Es imposible ponerse de acuerdo sobre quién tuvo más culpa de la ruptura del Gobierno andaluz que hizo efectiva Susana Díaz al adelantar las elecciones autonómicas. Cuando se habla con dirigentes del Partido Socialista o de Izquierda Unida, las opiniones que se escuchan son sospechosamente simétricas. Lo más cercano a la verdad que puede decirse es que ambos partidos necesitaban que el otro tuviera la culpa de la ruptura. Susana Díaz llevaba tiempo esperando tener una razón para romper e Izquierda Unida le dio esa razón. Una razón que, todo sea dicho, también admite los sobrenombres de percha, ocasión, coartada o excusa. En verdad, todo empezó a torcerse mucho antes, cuando Antonio Maíllo sustituyó al frente de la dirección de IULV-CA a Diego Valderas, cuya estrategia de cohabitación no era compartida por su sucesor. La ruptura, en todo caso, era una mera cuestión de tiempo. Lo que ocurrió, simplemente, es que Susana Díaz tomó la delantera. CÓMO MEJORAR Y SABER QUE SE MEJORA Lo paradójico del entendimiento de IU y PSOE es que es beneficioso para ambos, pero ninguno quiere admitirlo. Y hasta puede que esa falta de reconocimiento no se deba a la mala fe, sino al simple desconocimiento, al hecho de que ambos se mejoran recíprocamente pero no lo saben. Sin ninguna duda, los dos partidos se mejoran mutuamente porque el uno le aporta al otro lo que el otro nunca tuvo o, simplemente, tuvo pero hace mucho tiempo que perdió. Ocurría con el PSOE e IU y ocurrirá con el PSOE y Podemos si alguna vez gobiernan juntos. ¿Cuál es, entonces, el problema? El problema es que gobernar en coalición es, como dirían los tertulianos de Tele 5, un coñazo. Gobernar juntos es, en efecto, incómodo; tienes que andar con mil ojos para que el otro no te engañe; todo lo tienes que hablar y pactar con el otro; la alianza puede ocasionar serios perjuicios electorales, sobre todo al más pequeño… Un modo de resumirlo podría ser este: sin pactar, los líderes viven mejor. Pasa con esto como los controles al ejecutivo en las cámaras de representación: los dos partidos con opciones de gobierno prefieren controles muy laxos y más bien deficientes porque la vida de sus líderes será más fácil cuando les toque ser presidentes y tengan que dar a la oposición cuenta de sus acciones. En ambos casos, pactar y dejarse controlar, lo que es bueno para los líderes es malo para lo ciudadanos. LO QUE TODOS PERDIMOS Con la ruptura de IU y PSOE en Andalucía hemos perdido la oportunidad de tener un PSOE más sensible ante los de abajo y menos adormecido ante los de arriba y hemos perdido la ocasión de tener una Izquierda Unida más consciente de los límites institucionales y menos atropellada en su pulsión transformadora. Con la ruptura se quiebra un camino que apenas se había empezado a transitar y cuya reanudación es mucho más que una incógnita, pues IU todavía no sabe si en las municipales del domingo logrará sobrevivir al vendaval de Podemos. El PSOE sí sobrevivirá pero no sabe en qué condiciones ni con cuántas heridas. Y en cuanto al propio Podemos, está por ver. La dirección andaluza de Podemos no parece muy partidaria de alianzas de ningún tipo con el PSOE. Y viceversa. El problema de esa radical falta de sintonía es, sencillamente y se mire como se mire, que los ciudadanos salimos perdiendo, pues con el escenario electoral que se avecina ni el PSOE ni Podemos lograrán en solitario tener fuerza suficiente para mejorar las cosas: solo podrán hacerlo si se alían de algún modo. Pero entonces volvemos a lo de antes: pactar o gobernar juntos va a ser muy incómodo para sus líderes, que siempre preferirán hacerlo en solitario. ¿Y si eso supone estar en la oposición? Bueno, dirán, en la oposición no se está tan mal. LA VIRGINIDAD ES DULCE PERO ESTÉRIL Podemos no podrá vivir eternamente de su virginidad porque la virginidad, por definición, es algo nunca dura eternamente, salvo que se quiera estar condenado a la esterilidad. Podemos está todavía en esa etapa adolescente y narcisista que en algún momento tendrá que abandonar. Si no lo hace, será el partido más puro del firmamento, pero también el más inútil, un partido cuyos líderes podrán levantarse cada mañana, apresurarse hasta el espejo y preguntarle ‘Espejito, espejito, ¿hay alguien más puro y más ético y más guay que yo?’. Aun así, la frustrada negociación entre el PSOE y Podemos para la investidura de Díaz ha dejado heridas difíciles de restañar y desconfianzas difíciles de salvar. Podemos parece más preocupado por hacerle pagar al PSOE sus muchos pecados que por pactar con él medidas efectivas y viables que ayuden a la gente. Y el PSOE parece más preocupado de rebajarle los humos éticos a Podemos que de intentar un acercamiento sincero con ellos. ¿Qué ocurrirá en el futuro? No lo sabemos. Para el PSOE, Ciudadanos sería un socio más cómodo que Podemos pero mucho más estéril porque de Ciudadanos no puede aprender nada que ya no sepa y de Podemos, en cambio, sí puede. ¿Y Podemos? Podemos, de momento pero solo de momento, prefiere seguir mirándose al espejo.