Las elecciones generales del 20-N me despiertan una serie de reflexiones que enumero de forma esquemática:

- En primer lugar, felicitar al ganador. La ciudadanía le ha concedido la responsabilidad de formar gobierno a Mariano Rajoy y esta decisión es incuestionable.

- La mayoría absoluta del Partido Popular ha sido menos aplastante de lo previsto (tiene el mismo porcentaje que el PSOE en 2008 y casi medio millón de votos menos).

-  El PSOE ha obtenido un mal resultado en España. Sin paliativos. Ha perdido 4,3 millones de votos como consecuencia del desgaste de la gestión de la crisis. Como en otros países, en estos momentos de severas dificultades económicas paga el que está gobernando. La adopción de ciertas medidas contrarias al programa ganador en 2008, obligados por las circunstancias, ha degenerado en desencanto.

- El aspirante del Partido Popular ya no tiene excusas. Cuenta con el ejecutivo central y un inédito y extraordinario poder autonómico y local. El tiempo dirá si sus decisiones corrigen o no esta coyuntura de incertidumbre. Ya no le toca hacer oposición, sino gestionar. Habrá que estar vigilantes ante un posible desmantelamiento del estado del bienestar a cargo de la ortodoxia neoliberal.

- Se dibuja un mapa inquietante en España, con un poder absoluto del PP. Del bipartidismo se ha pasado al monocultivo de la derecha. Cierto es que se constituirá un congreso teóricamente más polifónico con muchas minorías, aunque su voz no trascenderá tanto como en la legislatura que ahora acaba. Las mayorías absolutas enmudecen la discrepancia.

- En Andalucía, el resultado no es bueno pero notablemente mejor que en el conjunto de España. Se pierde por menos de 9 puntos, frente a los casi 16 nacionales, y se dan las circunstancias objetivas para afrontar con expectativas de éxito las elecciones autonómicas de la primavera. El escrutinio final ha desmentido todos los pronósticos pesimistas de las encuestas. Hay partido. En la sede del PP andaluz hacen el mismo análisis, según avanza un periodista tan conocedor de esa casa como es Carlos Navarro Antolín en su post  Arenas, la desconfianza del lince.