6,3 millones de euros, 485 metros cuadrados. Una terraza, garajes y trastero en pleno Chamberí. Y todo ello mientras miles de jóvenes madrileños no pueden permitirse un alquiler. El ático comprado por una empresa pública de la Comunidad de Madrid es un escándalo político que deja al desnudo el cinismo y la verdadera escala de valores del Partido Popular. En apenas unas semanas, el relato de la Puerta del Sol se ha derrumbado entre falsedades, excusas improvisadas y vergonzosos "chao pescao".

La presidenta Isabel Díaz Ayuso faltó a la verdad a la ciudadanía al asegurar que desconocía la operación de Planifica Madrid cuando ella misma había acudido en persona a visitar el inmueble de 485 metros cuadrados en Chamberí. Un engaño flagrante al que se suma la complicidad de Alberto Núñez Feijóo, que conocía la compra desde hace meses y prefirió guardar un silencio cobarde. Ni la política democrática se puede sostener a base de mentiras, ni el dinero público se puede utilizar para financiar caprichos de representación institucional mientras se le niega una vivienda digna a la gente común.

Ayuso sostuvo públicamente que desconocía por completo la operación llevada a cabo por la empresa pública Planifica Madrid. Sin embargo, poco después, el propio Alberto Núñez Feijóo reconoció que él sí sabía, desde hace meses, que se estaba preparando la compra de este inmueble de casi 500 metros cuadrados. Si el líder de su partido lo sabía, ¿qué sabía exactamente? ¿Quién se lo comunicó? ¿Por qué, conociendo la operación, no pidió explicaciones antes de que saliera a la luz?

A esta grave fisura en el relato oficial se le sumó otra demostración de opacidad: el propio Gobierno autonómico no tuvo más remedio que terminar reconociendo que la presidenta sí visitó el inmueble. La pregunta se contesta sola: ¿cómo puede una presidenta visitar un ático de 6,3 millones de euros que su propio Gobierno está adquiriendo y, al mismo tiempo, sostener ante los medios que ignoraba la operación? La política democrática no puede sostenerse a base de evasivas, silencios y medias verdades.

Esta manera de administrar los recursos públicos resulta especialmente indignante cuando se contrapone a la dramática realidad que se vive en las calles de la región. Mientras la administración de Ayuso encuentra más de seis millones de euros de dinero público para un espacio de representación con terraza, garaje y trastero —usado como excusa provisional durante las obras de la Puerta del Sol—, el acceso a un hogar se ha convertido en algo imposible para miles de familias trabajadoras.

Desde que Ayuso asumió la presidencia de la Comunidad de Madrid en el verano de 2019, el precio medio del alquiler en la capital se ha disparado más de un 45%, pasando de unos 16 euros el metro cuadrado a superar con creces los 23,3 euros actuales.

Es una cifra asfixiante que no sale de un cuadro estadístico, sino del bolsillo de la gente común: jóvenes que se ven obligados a retrasar indefinidamente su independencia, parejas que aplazan la decisión de formar una familia y trabajadores que deben abandonar sus barrios de toda la vida porque dos nóminas enteras ya no alcanzan para sostener un techo.

Esta es la gran paradoja del modelo madrileño: para los ciudadanos que buscan una casa donde vivir se impone la ley del mercado salvaje y el rechazo radical a aplicar la Ley de Vivienda o topar los alquileres en zonas tensionadas; para las estructuras del poder regional, en cambio, existen millones de euros públicos y 485 metros cuadrados en una de las zonas más exclusivas de la capital.

Ante semejante escándalo de prioridades y falta de explicaciones, el silencio de Feijóo resulta atronador. El Partido Popular ha construido buena parte de su discurso político exigiendo responsabilidades inmediatas y dimisiones ante la mínima sospecha que salpique a sus adversarios.

¿Porqué Feijóo no exige ahora responsabilidades a Ayuso por su ático en Chamberí? ¿Por qué no tiene la valentía de hacerlo? ¿Es que tiene miedo de que le ocurra lo mismo que a Casado? ¿O es que porque tiene las manos atadas por sus propios líos inmobiliarios sin resolver?

Feijóo sigue callado, sin abrir la boca y mirando para otro lado antes que abrir una grieta interna con la presidenta madrileña, demostrando una doble vara de medir inadmisible en la vida pública.

Para tapar esta crisis de gestión y la falta de soluciones a la vivienda, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha comenzado el curso político recurriendo a su fórmula habitual: elevar el volumen de la confrontación e inventar ataques personales. En lugar de dar explicaciones sobre los 6,3 millones gastados o sobre el fracaso de sus promesas de vivienda asequible, Ayuso prefiere volcar su discurso en hablar de las supuestas "obsesiones" o "celos" del presidente del Gobierno con ella. Es la política convertida en puro espectáculo mediático para distraer la atención y evitar hablar de lo que verdaderamente preocupa a los vecinos.

Sin embargo, esta estrategia del choque constante empieza a mostrar un desgaste evidente. La supuesta invulnerabilidad de la presidenta madrileña se resquebraja dentro de su propio partido. Su último movimiento de presión, con el que intentó que los presidentes autonómicos del PP boicotearan las reuniones del Consejo de Política Fiscal y Financiera sobre la deuda y la financiación regional, ha terminado en un fracaso estrepitoso. Nadie de su formación secundó su plantón; los demás barones territoriales acudieron a negociar y defender los intereses de sus ciudadanos, dejando a la mandataria madrileña completamente aislada.

Quien durante años se presentaba como el referente indiscutible y la gran alternativa interna frente a Feijóo, muestra hoy los síntomas de un proyecto agotado, encerrado en sí mismo y desbordado por los problemas reales.

Ni el ático de Chamberí ni las cortinas de humo mediáticas podrán tapar la verdad por mucho tiempo. La distancia que separa los 485 metros cuadrados de lujo institucional de las cuentas imposibles que hace una familia para pagar el alquiler cada mes expone la verdadera cara de su gestión: un Gobierno autonómico que utiliza los recursos públicos para las comodidades del poder mientras abandona a los jóvenes y a la mayoría social de Madrid.

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