Domingo, 20 de Abril de 2014
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Alfonso Cortés
El pepino español y la salchicha alemana
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Desde que el pasado 26 de mayo, ciertas instituciones alemanas culparan al pepino espanol de ser el portador de la bacteria E.Coli, responsable de la muerte entonces de ocho personas, la industria agricola de nuestro pais (una de las mas importantes de las que tenemos y mantenemos) no ha hecho otra cosa que acumular perdidas. Como suele pasar frecuentemente, los rompedores de platos, aquellos que se equivocan, no quieren reconocer sus fallos, y mucho menos asumir responsabilidades al respecto.

Esto entra dentro de lo previsible, incluso es previsible que desde Alemania señalen a otros con el dedo, y que para escaquearse del obligado pago e indemnización por daños y perjuicios, se quiera cargar a las arcas de la Unión Europea  la factura de su temeridad dialéctica. Es lo que cabe esperar de estos seres humanos. Pero también, en consecuencia, lo que cabe esperar es que el Gobierno de España y los empresarios afectados lleven a Alemania a los juzgados para recuperar el prestigio y el trabajo diario robado, y que tales juzgados les den la razón.

Más que previsiblemente, un juez daría la razón a nuestros agricultores y a nuestro Gobierno, porque lo que está haciendo Alemania es lo mismo que dar un golpe con el coche, y tratar de darse a la fuga ante los ojos de cientos de testigos. Cuando tenemos un accidente de circulación, y la culpa es nuestra (aunque lo hayamos hecho sin querer, y esto es importante), la persona a la que hemos abollado el coche entero, tiene la certeza de que nuestro seguro le va a reparar todo su vehículo, y no sólo el retrovisor.

En este sentido, no se acoge a derecho ni a la razón que sólo se quiera compensar a la industria española con una indemnización que solamente cubre la mitad de las pérdidas ocasionadas por el atropello alemán. Tampoco tiene sentido que la Unión Europea (es decir entre todos los estados) paguemos esta indemnización, ya que eso es lo mismo (trasladando de nuevo nuestro ejemplo al accidente circulatorio), que la reparación del coche afectado, aun teniendo localizado claramente al culpable, la costee el consorcio de seguros en lugar de la compañía contratada por  quien ha sido responsable del accidente.

En consecuencia, lo que todavía tiene menos sentido, es la declaración de hoy de Diego López Garrido, Secretario de Estado para la UE, manifestando (y contradiciendo a la ministra de Agricultura Rosa Aguilar) que no se debe iniciar un proceso judicial contra Alemania porque somos países amigos. Un amigo que te choca con el coche y se comporta así, no es un amigo.

Por tanto, cierro con una pregunta al señor secretario de Estado: ¿es acaso usted, siendo miembro del Gobierno de España, más amigo de la salchicha alemana que del pepino español? ¿O quizás no sabe lo importante que es un pepino fuerte y robusto para nuestra salud económica?  Y pido disculpas a los lectores y al señor secretario de Estado por este recurso, probablemente tan apolillado y facilón, pero es que no entiendo por qué tenemos que renunciar a nuestro derecho a ser resarcidos.

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación de las Administraciones Públicas y de Comunicación y Sociedad en la Universidad de Málaga

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