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En el Paris Saint-Germain la felicidad del triunfo por 4-2 frente al FC Barcelona duró un suspiro. La noticia más importante de la noche estaba por llegar. Khvicha Kvaratskhelia abandonó el césped del Parque de los Príncipes antes de cumplirse la hora del partido, asistido por los servicios médicos y con evidentes dificultades para apoyar su pierna derecha. El miércoles, las pruebas arrojaron el diagnóstico que ningún futbolista quiere escuchar: rotura del ligamento cruzado anterior. Duro mazazo para el jugador y para el conjunto parisino. Por delante, una operación y largos meses en el dique seco mientras a su alrededor prevalece un calendario que seguirá avanzando sin él.
La lesión del georgiano fue la más grave de una noche accidentada para los de Luis Enrique. Kvara no fue el único en abandonar el terreno de juego. También lo hicieron Ousmane Dembélé y Marquinhos, aunque sus diagnósticos son más optimistas que el del extremo izquierdo, pues se espera que sus dolencias musculares los mantengan apartados unas semanas de los terrenos de juego. Tres futbolistas lesionados en un mismo partido, aunque con evaluaciones diferentes, para un PSG que ya afrontó una preparación lastrada por la disputa del Mundial de Clubes de 2025 y una nueva temporada internacional marcada por las exigencias del Mundial de Estados Unidos, Canadá y México de 2026.
El caso de Kvaratskhelia resucita una pregunta que lleva años esquivándose en los despachos que rigen este deporte. ¿Es factible seguir engordando el calendario sin establecer mayores garantías de recuperación para sus protagonistas? Si bien es cierto que no se ha demostrado una relación causal directa entre la sobrecarga de partidos y las roturas del ligamento cruzado anterior, tampoco puede interpretarse la sucesión de lesiones como una prueba de esa conexión. Lo que sí es cierto es que el diagnóstico del atacante georgiano aparece en un momento en el que las exigencias competitivas del máximo nivel están atrapadas en una discusión médica, laboral e institucional cada vez más intensa.
El cruzado no entiende de estrellas
Una noche de noviembre de 2023 le cambió para siempre la vida deportiva a Gavi. Tenía 19 años y jugaba con España frente a Georgia —ya es casualidad— cuando sufrió una rotura completa del cruzado anterior de su rodilla derecha, acompañada además de una lesión del menisco lateral. El joven centrocampista del Barcelona, convertido en habitual del primer equipo y de la Selección desde una edad muy temprana, empezó entonces un largo proceso de recuperación. Su caso puso bajo escrutinio la exposición competitiva de los futbolistas jóvenes y la coordinación de sus compromisos entre clubes y combinados nacionales.

Casi un año después, en septiembre de 2024, fue Rodri Hernández quien recibió un diagnóstico similar. El entonces mediocentro del Manchester City cayó lesionado ante el Arsenal, con la coincidencia de que unos días antes había cuestionado públicamente la sobrecarga del calendario futbolístico. Había disputado un total de 63 partidos durante el curso anterior, advirtiendo de que el deporte rey estaba próximo a su nbaización, con temporadas rozando o superando los 80 compromisos. La proximidad entre estas declaraciones y su lesión intensificó el debate, pero no permitió demostrar que una cosa fuera consecuencia de la otra.
Sin salir de las fronteras españolas, el Real Madrid tampoco escapó a una sucesión de golpes casi dantesca. En agosto de 2023, Thibaut Courtois se rompió el cruzado izquierdo durante un entrenamiento de pretemporada. Éder Militao sufrió la misma lesión pocos días después, con la Liga ya iniciada. Unos meses más tarde, el destino castigaba las rodillas de David Alaba en un partido contra el Villarreal. Una lesión que cambiaría la vida deportiva del central austríaco, que no volvería a disputar un encuentro oficial hasta pasados 399 días. También Dani Carvajal se incorporó al rosario de damnificados en octubre de 2024, en una desafortunada acción durante un partido que le provocó la rotura del cruzado derecho, junto a daños en otras estructuras de la rodilla.
Cuatro lesiones de gravedad en poco más de un año, con mecanismos y procesos de recuperación diferentes. La concentración de casos tuvo consecuencias deportivas importantes para la entidad de Concha Espina, pero tampoco se sostiene sobre una explicación médica común. Courtois, por ejemplo, se lesionó durante un entrenamiento, poco antes del arranque oficial de la temporada.
Las lesiones de cruzado tampoco dan la espalda al fútbol femenino, que arrastra su propia relación con esta dolencia. En julio de 2022, Alexia Putellas se rompió el cruzado izquierdo durante una concentración con la Selección, a las puertas de una Eurocopa que tuvo que ver desde el televisor. Jana Fernández, Cata Coll y Bruna Vilamala también sufrieron lesiones de gravedad durante aquel periodo en el Barcelona.
La gravedad de estas dolencias no responde —evidentemente— a la fama del futbolista, sino que pivota sobre argumentos sólidos. Un estudio de la UEFA publicado en el British Journal of Sports Medicine, elaborado a partir de cuatro temporadas de clubes femeninos de élite, registró 33 lesiones de cruzado anterior entre 1.527 lesiones de toda índole. La mediana de baja fue de 292 días. O lo que es lo mismo, aproximadamente nueve meses y medio. El informe registró, además, que cerca de dos tercios de las roturas contabilizadas se produjeron sin contacto directo. Unas cifras que ayudan a comprender cómo una afección de rodilla puede cambiar no solo una temporada, sino, en ocasiones, también una carrera. No permiten, eso sí, establecer que todas tengan el mismo origen ni que respondan necesariamente a la sobrecarga de minutos.
"Una rotura de cruzado no solo compromete la estabilidad de la rodilla, también la confianza del futbolista"
Para comprender la dimensión de una lesión de estas características hay que detenerse primero en lo que sucede dentro de la articulación. Mario García Alonso, fisioterapeuta y CEO de re.form fisio & pilates, explica que, cuando se rompe el ligamento cruzado anterior, la rodilla pierde uno de sus principales "mecanismos de estabilidad", puesto que la tibia deja de estar sujeta por esa estructura. La gravedad no reside únicamente en el dolor que puede experimentar el deportista, sino también en los "largos plazos de recuperación" y en las dificultades para recuperar su nivel anterior. En los casos que requieren reconstrucción quirúrgica, el ligamento dañado se sustituye habitualmente por un injerto de tendón. La vuelta al césped exige mucho más que superar una operación.
El largo camino de vuelta al césped
Esta sucesión de lesiones lleva años generando preocupación en el mundo del fútbol. Los especialistas llevan tiempo reclamando que el descanso deje de depender exclusivamente de las decisiones de cada entrenador. En junio de 2025, FIFPRO reunió a 70 expertos en medicina y rendimiento deportivo, que alcanzaron un consenso sobre doce medidas destinadas a proteger a los futbolistas del exceso de carga competitiva.
Vincent Gouttebarge, director médico del sindicato internacional de futbolistas, defendió entonces la necesidad de incorporar esas garantías a la normativa de las distintas competiciones. Darren Burgess, responsable de su red asesora de alto rendimiento, insistió en que los descansos adecuados entre encuentros y durante las vacaciones deben formar parte de las condiciones básicas de protección laboral. El traumatólogo Ramón Cugat, especialista en cirugía de rodilla, explicó a AS, tras la lesión de Gavi, que la recuperación habitual de una rotura del cruzado anterior oscila entre los siete y nueve meses. Al mismo tiempo, advirtió de los riesgos de precipitar el regreso, condicionado por los tiempos biológicos y la evolución de cada paciente.
El proceso de recuperación, sin embargo, no consiste únicamente en dejar pasar los meses. García Alonso distingue varias etapas que comienzan con la reducción de la inflamación y la recuperación de la movilidad articular. Después llega el trabajo de fortalecimiento muscular, fundamental para recuperar la capacidad funcional de la rodilla, antes de introducir ejercicios progresivamente más exigentes. "La ganancia de masa muscular es esencial para un progreso exitoso", señala el experto. Una evolución que, en el fútbol profesional, convive inevitablemente con las necesidades competitivas de los clubes.
"Una recuperación no es una contrarreloj"
Alejandro López, dueño de Kinesis.nextlevel, empresa especializada en el entrenamiento personal, describe un recorrido similar, aunque pone el acento en la progresión de los ejercicios. Primero se recupera la movilidad, después se afronta un periodo prolongado de trabajo de fuerza y, cuando la musculatura alcanza un nivel adecuado, comienza la carrera. Los saltos y los cambios de dirección quedan reservados para las últimas fases. No se trata de una secuencia arbitraria: cada etapa prepara al futbolista para soportar las exigencias de la siguiente, hasta volver a reproducir movimientos que forman parte de su actividad cotidiana sobre el césped.
El problema aparece cuando las necesidades deportivas amenazan con imponerse sobre los tiempos de recuperación. García Alonso señala que los futbolistas de élite pueden regresar a la competición en torno a los ocho o nueve meses, mientras que la rehabilitación de una persona no profesional puede prolongarse hasta los doce o trece. Son plazos orientativos, no reglas universales, pero ilustran las diferencias entre las exigencias de ambos contextos. López insiste, por su parte, en que "una recuperación no es una contrarreloj" y advierte de que "si no te has recuperado bien eres propenso a recaer en la lesión". Volver cuanto antes no equivale necesariamente a volver en las mejores condiciones.
A esa exigencia física se suma un componente psicológico difícil de cuantificar. La posición sobre el terreno de juego, la edad y, especialmente, la confianza del deportista condicionan su regreso, según López. El miedo a volver a romperse el ligamento puede acompañar al futbolista incluso después de recibir el alta médica. García Alonso señala el caso de Éder Militao, que ha sufrido roturas de cruzado en ambas rodillas, como ejemplo de las dificultades que pueden surgir durante la vuelta a la competición. Recuperar la capacidad de correr, frenar o cambiar de dirección no siempre significa haber recuperado también la seguridad para hacerlo.
"El calendario tan cargado multiplica las lesiones, especialmente las musculares"
La investigación científica, sin embargo, reclama prudencia. Los periodos cortos de recuperación se han asociado con una mayor incidencia de determinadas lesiones musculares, pero dicha relación no debe extrapolarse automáticamente al ligamento cruzado. Un estudio biomecánico sobre 134 roturas en futbolistas profesionales analizó las circunstancias y los movimientos asociados a estas lesiones, sin que sus resultados permitan identificar la fatiga acumulada como explicación general. En consecuencia, el calendario puede condicionar la salud y la recuperación de los futbolistas sin que eso permita diagnosticar retrospectivamente la causa de cada lesión. Es esa la distinción que debe acompañar al caso de Kvara.
El descanso, el gran damnificado
La expansión de las competiciones tiene una traducción concreta en la vida de los deportistas. En septiembre de 2025, FIFPRO publicó un informe sobre la carga de trabajo de 1.500 jugadores del fútbol masculino de élite. Uno de sus hallazgos afectaba particularmente al Paris Saint-Germain. Tras alcanzar la final del nuevo Mundial de Clubes, los jugadores del club galo tuvieron apenas siete días de pretemporada, según el seguimiento realizado por el sindicato. El Chelsea, campeón del torneo, contó con trece. Ambos equipos vieron recortado su descanso vacacional a aproximadamente tres semanas.
El dato no explica la lesión de Kvaratskhelia, ocurrida más de un año después, pero sí ilustra cómo el ensanchamiento del calendario puede estrechar los periodos de preparación. La competición termina, los jugadores descansan y la siguiente temporada reclama su presencia antes de que los cuerpos técnicos puedan desarrollar una pretemporada convencional.
El problema tampoco se reparte de manera uniforme. Un futbolista eliminado a las primeras de cambio de las competiciones europeas puede afrontar muchas menos exigencias que otro que llega a las fases decisivas de los torneos internacionales y después —por ejemplo— se incorpora a las filas de su selección. FIFPRO identificó en sus informes a jugadores como Federico Valverde, Pedri, Raphinha o Julián Álvarez entre quienes acumulaban numerosos compromisos durante la temporada. A las semanas con escasos días de recuperación hay que sumar, además, largos desplazamientos y exigencias que trascienden lo estrictamente deportivo.
"El descanso es esencial para cualquier deportista"
El impacto de esa acumulación de compromisos también preocupa a quienes trabajan en la recuperación física de los deportistas. "El descanso es esencial para cualquier deportista", sostiene García Alonso, que advierte de que encadenar periodos de trabajo de alta intensidad sin una recuperación suficiente incrementa el riesgo general de lesión. Los desplazamientos añaden, además, una carga que no se limita al esfuerzo físico. Los viajes pueden "convertirse en una fuente adicional de estrés y afectar al bienestar psicológico de los futbolistas", un aspecto que el especialista considera fundamental para mantener una buena salud mental.
López coincide en los riesgos asociados a la saturación del calendario, aunque introduce una distinción importante. La acumulación de encuentros afecta especialmente a las lesiones musculares y no permite establecer por sí sola una relación directa con las roturas del ligamento cruzado. Según explica, "las semanas que hay varios partidos tienen más fatiga", una circunstancia que puede aumentar la vulnerabilidad del deportista durante acciones tan habituales como las arrancadas, las frenadas o los aterrizajes después de un salto. Movimientos que forman parte de la rutina del fútbol y que, cuando el organismo no ha recuperado suficientemente sus capacidades, pueden entrañar mayores riesgos.
"Al ser deportistas de élite sus equipos quieren contar con ellos lo antes posible"
En las grandes competiciones, mientras tanto, la sobrecarga ha ido in crescendo. La Champions pasó de seis a ocho encuentros en su primera fase desde la temporada 2024-2025, con una eliminatoria adicional para los equipos que se quedaban fuera de las ocho primeras posiciones. La FIFA estrenó el mencionado Mundial de Clubes en 2025, con 32 participantes y un total de 63 partidos. Por su parte, el Mundial de selecciones de 2026 se amplió a 48 países y el número de encuentros disputados se disparó hasta los 104.
Las entidades rectoras defienden estas reformas desde el prisma de la oportunidad deportiva y el crecimiento económico. O dicho de otro modo, empresarial: a mayor participación, más posibilidades de generar ingresos. Los representantes de los jugadores cuestionan que ese crecimiento no vaya acompañado de garantías de descanso suficientes, especialmente para aquellos futbolistas que disputan varias competiciones hasta sus últimas rondas.
El negocio del fútbol no conoce el descanso
El debate sobre los partidos ha dejado de ser exclusivamente una cuestión de médicos y preparadores físicos. En octubre de 2024, FIFPRO Europe, European Leagues y LaLiga presentaron una denuncia ante la Comisión Europea contra la FIFA de Gianni Infantino por su actuación en la arquitectura del calendario internacional. Cuestionaron que el organismo pueda intervenir al mismo tiempo como regulador del fútbol y organizador de competiciones, una situación que, a su modo de ver, incurre en un conflicto de intereses. La FIFA, por su parte, ha defendido sus procedimientos de consulta y la legitimidad de sus decisiones.
La polémica retrata una particularidad del fútbol moderno. Los estamentos amplían torneos, los clubes buscan competir en ellos y las selecciones reclaman a sus jugadores en las ventanas internacionales. Los técnicos pueden dosificar minutos, pero no decidir unilateralmente cuánto dura una Champions o cuándo y con cuántas selecciones se disputa un Mundial. Los futbolistas, que conviene recordar que son quienes sostienen el espectáculo sobre el terreno de juego, tienen que acatar obligaciones marcadas por distintas organizaciones que no siempre comparten idénticos intereses.
Mientras tanto, cada nueva rotura de cruzado devuelve la conversación al mismo punto de partida. Nueve meses de recuperación pueden parecer una eternidad para un club que compite cada tres días, pero son apenas una fracción de la carrera de un futbolista. El caso de Kvaratskhelia no demuestra que el calendario sea el culpable de su lesión. Sí vuelve a poner sobre la mesa una contradicción difícil de esquivar: el fútbol encuentra cada vez más espacio para disputar partidos, pero no siempre para garantizar el descanso de quienes tienen que jugarlos.




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