La coloquialización de la política me pone... muy contento porque significa la desacralización de sus instrumentos comunicativos y un acercamiento de los discursos a la vida cotidiana de la ciudadanía. ¿Cómo va a ser lo mismo un "Mire", "Mire usted" o "Mire que le diga" que un "Montoro: óyeme", así, tuteándolo, aunque en realidad, por no "vosearlo" conforme al protocolo, parece que lo rebaja y ningunea? ¿Cómo va a ser igual un "Váyase, señor González" así, a la más pura manera vallisoletana, que un fuck off a la inglesa o va t'enculer a la francesa o un simple que te den... tan de moda hoy en los estilos coloquiales. Y es que la política actual refleja e impone las tendencias populares (que alguien llamaría plebeyas) de los estilos contemporáneos. Así, el tuteo es crecientemente frecuente en mítines y reuniones más o menos multitudinarias como lo son las constantes atribuciones a las intenciones de los interlocutores, sean ciertas o no, del tipo "Vosotros sabéis, todos sabéis perfectamente, siempre habéis pensado, etc.". También son frecuentes las palabras inclusivas dirigidas a la audiencia del tipo amigas y amigos, compañeras y compañeros, camaradas, ciudadanas y ciudadanos, españoles, etc., que implican diferentes modos de valorar y considerar a quienes escuchan potenciando las funciones apelativa y expresiva del lenguaje además de la comunicativa, normalmente presente en la mayoría de los discursos. Pero, además de los dos estilos básicos (el formal o de respeto, y el más informal o de confianza) existen otras variantes que van desde el formalísimo, ya algo arcaico, de su señoría, vuecencia, su ilustrísima y los muy populares, irónicos, castizos del tipo tío, tía, colega, en su variante coloquial informal juvenil, tronco, bonito, bonita, prenda, primor, guapo, guapa, guapísimo, guapísima, feo, fea, gordo, gorda, gordi, flaco, flaca, canijo, canija, marqués, marquesa, duque, duquesa, príncipe, princesa, rey, reina, faraón, faraona, emperador, emperatriz, etc. En el mismo sentido, son frecuentes los usos figurados debidos a licencias poéticas de la parte por el todo como pijo, picha, pichita, bollo, chocho, chochito y chochete mío, mía, de mis entrañas, entretelas, alma, corazón, vida y amor. Se trata de recursos afectuosos y humorísticos muy frecuentes aunque no exclusivos de Andalucía que dan lugar a una gama amplísima de matices expresivos que retratan a quien habla y sus ideas sobre los demás, como ocurría con el estilo sainetero de Arniches que desembocó en el registro madrileño achulapado que usaba Sara Montiel y que ahora tiñe voluntariamente el tono verbal de Esperanza Aguirre, de María Dolores de Cospedal y por fin de la Vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría: "Susana, este se ha venido arriba. Menuda campaña te espera, bonita". La frase, referida al subidón que según ella ha experimentado el aspirante Juanma Moreno, ha surtido efecto comunicativo y creo que merece un breve comentario recordando que Soraya, considerada estos días por la prensa una de las seis mujeres más empoderadas e influyentes de Europa, ha debido tomar clases urgentes de español mitinero de Celia Villalobos, malagueña de pro y vieja militante de la izquierda extraparlamentaria, compañera ahora del asesor presidencial Pedro Arriola, que habrá tenido que empezar explicándole que merdellón (merde gent o gent de merde) era la forma como los viajeros franceses llamaban a las gentes castizas malagueñas, exageradas y muy acaloradas en su hablar y en su proceder; merdellonas, vaya, tanto cuando increpan al senador Pezzi en la tribuna del hemiciclo, como cuando juegan con la tableta o insultan a su conductor oficial en la salida del Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Gente sin escrúpulos, que se dirige a la Presidenta de la Junta con desconsideración semejante a la de Monago cuando encarga el famoso vídeo sobre la gente del Sur, de primera él y de segunda nosotros, amenazando a Susana Díaz con un mal trago electoral cuando lo cierto es que son y serán ellos y ellas (ya lo están siendo) quienes sufran la descomposición de su partido y la desafección de su antiguo electorado en las tres campañas sucesivas que les esperan. Desaprensivos e ignorantes que no han aprendido la lección del bumerán del 28-F.