En plena semana de los Grammy, Estée Lauder convirtió uno de los espacios más legendarios de Hollywood en un escenario inesperado para la belleza contemporánea. El Chateau Marmont, símbolo eterno del glamour californiano, fue intervenido por la firma para celebrar el relanzamiento de su base más icónica: Double Wear Stay-In-Place Foundation, reformulada por primera vez desde 1997. El resultado fue una experiencia inmersiva, lúdica y profundamente emocional que conectó pasado, presente y futuro del lujo cosmético.

Nada más cruzar la entrada del hotel, los invitados ascendían la emblemática escalera hacia un lobby transformado en un híbrido entre recepción de hotel y estudio de belleza. Margaritas y palomas sin alcohol daban la bienvenida, mientras un botones ofrecía llaves de la simbólica habitación 10, acompañadas de una nota tan clara como provocadora: Feel free to disturb. El mensaje era evidente: aquí la belleza no es discreta, se vive y se comparte.

El corazón del evento giraba en torno al relanzamiento de Double Wear, una base que ha definido a generaciones de mujeres. La nueva fórmula promete hasta 36 horas de duración, beneficios de tratamiento mejorados y una paleta ampliada de 70 tonos, reafirmando el compromiso de la marca con la diversidad real. En el mismo lobby, los asistentes podían probar la base y encontrar su tono exacto, integrando el producto en la experiencia de forma natural, sin artificios.

Entre las invitadas destacaron algunas de las embajadoras más representativas del universo Estée Lauder, como Karlie Kloss, Imaan Hammam, Carolyn Murphy, Paulina Porizkova, Liya Kebede, Bianca Brandolini d’Adda y la recién anunciada embajadora global Daisy Edgar-Jones. Todas ellas encarnan distintas generaciones, orígenes y formas de entender la belleza, un mensaje que atravesó toda la velada.

La actriz Nia Long, también embajadora de la firma, observaba la escena desde una silla de maquillaje mientras el lobby se llenaba de conversaciones, flashes y risas. Más allá del producto, el evento funcionó como una declaración de intenciones: Estée Lauder no busca imponer un ideal, sino acompañar a las mujeres en cómo viven, se mueven y se expresan hoy.

La experiencia continuaba a través de distintos espacios diseñados para jugar con la nostalgia y el imaginario del hotel. Cabinas telefónicas de madera y moqueta, equipadas con teléfonos negros de disco, invitaban a posar como si se tratara de una llamada secreta. En otro pasillo, un estudio de espejos multiplicaba reflejos mientras la palabra More —mantra visual del lanzamiento— aparecía una y otra vez, reforzando la idea de más duración, más tonos, más libertad.

La historia de la marca también tuvo su lugar. Un corredor forrado de libros dedicados a Estée Lauder rendía homenaje a la fundadora, con una de sus frases abiertas al azar: Ir a fiestas maravillosas es una celebración. Pero dar una fiesta maravillosa es un regalo que haces a tus amigos”. Difícil encontrar una definición más precisa de lo que estaba ocurriendo esa noche.

El recorrido desembocaba en salas pensadas para el disfrute colectivo: juegos gigantes, mesas de billar personalizadas y cócteles preparados al momento. Todo, una vez más, marcado por la palabra More, no como exceso, sino como evolución.

A las diez de la noche, una cortina de terciopelo rojo se abrió finalmente para revelar una pista de baile iluminada por una bola de disco. El gesto cerraba el círculo: belleza, historia, celebración y comunidad. Un recordatorio de que el lujo contemporáneo no se limita al producto, sino a la experiencia emocional que lo rodea.

Con esta intervención en el Chateau Marmont, Estée Lauder no solo celebró una base reformulada, sino su capacidad para seguir siendo relevante casi tres décadas después. Double Wear no ha perdido su estatus de icono; simplemente ha aprendido a crecer con las mujeres que la eligen. Y en un lugar donde tantas historias han comenzado, la marca dejó claro que la suya está lejos de terminar.