14 de octubre de 2014. La víctima principal de los supuestos abusos sexuales presentó una denuncia ante la Fiscalía Superior de Andalucía, según los documentos que constan el sumario, al que ha tenido acceso en exclusiva andalucesdiario.es. El joven, de 24 años y actualmente supernumerario del Opus Dei, expone que ha sido víctima de permanentes abusos sexuales por parte de un grupo de sacerdotes incardinados de la diócesis de Granada, desde el año 2004, cuando tenía 14 años y hasta 2007 cuando ya contaba 17 años de edad. Explica también que, a consecuencia de los abusos, ha sufrido un trastorno de ansiedad generalizada y arritmias, lo que demuestra documentalmente. Junto con la denuncia, entregó una copia de la carta que le había enviado el 4 de agosto de 2014 al Papa en la que le contaba los abusos que había sufrido, las personas responsables como autoras o encubridoras y otras supuestas víctimas. “Las visitas a casa del sacerdote”, cuenta el joven en su carta al Papa, “se hicieron cada vez más frecuentes. De ir solo a misa, pasé a aceptar la invitación a ir a la casa parroquial a cenar, a estudiar, a pasar fines de semana completos, a pasar al menos cuatro días en semana allí…” BESOS Y MASTURBACIONES “Las prácticas sexuales fueron frecuentes, englobando desde masajes que tenía que darle, pues necesitaba relajarse, hasta, las masturbaciones y los besos constantes en la boca”, le cuenta el joven al Papa. “Para cambiarse de ropa, no podías esconderte o taparte, pues no estabas siendo natural y estabas escondiendo tu cuerpo que es natural y regalo de Dios”, le explica después. “Para la ducha...también experimenté abuso sexual ya que había que ducharse con él, pues es algo natural y la desnudez es algo bonito”, le decía Román, el sacerdote líder del grupo. “No hay que ser pudoroso y todos viven con naturalidad estas cosas, así que si tu vives aquí y formas parte de nosotros, también debes vivirlo así, de lo contrario, si no duermes en mi cama, si no te cambias de ropa delante de mí o te tapas, si no te duchas desnudo conmigo, si no accedes a los besos en la boca, sino compartes tu sexualidad con masturbaciones entre nosotros... nos estás juzgando y es porque estás repleto de trabas mentales que te impiden ser natural”. El relato de D. R. da escalofríos y resulta estremecedor para cualquiera. Lo fue para el mismísimo Papa. Junto a su denuncia ante la Fiscalía Superior, la víctima aportó la transcripción de su declaración, realizada en Pamplona el 8 de octubre de 2014, ante el delegado y notario del procedimiento investigador promovido por la Iglesia. También aportó croquis o planos, realizados por él mismo, sobre la disposición de tres de los inmuebles en los que habrían tenido lugar, total o parcialmente, los reiterados abusos sexuales: un piso ubicado en la calle Pavía en el Barrio del Zaidín de Granada propiedad de Manuel Fajardo, una casa de recreo situada en la calle Quinto Centenario de la urbanización Los Pinillos en la localidad de Cenes de la Vega y un apartamento ubicado en la urbanización Cala Verde de la localidad de Salobreña, que, al parecer, sería cambiado con el tiempo por un dúplex en el mismo lugar. Según se desprende del sumario, todos los inmuebles estarían de algún modo vinculados con el sacerdote Román Martínez Velázquez de Castro, expárroco de la Iglesia San Juan María de Vianney. EL INTERROGATORIO El interrogatorio promovido por la Iglesia revela situaciones tremendas. He aquí un extracto: -“Usted dice que las prácticas sexuales fueron constantes ¿en qué consistieron?”, le preguntan al denunciante. -“Besos en la boca, masturbaciones, de él hacia mí y de mí hacía él (me pedía que lo masturbara y que me dejara masturbar por él), duchas desnudos juntos y masturbaciones en la ducha. Me propuso realizarle felaciones a lo que me negué de forma radical y al menos 6 veces habló de penetración anal, a lo que también me negué radicalmente”. -“¿Qué hacía para convencerle?” - “Manipularme como lo llevaba haciendo desde los 7 años. Jamás olvidaré las frases: “es algo natural y la desnudez es algo bonito” cuando me trataba de tapar para cambiarme de ropa o ponerme el pijama. “No hay que ser pudoroso y todos viven con naturalidad estas cosas, así que si tu vives aquí y formas parte de nosotros, también debes vivirlo así”. “La sexualidad es algo bonito que Dios nos da para compartirlo y vivirlo. Es amor puro entre hermanos, entre hijos de Dios, y más conmigo que te quiero más que un padre de sangre”, “si no lo vives conmigo, ¿con quién lo vas a vivir?” -“¿Se vio forzado a hacerlo?” -“Por supuesto. Y cada vez que ocurría alguna masturbación, me duchaba, frotándome sin parar, llorando sin parar, sintiéndome un asco como persona. Con cada beso, me lavaba la boca, los dientes, utilizaba Listerine del asco que me daba todo, ¿por qué razones? Pues por un lado, porque si no lo vivía así, cuando luego estábamos todos juntos, me acusaba delante de todos de juzgarlos, de faltarle a la confianza que él me daba como padre, de estar pervertido y con trabas mentales pensando que la masturbaciones con él o con F. R. era algo malo. Me avergonzaba delante de los demás del grupo de ser “carca”, “retrógrado” y, sobre todo, de estar mal de la cabeza si no lo vivía como lo vivían ellos”. -“¿Se sintió amenazado?” -“Por supuesto. Tenía que acceder a todo, pues si no lo vivía “no tienes parte entre nosotros”. -“¿Tuvo miedo?” -“Pánico. Es una persona muy peligrosa. No fueron pocas las veces que me avergonzaba a voces, delante de todos y luego se hacía pasar por víctima de que no le hacía caso y no le quería. Grita, pierde el control. No duda en avergonzar o destruir a quién sea. Es capaz de montar un espectáculo en cualquier sitio, a voces y gritos desmedidos. Yo tenía ansiedad diaria, estado de ánimo bajísimo. No veía sentido a nada…”. 20 DÍAS PARA VER AL ARZOBISPO El arzobispo de Granada conoció el relato de la víctima desde el 11 de agosto, poco después de que el denunciante recibiera la llamada del Papa Francisco, según los documentos incorporados en el sumario. Pero Javier Martínez no recibió al denunciante hasta el 31 de agosto. El 15 de septiembre, Javier Martínez le envía una carta en la que le ruega que le facilite los nombres completos y dirección o teléfono u otros modos de contacto, de todas las eventuales víctimas o testigos de los hechos. “La finalidad fundamental de esta petición es la de ponerme yo en contacto con ellos en orden a poder ayudarles como pastor, y que puedan experimentar la maternidad de la Iglesia, y estar ciertos de que la Iglesia les acompaña en su dolor y hará cuanto esté en su mano para aliviarlo y repararlo”, le explica el arzobispo. “Sabes que cuentas con mi oración y con mi afecto, lo mismo que, sobre todo, las demás eventuales víctimas, y también los causantes de todo este daño. En manos de la Virgen de de los Dolores pongo vuestras vidas, las suyas y también la mía”, le dice Martínez en una carta en la que recurre a la muletillas doctrinales como respuesta a unos hechos presuntamente delictivos.