Opinión

El día que dejé de creerme a Pedro Sánchez

Apoyó a Mariano Rajoy y su gobierno en el acuerdo con Rusia, para que los homosexuales no pudiesen adoptar

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Jue, 18 Mayo 2017

Ya lo sé. Me voy a echar encima a mucha gente por opinar contra el candidato, de nuevo, a Secretario General del PSOE, el señor Pedro Sánchez. Algunos amigos, por argumentar en privado lo que voy a hacer ahora por escrito, me han retirado la respuesta del wassap y no contestan mis llamadas, y esto va a causarme algún quebranto más. Es curioso que quienes se llenan la boca de “democracia real” luego no se tomen muy bien la diversidad de opiniones o la libertad de expresión. También es cierto que otros queridos amigos socialistas no han variado un ápice su afecto ni respeto, como yo a la recíproca, por apostar por aquel al que yo no me creo, ni me creí nunca. 

Pedro Sánchez ha hecho de la erótica del martirio virtud, como en esos realities shows en el que los que adoptan el papel de víctimas consiguen el favor del público. Es un claro ejemplo más de “posverdad”, de esa “mentira emocional”, que es el concepto primordial tras el término “posverdad”, en el que la verdad importa menos que un mensaje, más o menos emotivo. Ayudó las torpezas del 1 de octubre, reconocido por todos menos por  Borrel que ahora en el oportunista libro “Los Idus de octubre” -que casualmente presenta en estos mismos días-, aprovecha para ajustar en el nuevo mártir sus propias y viejas cuentas con el partido.   Así pues, convertido ya en el Santo niño mártir Pedro Sánchez, y sacado en procesión por las masas de militantes, parece que los que apoyan a Patxi López o a Susana Díaz no lo son o lo son menos,  nadie dice que debía haber presentado su dimisión. Sobre todo después de dos elecciones apocalípticamente perdidas, una investidura imposible, y no haber negociado con el PNV -que ya había pasado sus elecciones autonómicas- que apoyasen la investidura de Rajoy, como han hecho la semana pasada con los presupuestos, para no meter al PSOE en la trituradora de carne de la responsabilidad de estado que supuso la abstención.

No es que no me creyese a Pedro Sánchez por no dimitir ante tan estrepitosos fracasos y mala gestión de la situación y del PSOE. Tampoco antes, cuando siendo la personificación del aparato, el aparato en su mismidad, eso que tanto critica ahora, se midió las legitimidades con Tomás Gómez, por unas supuestas encuestas que lo dejaban mal, y destrozó el PSM, cargándose al secretario elegido por todos los madrileños y dejando, de camino, en la calle a muchos trabajadores, -periodistas, informáticos, administrativos, etc.-  hombres y mujeres, algunos a punto de jubilarse, cambiando incluso la cerradura de la sede en la Gran Vía. No seré yo quien defienda a Gómez, era evidente que ahí había un problema de medirse las legitimidades y el poder del aparato, pero si los votos de los militantes  son el santo Grial que enarbola Sánchez, no lo tuvo muy en cuenta en esa ocasión. Tampoco es que no me creyese a Pedro Sánchez cuando colgó posters en Ferraz de sí mismo, cosa excepcional hasta el momento, como si fuese una estrella de rock, en un ejercicio de Narcisismo propio del mito que dio nombre al tópico. Mucho menos  cuando, después de cargarse el PSM y montar una Gestora, eso que ahora es como el demonio para él, hizo lo mismo con la federaciones socialista gallega, dejando malheridas a sus organizaciones. No. Ni siquiera cuando se le pregunta qué es para él una nación y balbucea buscando la definición más pueril que cree le puede hacer ganar enteros donde ya tienen sus valedores independentistas y no va a ser nunca el PSOE que hasta él, ha tenido una idea de Estado, constitucionalmente solidario y respetuoso con todas las identidades regionales.

Pedro Sánchez, es cierto, llegó en un momento complicado del PSOE, y todos nos ilusionamos con la imagen de un hombre joven, aparentemente formado, que gozó del apoyo de casi todas las federaciones regionales, especialmente la andaluza y su presidenta que ahora desdeña, en lo que todos, no sólo los militantes, entendían como una renovación. Fue entonces, nada más llegar, en el verano de 2014, cuando yo me caí del caballo del César Pedro Sánchez. El ahora Santo niño mártir Pedro Sánchez, ajusticiado por mantener su fe en el “No es No”, apoyó a Mariano Rajoy y su gobierno en el acuerdo con Rusia, para que los homosexuales no pudiesen adoptar allí. Sánchez, inauguró su dirección con un trágala del PSOE que se hacía de cuerpo en una de las leyes más importantes en la historia de la democracia española abanderadas por los socialistas con Zapatero y Pedro Zerolo al frente. Él se explicó, argumentando a su balbuciente manera un supuesto interés general, que menoscababa, una vez más, el de los colectivos LGTBI  y los socialistas, con eso que ahora el mártir Sánchez denosta que se llama disciplina de partido tragó. Con todo, ocasionó un profundo desasosiego que produjo en la mayoría del partido, de los militantes y simpatizantes que ahora usa como escudos humanos, y de muchos ciudadanos que vieron mermados sus derechos frente a países homófobos, de la mano de un PP al que apoyó sin fisuras  el señor Sánchez, nada más llegar. Entre los muchos que sintieron ese golpe estaba Zerolo, que en esos momentos peleaba por su vida y que tanto luchó por la igualdad total de las parejas homoparentales, también en derechos de adopción. La diputada Carla Antonelli, manifestó tanto en declaraciones a medios como en sus propias redes, su desacuerdo con este acuerdo perpetrado por el señor Pedro Sánchez al que, antes de envolverse en el paño de pureza del “No es No” lee dijo que sí a un PP que lo usaba en una merma más de los derechos civiles conseguidos por el PSOE con mucho esfuerzo. Como dicen que por sus hechos los conocerás, yo conocí la dimensión y entidad política y humana del mártir Pedro Sánchez en este acto inicial. Ese fue, tan pronto, el día que dejé de creerme a Pedro Sánchez. 

No voy a decir que Pedro Sánchez es el toro que mató a Manolete porque sabemos que se llamaba Islero y pertenecía a la ganadería de Miura. El candidato Sánchez sólo ha sido bravo, y puede que mortal, con su propio partido. Tal vez por esa razón, se ha convertido en la opción deseada tanto por la derecha mediática, como por los      que no apoyaron su investidura en su momento. Como en el concurso de televisión, es “El Rival Más Débil”, y por eso el que esperan. Digo esto argumentándolo, no por capricho. La encuesta que ha hecho Sigma Dos para uno de los medios conservadores referenciales, le dan casi diez puntos en intención de voto. Resulta muy curioso que dicha encuesta sea prácticamente idéntica a la que hizo dicha empresa para el mismo medio cuando se presentaron en primarias Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón. Perdió, con enorme dignidad y por muy poco, Chacón, y las expectativas pronosticadas por la encuesta no sólo no se cumplieron sino que la solución  Rubalcaba fue el desastre electoral más calamitoso en democracia del PSOE hasta que lo hizo bueno el doble desastre de las últimas elecciones  con Pedro Sánchez como candidato. Lo mismo sucede con los chicos de PODEMOS, que si de algo saben es de análisis político, y han calculado bien la debacle socialista en una Francia en cuyas primarias de partido ganó el candidato Benoït Hamon, con el discurso de que había que “virar a la izquierda”. ¿Les suena?, como si la historia del socialismo francés fuese el de un partido fascista, y entre la copia y el original de extrema izquierda, el señor Mélenchon, los votantes franceses se quedaron con el original y no con la copia, con el partido amigo de PODEMOS, mandando a los socialistas franceses a quinta fuerza. Pero esto, que son sólo cuestiones exógenas al proceso de primarias del PSOE en el que todo el mundo quiere injerir, son valoraciones, no menores, pero no las más importantes. 

 No sé qué sucederá este domingo. Como decía Machado, confiemos en que “no será verdad nada de lo que sabemos”. Ojalá no nos lamentemos retrospectivamente de otra oportunidad perdida. Yo por mi parte querría que la socialdemocracia saliese reforzada en nuestro país, con una idea de estado, y con unos dirigentes que no nos defraudasen nada más llegar. Sin embargo, cada vez menos confío en la sociedad líquida y voluble, falta de profundidad y de luces largas, que se presenta ante nosotros. Por el momento, voy a ponerme el chubasquero virtual, porque me va a caer un buen chaparrón  por escribir lo que pienso. Ya me sucedió cuando me convertí sin buscarlo en el aglutinador del libro contra la guerra de Irak, cuando apoyé el derecho al matrimonio Igualitario, y soporté con orgullo los insultos de ultras, fascistas varios, y miembros del Foro de la Familia. Ahora toca el fuego amigo. Eso que dijo aquel “al suelo que vienen los míos”.  El problema de ser coherente y consecuente es que uno aúna muchos enemigos. Para hacer de la traición virtud, o de la vanidad hagiografía,  ya están otros.

 

Manuel Francisco Reina es escritor y crítico literario