Jueves 19 de mayo. Siete y media de la tarde. Ambiente festivo y moral de victoria en el Teatro Salvador Távora de Sevilla, el emblemático espacio escénico fundado en la barriada obrera del Cerro del Águila por el creador del grupo La Cuadra y elegido por la coalición Unidos Podemos para formalizar su puesta de largo política y electoral en Andalucía. Los seguidores de la coalición llenaron pronto los varios centenares de asientos del aforo, aunque muchas personas tuvieron que quedarse en la calle. A ellos se dirigirían Antonio Maíllo y Teresa Rodríguez al concluir el mitin, para trasladarles de viva voz los mensajes que habían desgranado en sus intervenciones dentro del recinto. El coordinador de IULV-CA y la secretaria general de Podemos exhibieron buena química. La necesitarán para afrontar una campaña que se augura a cara de perro. Eso es al menos lo que piensan ambos y en particular Rodríguez, convencida de que “ningún poder renuncia a sus privilegios y se queda tan tranquilo: nos van a dar con todo”. ¿Y por qué? Porque “saben que podemos ganar y romper el mapa político de este país”. El dramaturgo Salvador Távora, desafiando su maltrecha salud, como él mismo confesó, presentó a ambos políticos entre aplausos de un público convencido de que esta vez su partido puede dar la campanada: “Teresa y Antonio, Antonio y Teresa, tanto monta tanto monta tanto, como en los tiempos de los Reyes no Católicos sino Caóticos, porque destruyeron la diversidad peninsular”. UNA NUEVA FORMA DE HACER POLÍTICA Antonio Maíllo apeló a “una nueva forma de entender la política” para acabar de una vez por todas con el “bipartidismo decadente, cuyo discurso hay que impugnar”. Al contrario que Teresa Rodríguez unos minutos después, el líder de IU centró sus ataques más en la derecha que en el Partido Socialista, aunque hubo reproches para ambos: para el PP por su hipocresía al envolverse “en una bandera de 600 metros” y para el PSOE porque desde el poder se dedicó en Andalucía a “desactivar la movilización popular y a consolidar el régimen del 78”. Maíllo expresó su convencimiento de que IU y Podemos “han conseguido que el 26J haya unas elecciones nuevas, no una repetición, aunque la esperanza del PP es que la gente no vaya a votar” y aunque por parte de sus adversarios “los ataques vayan a ser masivos, por lo cual hará falta integridad para resistirlos”. El líder de IU apostó por “un discurso que respete la inteligencia de la gente” y auguró grandes días para el futuro: “Quizá estemos empezando a escribir una página brillante de la historia de Andalucía”. DUROS REPROCHES A SUSANA DÍAZ La secretaria general de Podemos hiló un discurso más enérgico y agresivo, sobre todo contra la presidenta andaluza Susana Díaz, que fue contra quien dirigió sus más encendidos dardos. Presentada poéticamente instantes antes por Salvador Távora como “un regalo de la izquierda y una Agustina de Aragón con una antorcha en su puño cerrado”, Rodríguez hizo en primer lugar una cerrada defensa de los trabajadores en precario que prestan servicio a la Administración autonómica desde la empresa privada: “La Junta y Susana Díaz piensan que los intérpretes de signos hacen un trabajo accesorio, que las que mujeres que limpian los hospitales hacen un trabajo accesorio, que los trabajadores de emergencias o de educación especial hacen un trabajo accesorio y por eso hay que ponerlo a subasta de las empresas”. La dirigente de Podemos recordó que “lo importante no son nuestras siglas: lo importante es el pueblo”. No habló específicamente de ‘casta’, pero quiso dejar claro quién es quién: “Venimos ligeros de equipaje, somos de otra especie diferente a la del PP y el PSOE”. Antes de emplearse contra el presidente de la patronal Juan Rosell y su apuesta por el trabajo inestable, Teresa Rodríguez arremetió con dureza contra “la presidenta a tiempo parcial” Susana Díaz, cuya prioridad sería “salvaguardar el aparato del PSOE (…) Ellos, en el sistema del turno están tranquilos, piensan: ya nos tocará”. También parecía referirse Rodríguez a los socialistas cuando prometió “no parecernos a ellos”: por eso defendió que “la política no puede ser una profesión, hay que volver al trabajo después de un tiempo en las instituciones, hay que poder revocar a cualquier cargo electo y hay que hacer que los salarios de los representantes se parezcan a los de sus representados”.