Hijo de ganaderos de Tapia de Casariego y policía de operaciones especiales desde hace más de dos décadas, Pelayo Gayol se ha convertido, casi sin proponérselo, en uno de los rostros más reconocibles del trabajo policial de élite en España. Tras su paso por G.E.O. Más allá del límite, el inspector vuelve a situarse en primera línea con Pelayo. Más allá del límite, la nueva docuserie Original de Prime Video donde se traslada al corazón del narcotráfico en Colombia.
En una conversació con ElPlural.com, Pelayo reflexiona sobre la exposición pública, el miedo como herramienta de supervivencia, la relación entre fe y violencia, la responsabilidad del consumo en países como España y la imposibilidad de soluciones simples ante un problema transversal.
P: ¿Qué piensa un hijo de ganaderos, de Tapia de Casariegos, al ver su cara y su nombre en el cartel de una serie de Amazon?
R: Eso me pregunto yo también. Aunque no crea mucho en el destino, sus caminos son inescrutables. A lo largo de mi vida, se han ido dando un cúmulo de casualidades. Me hice Geo siendo ganadero y un amigo mío me enseñó unos coleccionables llamados cuerpos de élite. Salió una publicación sobre los Geo y ahí empezó todo. La vida te va dando bandazos, te dejas llevar y vas haciendo los deberes.
P: ¿Qué ha significado tener que salir del anonimato?
R: Es chocante. Además, los que somos de la vieja escuela nos hemos educado en el perfil bajo y en el hecho de que, cuanto menos gente sepa quién eres, muchísimo mejor. En este trabajo tienes que ser muy reservado. Sin embargo, por una decisión de la Dirección General de la Policía, se hace el producto audiovisual Geo, más allá del límite, mi cara resulta ser la más visible, y como quien dice, lidero ese proyecto. A pesar de que en un principió fui reacio, es innegable que fue un acierto ya que se consiguió poner sobre la mesa el valor y el sacrificio de los servidores públicos. He tenido que pagar el peaje de que mi cara sea conocida. A pesar de todo, sigo tomando mis medidas de seguridad y seguiré siendo policía hasta que me muera.
P: ¿Te produce contradicciones la espectacularización del trabajo policial?
R: No creo que sea un espectáculo. Siempre hemos llevado todo de una forma muy contenida y huyendo de Hollywood. No creo que ni en Geo, más allá del límite ni en Pelayo, haya un atisbo de exageración. Son productos con los pies en la tierra. De hecho, si tuviese un defecto, es que son demasiado reales.
P: Te trasladas a Colombia, país de origen de la cocaína. Las fuerzas de seguridad colombianas han de tratar con grandes señores de la droga, terroristas y paramilitares. ¿Están preparados?
R: Son profesionales muy motivados y con un objetivo claro. Sufren este problema desde un punto mucho más violento que nosotros. Es un país productor de cocaína y arrastran problemas históricos. Sin embargo, son personas que intentan que el ciudadano no sufra lo que han sufrido familiares y amigos. Además, hacer de Colombia un lugar de paz.
P: ¿Qué tal lo ha llevado el cámara y el resto del equipo?
R: En la zona de punta de lanza eramos un equipo muy reducido por motivos obvios y todos tenían una preparación previa. Por ejemplo, el sonido lo llevaba Miller, ex militar de operaciones en Colombia. Todos los demás, cámara, director, producción, habían recibido formación táctica y paramédica. Hicieron los deberes antes de empezar.
P: Hay un momento en el que llegas a una plantación de coca y señalas la contradicción de que un paraje natural pueda desembocar tanta desgracia.
R: La planta no es la enemgia. El problema comienza después. El primer explotado es el agricultor. Casi esclavizado para ganarse unos pesos y llevar el pan a casa. El proceso va deteriorándose y desemboca en toda la muerte que genera en el mundo este puñetero producto.
P: España es uno de los países donde más cocaína se consume. ¿Por qué?
R: No sé qué país será el que menos o más consuma, pero es una lacra. Todos tenemos una parte de culpa en todo esto. No podemos pensar que el consumidor final es el único culpable de todo el mal que causa la cocaína. Comprendo que cada uno dirá que con su vida hace lo que quiere, pero debe tener en cuenta que tus decisiones te hacen partícipe de todo lo que está sucediendo.
P: ¿Qué papel juega Estados Unidos en esta problemática?
R: Es un error táctico pensar en un solo país. Tenemos que concienciarnos de que es un problema global que afecta a todos los estamentos sociales. El enemigo tiene un presupuesto ilimitado, corrompen y motivan gente. El problema no es es solo EE.UU ya que Europa también es muy similar.
P: De tu paso por Colombia, ¿escuchaste algo sobre Nicolás Maduro y el Cartel de los Soles?
R: Sobre lo sucedido con Maduro solo puedo hablar de operaciones tácticas. No tengo otros datos. Se habla de Venezuela, pero también de Peru, Argentina, Estados Unidas y Europa.
P: ¿Cómo lidia un padre la entrada de drogas en el entorno familiar?
R: Tengo hijos adolescentes, así que imagínate mi problemática. Hay que tener mucho diálogo y hablarles con crudeza. Por mucho que hables de un hijo, nadie está exento de que una mala influencia pueda truncarles la vida. Tienen que saber qué es la droga, qué provoca y eliminar todo el glamour que las rodea. Y me refiero a todas las sustancias. Vuelvo a decirte lo mismo, es un problema transversal que contamina a todo el mundo.
P: En la serie, Dios ocupa un papel muy importante.
R: En Hispanoamérica siguen siendo muy creyentes. De hecho, lo malos, antes de emprender viajes y fechorías, se encomiendan a Dios y a sus santos de turno. Hay sicarios que ruegan a Dios para que salga bien su asesinato. Es curioso cómo se malinterpreta una religión que quiere el bien para todos.
P: En un momento, un cura te dice que no teme a las bandas sino a otros poderes.
R: Monseñor es un claro ejemplo de alguien que utiliza la religión para hacer el bien y pacificar una zona con una violencia exacerbada. Me dijo que era una figura intocable para las bandas. Entonces, le pregunte por qué llevaba escolta y coche blindado, y me miró como diciendo que hay gente más importante que las bandas.
P: Una parte de la clase política y empresarial se aprovecha del narcotráfico.
R: Obvio.
P: En tu profesión, la muerte se vive de cerca.
R: Es el oficio que hemos elegido. El otro día me preguntaron cómo se llama el ir hacía el peligro en vez de huir de él. Expliqué que si hay un fuego, quizás no iría. Sin embargo, un bombero lo haría de forma inmediata. Eso es la vocación de servicio público. Ayudar en situaciones de crisis. Uno elige este oficio y debe estar ahí para lanzar el penalty.
P: ¿Qué papel juega el miedo?
R: El miedo es algo que no puedes evitar y es una herramienta buenísima. De hecho, es necesario como modo de supervivencia de la especie. Lo que no puedes caer es en el pánico. Tienes que ser vivo, cuco y saber qué tipo de situación te rodea para evitar que el pánico te bloquee.
P: ¿La legalización de las drogas serviría de algo?
R: ¿Cuántas discusiones ha habido sobre este tema? En un mundo idílico te contestaría que con educación se soluciona todo. Si hablo con mis hijos, les cuento lo que hay y ven claramente que el consumo de sustacias tóxicas es un problema, no comprarían, no consumirían y se acabaría el problema. Sin embargo, el mundo no funciona así. Por otra parte, ¿legalizaríamos todas las drogas? ¿La cocaína sí y el fentalino no? Hay muchas inconcruencias en este tema. Puestos en la situación teórica de legalizar absolutamente todas las sustancias tóxicas, por mucha educación que le dé a mis hijos, congoja pensar que puedan comprar heroína cuando cumplan 18 años en una tienda debajo de casa. Ahora mismo, por muy fácil que sea consumir, ya te tienes que buscar la vida. Llevamos discutiendo sobre esto toda la vida y no vamos a llegar a una solución ya que son todas muy utópicas. Cuando pienso en legalizaciones y soluciones mágicas, pienso en la juventud y toda esa gente que todavía no está formada y por ello pueda tomar malas decisiones. Me preocupa mucho todo esto. No existe solución única ni fácil.