El de La Algaba en Sevilla es considerado por los historiadores como uno de los campos de reclusión más duros donde se concentraron los presos que construyeron el Canal del Viar. Como narramos desde ELPLURAL.COM, muchos fallecieron por el hambre y el maltrato. Gran cantidad de las infraestructuras, por ellos construidos, como las pistas del aeropuerto de Málaga o el Canal del Bajo Guadalquivir, aun siguen operativas. Crueldad y delitos contra la humanidad deberían encabeza cualquier texto para calificar la situación de los casi 150 presos hallados en fosas comunes en La Algaba.

Cuando se llega a La Algaba (Sevilla) y se pregunta por el antiguo cementerio cualquiera de sus 15.000 vecinos lo indica con facilidad, y muchos conocen, además, la historia de los 144 cuerpos que todavía descansan bajo el suelo de lo que hoy es un parque público.

Una fosa común de un campo de concentración
Se trata de los restos de los enterrados en una fosa común con muertos en un campo de concentración andaluz, que será abierta a partir del próximo verano, una vez terminados los trámites por la Dirección General de Memoria Democrática, en una actuación que exhumará a víctimas del franquismo que perdieron la vida sobre todo por enfermedad y hambre tras sufrir trabajos forzados en el campo de trabajo de 'Las Arenas'.

Los terrenos del antiguo cementerio, de hecho, son una curiosa mezcla hoy día, con niños jugando por sus calles o parejas paseando en un parque que, en medio de una moderna urbanización de edificios y en uno de sus laterales, tiene una gran malla verde que acota el suelo bajo el que descansan los restos de los 144 represaliados, un lugar que comenzó a ser un cementerio en 1835, y dejó de recibir los restos de los algabeños hace unos 20 años.

Sin embargo, tuvieron que avisar en 2013 grupos encargados de preservar la Memoria Histórica para recordar que en el antiguo cementerio podía haber una fosa común de presos del franquismo, algo complicado sobre todo por el hecho de que el Ayuntamiento no tiene registro alguno de los enterramientos realizados a esas personas tras morir de hambre o enfermedad.

Procesos muy largos
En este caso, como en todos, la burocracia está pudiendo más que el trabajo de las excavadoras, como explica a Efe la vocal de la Dirección General de Memoria Histórica, Concha Morón, que señala que en estos casos "son procesos muy largos, con temas la localización o las catas del terreno, que pueden durar meses, aunque en 2015 se aprobó la localización, indagación y cata de la fosa, se señaliza y se acota para proteger la zona y todo está ya autorizado para trabajar".

Ahora, la Junta tiene "apalabrado" con la Diputación Provincial de Sevilla el convenio para poder terminar con este asunto, "que está en trámite burocrático", aunque las esperanzas de los promotores es que en cuanto empiece el verano se pueda comenzar a desenterrar los cuerpos.

Muertes por hambre o malas condiciones higiénicas
Morón pone el acento en que en este caso "nos enfrentamos a una casuística nueva, porque la mayoría eran muertes por hambre o malas condiciones higiénicas, todas del campo de concentración de La Algaba", de modo que en esta fosa, "el análisis forense es casi más importante que el arqueológico, además de que es la primera vez que en Andalucía se exhuma una fosa de gente que estaba en un campo de concentración".

Sí se sabe, una vez terminado un largo proceso de recopilación de testimonios, que la mayoría de las víctimas no eran vecinos de La Algaba, y que todos murieron entre 1941 y 1943, con casos sangrantes como el de un joven vecino de Andújar, Félix Ruiz, al que confinaron en el campo y dejaron morir cuando solo tenía 17 años de edad.

Era el más joven de todos los que murieron allí, según recoge la web "Todos los nombres", mientras que Luis Ríos Solís tenía 75 años cuando el campo de concentración pudo más que él en enero de 1942, convirtiéndose en la víctima de más edad.

Homenaje público
Una vez termine el complicado proceso de extracción de los restos, el Ayuntamiento de La Algaba ya ha anunciado que habrá un homenaje público a las personas allí enterradas, y se les procurará un enterramiento digno, para cerrar una etapa negra de la historia de la localidad, e incluso para que los niños que cada día acuden al parque dejen de preguntar qué esa tela verde que está al lado de sus columpios.