Sorpresa. Esperanza. Vértigo. Son las tres palabras que tal vez definan mejor el tropel de emociones desencadenado en muchos militantes y dirigentes socialistas tras conocer al filo de las dos de la tarde de este martes que su secretario general, Pedro Sánchez, y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, habían cerrado un acuerdo de legislatura para cuatro años cuyos contenidos ejecutará el primer Gobierno nacional de coalición desde la restauración democrática.

Sorpresa porque nadie esperaba un acuerdo tan tempranero. Esperanza porque por fin el país podrá salir del bloqueo institucional con un Gobierno comprometido en impulsar las políticas sociales que amplias capas de la población llevan años esperando. Y vértigo porque la cultura política de Podemos es muy distinta a la del Partido Socialista y sus posiciones están muy alejadas en asuntos de alto voltaje político como la crisis territorial de Cataluña.

Sobre Cataluña

La literalidad, por cierto, del punto del acuerdo referido a Cataluña está mucho más cerca del discurso socialista que del de Unidas Podemos.

Dice así: “El Gobierno de España tendrá como prioridad garantizar la convivencia en Cataluña y la normalización de la vida política. Con ese fin, se fomentará el diálogo en Cataluña, buscando fórmulas de entendimiento y encuentro, siempre dentro de la Constitución”. 

Los nueve puntos restantes son todos ellos mucho más asimilables al programa clásico de la socialdemocracia europea que al populismo de izquierdas con el que inicialmente se identificaba Podemos: combatir la precariedad laboral, luchar contra el cambio climático, impulsar la reindustrialización, legislar sobre la muerte digna, revertir la despoblación, reducir la violencia machista o hacer compatibles la justicia fiscal y el rigor presupuestario.

“Son lentejas”

Un veterano ex dirigente del PSOE andaluz, profundo conocedor del partido, resumía a petición de El Plural lo que en su opinión es el sentir de muchos militantes: “Nos podíamos haber ahorrado las elecciones, es cierto, pero, bueno, hay que hacer de la necesidad virtud. Ambas partes –añadía– tenían una necesidad imperiosa de alcanzar el acuerdo”.

¿Llega demasiado tarde el entendimiento? “No, pero, repito, mucha gente se estará preguntando ahora para qué fuimos a elecciones. Y lo que más me preocupa: lo sucedido dejará un poso en la credibilidad”.

Otra persona que ha ocupado altas responsabilidades orgánicas era mucho más escueta en su respuesta a la pregunta de qué pensaba del acuerdo entre Sánchez e Iglesias: “Lentejas”, decía en alusión a que ninguno de los dos tenía más salida que pactar.

Un alto precio

Fiel a su trayectoria, menos de 48 horas ha necesitado Pedro Sánchez para reinventarse a sí mismo y darle la vuelta a lo que había venido sosteniendo prácticamente hasta antes de ayer.

Él y Pablo Iglesias hicieron en dos días lo que no habían hecho en seis meses, aunque, eso sí, con un alto coste: la repetición electoral le ha costado al PSOE 760.000 votos y tres diputados, a Unidas Podemos 654.000 votos y siete escaños y al sistema político español el ascenso vertiginoso de la extrema derecha, que pasa de 24 a 52 diputados. 

Unidas Podemos ha sufrido una pérdida proporcionalmente mayor de votos y en términos absolutos de escaños, pero compensa esos daños porque el PSOE sí acepta por fin el Gobierno de coalición largamente reclamado por Iglesias, que además será vicepresidente como quería.

Deprisa, deprisa

Sánchez ha actuado en esta ocasión con la celeridad que todo el mundo echó de menos tras los comicios del 28 de abril. El lunes reunió a la Ejecutiva Federal y, contra lo que suele ser su costumbre, entonó el mea culpa y no tuvo inconveniente en reconocer los errores cometidos.

Eran los prolegómenos a lo que vendría unas horas más tarde: intercambio de llamadas con UP, encuentro secreto con Iglesias, acuerdo político, firma del documento ante la prensa y abrazo para la historia que arrancó un sincero ¡ooooh! de pasmo entre los periodistas.

Y como nadie quería correr riesgos, fue un acto sin preguntas y sin improvisaciones en el que cada uno de los líderes leyó la breve intervención que llevaba escrita.

Por lo demás, se ha dicho que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias dejan fuera a sus partidos con este acuerdo, pero puede que se trate justamente de todo lo contrario: los dejaron fuera cuando fueron incapaces de pactar, no cuando finalmente lo han hecho.