan peores resultados que quienes realizan un uso moderado. También existe una asociación entre mayor tiempo de ocio frente a las pantallas y un rendimiento inferior

La cuestión, por tanto, no parece reducirse a una oposición rudimentaria entre tecnología y libro. El desafío consiste en determinar qué usos de la tecnología favorecen el aprendizaje y cuáles erosionan la atención, la autonomía intelectual o la capacidad de interpretar información.

Un descenso que no es exclusivamente español

Los datos internacionales impiden interpretar la situación española como un fenómeno aislado. La OCDE ya había constatado en PISA 2022 una caída extraordinaria del rendimiento en numerosos sistemas educativos: entre 2018 y 2022, la media de los países de la organización descendió alrededor de 15 puntos en matemáticas y unos 10 en lectura, mientras que ciencias permaneció relativamente estable. 

España, sin embargo, arrastra una trayectoria que merece una consideración propia. En PISA 2022 obtuvo 473 puntos en matemáticas, 474 en lectura y 485 en ciencias. Las tres cifras eran inferiores a las registradas en 2015, último punto de comparación plenamente equiparable para España en aquella edición. 

La nueva edición profundiza ese deterioro. Según los datos publicados en septiembre de 2026, la comprensión lectora es el ámbito que presenta la caída más severa: España pierde 45 puntos respecto a hace una década, frente a un descenso de 27 puntos en el conjunto de la OCDE. El retroceso también alcanza las matemáticas y las ciencias. 

La magnitud de la caída obliga a mirar más allá de las explicaciones coyunturales. La pandemia pudo alterar ritmos de aprendizaje y ampliar determinadas brechas, pero la persistencia del deterioro después de la reapertura de los centros educativos dificulta atribuir todo el fenómeno a aquel episodio.

El Gobierno rechaza convertir la LOMLOE en culpable

La publicación de PISA ha reabierto, inevitablemente, el debate político sobre la legislación educativa. Desde algunos sectores de la oposición se ha utilizado el retroceso para cuestionar la LOMLOE y las políticas educativas desarrolladas durante los últimos años.

Tolón ha rechazado esa lectura. Su argumento parte de una premisa técnica: las competencias examinadas por PISA —comprensión lectora, razonamiento matemático y competencia científica— forman precisamente parte de los aprendizajes que la legislación educativa pretende reforzar.

La ministra sostiene así que atribuir directamente los malos resultados a la LOMLOE confunde la existencia de un problema con la identificación de su causa. La evaluación internacional, además, no fue concebida como un examen de una ley educativa concreta, sino como una herramienta para medir qué saben hacer los estudiantes de 15 años ante situaciones que requieren aplicar conocimientos y competencias.

La discusión, por tanto, debería desplazarse desde la disputa nominal sobre una norma hacia una cuestión más incómoda: qué prácticas pedagógicas funcionan, cuáles no lo hacen y qué recursos necesitan los centros para corregir las carencias detectadas.

Las diferencias territoriales rompen el relato uniforme

El mapa autonómico añade otra capa al diagnóstico. Los resultados no son homogéneos entre territorios y las diferencias de rendimiento obligan a analizar factores que van desde las políticas educativas propias hasta la composición social del alumnado, los recursos disponibles, las condiciones socioeconómicas o las estrategias de apoyo a los estudiantes con mayores dificultades.

Madrid y Castilla y León aparecen entre las comunidades con mejores registros en la nueva evaluación, aunque también experimentan descensos respecto a ediciones anteriores. En el extremo opuesto se encuentran territorios que sufren retrocesos especialmente acusados.

Cataluña constituye, además, un caso particular: sus datos de PISA 2025 han quedado fuera de las comparaciones internacionales debido a problemas en la muestra de alumnado. La OCDE no considera válidos esos resultados para establecer comparaciones fiables, después de que la proporción de estudiantes excluidos superara ampliamente el umbral establecido.

La diversidad territorial impide, por tanto, construir una explicación única para todo el sistema español. Si alumnos sometidos a marcos educativos distintos evolucionan de manera diferente, el análisis requiere observar qué elementos concretos separan a unos modelos de otros.

Recuperar la lectura como ejercicio de pensamiento

La respuesta anunciada por Educación pasa por reforzar las competencias básicas. El Ministerio sostiene que desde 2024 ha impulsado, junto a las comunidades autónomas, programas específicos destinados a mejorar la comprensión lectora y matemática.

La cuestión es que enseñar a comprender no equivale simplemente a enseñar a leer. Comprender implica interpretar, contextualizar, inferir, contrastar y evaluar. Es una operación intelectual que exige tiempo y que difícilmente puede prosperar en una cultura marcada por la inmediatez.

La propia ministra ha defendido en otras intervenciones públicas la lectura como instrumento para formar ciudadanos libres y críticos. En mayo, Tolón vinculó expresamente la lectura con la construcción de una ciudadanía capaz de pensar con autonomía

Ahí emerge una paradoja de la educación contemporánea: las mismas tecnologías que multiplican el acceso al conocimiento pueden dificultar determinadas formas de relacionarse con él. Nunca ha sido tan sencillo encontrar información y, al mismo tiempo, quizá nunca haya resultado tan necesario aprender a distinguirla, jerarquizarla y comprenderla.

Ceuta y el regreso a la normalidad

En paralelo al debate educativo, Tolón ha querido transmitir un mensaje de serenidad ante el comienzo del curso en Ceuta, después de la crisis fronteriza registrada durante el verano. La ministra ha defendido que los centros educativos son espacios seguros y ha apelado a que los menores recuperen cuanto antes la normalidad de las aulas.

La declaración introduce una dimensión diferente en la agenda educativa: la escuela no es únicamente el lugar donde se adquieren conocimientos. También funciona como espacio de estabilidad cuando el entorno social atraviesa periodos de incertidumbre.

En ese sentido, el deterioro de los resultados de PISA y la necesidad de preservar la normalidad escolar pertenecen a una misma conversación sobre qué espera una sociedad de su sistema educativo.
 

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