Los Reyes Magos tienen una buena fama que, si se piensa bien, no se merecen. Según el evangelio, metieron terriblemente la pata con los niños y niñas, y ya no han abandonado la triste tradición. Carbón (mojado) para ellos. La maldad, o tal vez simpleza, de los Reyes Magos ya está presente en la leyenda evangélica. Repase el lector Mateo 2.1-16 a ver si no nos cuenta lo siguiente:
  1. Los Magos informaron al rey Herodes del nacimiento de un nuevo rey. Es decir, a un monarca con un archiconocido pasado sanguinario, van y le cuentan el nacimiento de un competidor por la corona.
  2. A consecuencia de esta notable imprudencia (por ser benévolo), y al no querer luego los Magos indicar dónde estaba Jesús, el soliviantado Herodes ordenó una matanza de niños para llevarse por delante al posible rival.
  3. Se salvó Jesús porque, en sueños, el “ángel del Señor” avisó a José, y Dios a los Magos. En cambio, nadie movió un dedo ni una cabezadita en favor de los otros niños: ni el “amoroso” Dios, ni sus ángeles de la guarda, ni ninguno de los que recibieron las divinas advertencias oníricas o estaban al tanto de ellas. Aunque estas pasaran del detalle de la matanza, parece que ni a José, ni a María ni a los Magos se les ocurrió que podía reaccionar así un rey que era capaz de matar a sus propios hijos.
Conclusión: los más que estúpidos Magos, en vez de actuar con discreción, levantaron la liebre ante Herodes, propiciando así la matanza de “inocentes”, y no hicieron nada por evitarla. Vaya un comienzo, por cierto, para quien llaman “el Salvador”. No importa aquí que todo esto sea una leyenda, estoy siguiendo las consecuencias de tomarla en serio; la alternativa racional es, por supuesto, no dar crédito ni a esta ni a tantas otras inverosímiles y poco edificantes fábulas de la Biblia. Ahora, analicemos el comportamiento actual de los ya “Reyes” Magos según lo que les contamos a los niños (desde ahora esto incluye, claro, a las niñas), y lo que ellos mismos pueden percibir:
  1. ¿A quiénes echan los Reyes lo que desean? A los que se han portado bien, los que han sido buenos.
  2. ¿A qué niños echan los Reyes más y mejores regalos (según los criterios de los propios niños)? A los que ya tienen más, los más ricos.
La conclusión es obvia: los niños más ricos son los que mejor se portan, los más buenos. No ya porque lo diga un vulgar y poco fiable ser terrenal; quienes lo acreditan son unos personajes celestiales e inmortales de cuya imparcialidad no cabe dudar, y que están mejor informados que nadie, pues conocen todos los actos infantiles. De hecho, los niños entienden que la pregunta “¿te has portado bien?” de los Reyes de carne y hueso que les presentan es retórica, pues no se les puede engañar ni ocultar nada. Por supuesto, los niños no hacen estos razonamientos de manera sistemática, simplemente hay muchos que ven el percal. Yo conservo un recuerdo muy vívido de esta percepción, y sigo apreciándola en niños de hoy. ¿Qué aprende, o debe aprender, todo niño con los Reyes Magos?
  1. Que está vigilado siempre hasta en su más profunda intimidad.
  2. Que debe portarse no según sus criterios, sino los de los vigilantes. Padres, otros familiares, maestros,… y en el peor de los casos curas y catequistas, ya se encargan de transmitirles a los niños qué criterios son esos.
Si el niño es de familia pobre, aprende además:
  1. Que, por muy bien que lo haga, es malo o, al menos, no muy bueno; en todo caso, peor que los que tienen más que él.
  2. Que se merece su triste situación.
Por tanto, es su destino ser un desgraciado, y ya puede estar contento de que los Reyes le echen algo. Para paliar tanta frustración año tras año, aprende a tener deseos pobres y a conformarse. Claro, paralelamente, los niños más ricos creen merecerse su buena suerte en la vida, por su superioridad moral. Seguro que más de uno opinará que los niños tienen que aprender que la buena vida no depende de la obtención de cosas materiales como las que te puedan echar. Como diría Kojak, ¿me lo dice o me lo cuenta? Digamos sólo que este mensaje resulta útil para ayudar a que los parias se conformen con su bajo estatus económico y no den muchos problemas. El feo fraude de los Reyes podría ser en último extremo emancipador si, cuando los niños descubrieran el pastel, se rebelaran contra todo lo que supone, y, de paso, contra todo lo que les malenseñaron, como el pensamiento mágico/religioso y el resto de engaños infantiles relacionados con el más allá: ángeles, demonios, santos, Vírgenes, Dios, cielo e infierno. A este respecto, creo que es que el descubrimiento les pilla demasiado pequeños, y a muchos aún les espera ser víctimas del abuso mental de la catequesis. La prueba de que la emancipación no suele llegar es que aquellos niños embaucados, de mayores, siguen la cadena y embaucan –aunque sigan siendo pobres– con la mejor intención a sus propios hijos, pues predomina el recuerdo de lo bonito de aquella ilusión. En resumen, tanto hace dos milenios como ahora, los Reyes Magos son bastante poco recomendables para todos los niños y, en especial, para los pobres. Han sido discriminadores toda su vida, perjudicando siempre a los niños más desdichados. Sé que casi todos pensarán que, a pesar de todo, estimular en la infancia la ilusión y la fantasía es muy bueno… Seguro que sí, pero ¿eso sólo es posible mediante pensamiento mágico y engaños que pueden ser nocivos para la autonomía moral, la racionalidad y, en algunos casos, la autoestima y el inconformismo?