Ser madre o no, una cuestión que, por factores prácticamente sociales y económicos, se ha ido aplazando en los últimos años, porque ya no se trata de una decisión puramente médica. En muchas mujeres pesan también las expectativas familiares, la presión social, la situación laboral, la pareja o, sencillamente, la incertidumbre sobre el futuro. En ese terreno se mueve buena parte del trabajo de la doctora Juana Crespo, ginecóloga y experta en reproducción asistida de la Clínica Juana Crespo de Valencia.
Pese a la creciente popularidad de la congelación de óvulos, continúa siendo un proceso mucho menos sencillo de lo que a veces se presenta y, para arrojar luz, la doctora aborda desde el perfil de las mujeres que atiende hasta desmontar los falsos mitos de la reproducción asistida.
PREGUNTA (P): Con los datos sobre la mesa acerca de la reproducción asistida en España, ¿estamos ante un cambio de reloj reproductivo en las mujeres o, en cambio, una sociedad que está tratando de adaptar la maternidad a otros ritmos?
RESPUESTA (R): El reloj reproductivo de la mujer no ha cambiado, sigue siendo el mismo. La máxima probabilidad de embarazo se da en la década de los 20 años. Este salto en el retraso de la maternidad no ha sido de golpe, llevamos varias generaciones en las que progresivamente se ha ido posponiendo la maternidad hasta llegar al punto en el que estamos hoy: una edad que ronda los 40 años, en la que conseguir tener un hijo es muy difícil.
Gracias a las condiciones de vida, a la alimentación, a la ciencia y a la medicina, esa barrera de la edad no impacta igual en nuestro cuerpo, en nuestra mente, ni en nuestro estado de salud como en otras épocas. Hemos prolongado la esperanza de vida, podemos retrasar fácilmente la maternidad gracias a la anticoncepción, curamos muchas enfermedades y la vida se ha ido adaptando a esta mayor longevidad que llenamos con más actividad laboral, profesional y de ocio, pero, el reloj biológico no ha experimentado esta “evolución”.
Hay una gran amalgama de motivos para retrasar la maternidad: profesionales, económicos, laborales, emocionales, sociales…. Todos ellos reflejan que ser padres jóvenes no es una prioridad. La cuestión es que, más allá de debates sociales, la planificación de la fertilidad es una herramienta que puede ayudarnos a tener mayor libertad y restar presión en la realidad que tenemos actualmente.
P: ¿Ha dejado de influir la presión social en las mujeres en sus 20 años o inicios de los 30 para ser madres y, por ello, este método se ha convertido en una alternativa más recurrente?
R: La educación reproductiva va haciendo que sea una alternativa cada vez más recurrente, aunque todavía minoritaria. Supone solo entre un 5% y un 7% de los tratamientos en clínicas de fertilidad.
El problema está siendo que muchas mujeres acuden a preservar sus óvulos tarde, con una media de edad en torno a los 37 años, cuando lo recomendable es hacerlo antes de los 35, y lo ideal, a los 25. La presión social a los 20 y a los 30 se ha reducido y reaparece más adelante en forma de "presión médica": a partir de los 35 años. Lamentablemente, en ese momento la reserva ovárica es más escasa y la calidad de los ovocitos menor. Por lo tanto, la presión no se ha eliminado, sino que simplemente se ha procrastinado.
Para evitar esa urgencia médica y maximizar las posibilidades de éxito, lo ideal es vitrificar ovocitos antes de los 35 años; idealmente, antes de los 30. En esa franja de edad, con un solo ciclo se pueden obtener entre 10 y 15 óvulos de excelente calidad, lo que nos permite ofrecer —con nuestras tasas de embarazo auditadas— un porcentaje de éxito muy elevado, cuando la mujer decida utilizarlos, ya sea a los 38, a los 40 o a los 49 años.

P: ¿Hasta qué edad considera que la sociedad ve con buenos ojos ser madre?
R: Hasta hace unos años existía un amplio consenso para fijar el límite de los tratamientos de fertilidad en los 50 años, la edad aproximada de la menopausia y el tope biológico del embarazo natural.
Sin embargo, la realidad social y personal de cada paciente es muy diversa. En la práctica, nos encontramos con mujeres que han tenido a su primer hijo a los 46 o 47 años y disponen de embriones congelados de su proceso anterior. Si la paciente se encuentra en un estado de salud óptimo, el papel del médico es valorar de forma individualizada si su cuerpo puede afrontar una gestación con total seguridad. Una cosa es el debate o la percepción social sobre la maternidad tardía y otra muy distinta la realidad médica y el estado de salud de la mujer.
En nuestra clínica establecemos el límite en los 50 años para el primer embarazo, ampliable a los 51 si ya existen hijos previos y embriones congelados, y siempre bajo una premisa fundamental: que no exista riesgo ni para la madre ni para el futuro bebé.
P: ¿La congelación de óvulos es ya un cambio de paradigma? Bien por motivos sociales o profesionales, en caso de que pueda entenderse como una posibilidad o un seguro a futuro.
R: Más que la congelación de óvulos, que en realidad es una técnica de laboratorio dentro de un tratamiento, el cambio de paradigma viene del concepto de planificación reproductiva.
Hasta hace pocos años se hablaba de la planificación familiar como medida contraceptiva. Se daba la posibilidad a la mujer de planificar para no tener hijos. Ahora estamos hablando de la planificación reproductiva, es decir, poner en manos de la mujer la ciencia para que pueda decidir cuándo tener hijos con la libertad que ello supone.
P: En clave de salud mental, ¿qué supone para la mujer congelar sus óvulos? Tanto a la hora de tomar la decisión como posteriormente decidir ser madre a través de esta opción.
R: El impacto emocional de la preservación de la fertilidad varía en función del motivo que lleva a la mujer a tomar la decisión. Cuando se realiza por motivos médicos -como el tratamiento de un cáncer-, la decisión aporta seguridad y, sobre todo, esperanza. Permite proyectar el futuro más allá de la enfermedad: la lectura es que el proceso médico se superará y que, al recuperarse, sus opciones de ser madre seguirán estando. Lograr la maternidad tras superar una enfermedad grave supone una gran satisfacción y el cierre de una etapa difícil.
Cuando se realiza por motivos sociales, tomar la decisión resulta profundamente liberador, ya que elimina la presión del "falso dilema". La mujer ya no siente que deba elegir de forma excluyente entre ser madre o desarrollar su carrera profesional, consolidar una pareja o disfrutar de su juventud.
Posteriormente, cuando acuden a los 40 años —solas o en pareja— para buscar el embarazo y comparan su situación con la de quienes no preservaron, el sentimiento dominante es de alivio y gratitud. Las frases más repetidas en consulta son siempre: “Qué bien que lo hice”, “Menos mal” o “Ha valido totalmente la pena”.
El 85% vitrifican ovocitos por motivos sociales: mujeres sin pareja y carreras profesionales muy exigentes
P: ¿Cuál es el perfil de sus pacientes? Me gustaría ahondar en si ha trabajado con un caso que se haya diferenciado del resto.
R: Cuando iniciamos la vitrificación, allá por los años 2008-2009, las primeras pacientes lógicamente eran por motivos médicos. Actualmente en la clínica, el 85% vitrifican ovocitos por motivos sociales: mujeres sin pareja y carreras profesionales muy exigentes son los motivos más frecuentes. Además, tenemos un 3% de personas trans que realizan la preservación antes de la transición de género.
El caso que más me ha cambiado la vida es el de mi propia sobrina. A los 17 años tuve que operarla porque le estalló un endometrioma. Cuando pusimos a punto la técnica vitrificación ella tenía 24 años. Le vitrifiqué dos tandas de ovocitos para asegurar su futuro reproductivo. La vida me ha devuelto esa capacidad estratégica en forma de Gonzalo. Mi sobrina, con 44 años, ha tenido el niño más bonito del mundo con ovocitos que vitrificamos 20 años antes.
P: La congelación de óvulos es un proceso privado. ¿Considera que la sanidad pública, eventualmente, podría abrir la puerta a cubrirla si la demanda o las necesidades de las mujeres crecen?
R: Debería, sin ninguna duda. Pero además debería auditar sus resultados. Somos insostenibles demográficamente y los políticos debieran entenderlo así. En la actualidad, solo Galicia tiene contempla esta posibilidad, pero confiamos en que, poco a poco, se vaya extendiendo.
P: Cabe no olvidar la edad del óvulo si marca distancias con la de la madre a la hora de realizar el procedimiento. ¿Qué hay que tener en cuenta en estos casos?
R: La gran ventaja de la vitrificación de óvulos es que las características de estas células en cuanto a calidad no varían mientras están vitrificados y bien conservados en el laboratorio. No importa el tiempo que pasé, ahora bien, a la hora de elegir un tratamiento de preservación de ovocitos hay que tener en cuenta varios aspectos.
La variable del precio: seguridad, calidad, trazabilidad, resultados auditados… También la calidad del laboratorio, elegir una clínica con un laboratorio de máxima precisión, garantiza que tus óvulos, pase lo que pase, estarán cuando los necesites. Contaminación cruzada, sistema de videovigilancia para emergencias, seguridad en el proceso….. Desgraciadamente ha habido casos en los que se ha producido pérdida o contaminación del material biológico.
Información real sobre cuántos ovocitos van a obtener en función de la edad en un solo ciclo y la calidad de los mismos. Por ejemplo, en nuestra clínica con una media de 35 años estamos obteniendo entre 10 y 15 ovocitos de excelente calidad en una sola estimulación. Lo que supone menos tiempo, menos gasto en medicación, menos pinchazos y mejores expectativas.
Muy importante: los resultados de embarazo evolutivo por ciclo que tiene la clínica en las mujeres que vitrificaron ovocitos. En realidad este es el mejor dato. En nuestra clínica, el 99% de las mujeres que vitrificaron ovocitos menores de 35 años han tenido hijos.

P: Los datos de natalidad en España no apuntan a un escenario favorable debido a factores como el retraso de la emancipación de los jóvenes y su precariedad laboral y económica. ¿Qué papel juega en el presente y podría jugar a futuro la reproducción asistida para estas generaciones y las que vendrán?
R: Mi consejo como profesional con muchos años de experiencia es que deberíamos incorporar nuestra salud reproductiva como prioridad y a los 30 años vitrificar óvulos o semen. Este es el tratamiento que hoy por hoy te va a aportar las mejores tasas de éxito a un futuro.
Y si ya tienes los 40, pues no pierdas ni más tiempo ni más óvulos y ven a vernos, porque la maternidad madura, a partir de los cuarenta, es una especialidad y un reto en sí misma.
P: En estos tiempos que corren, se habla con especial énfasis de bulos y desinformación. ¿Cuáles son los estereotipos y falsos mitos más extendidos sobre la reproducción asistida?
R: Desafortunadamente, existen todavía muchos mitos y desinformación en torno a la medicina reproductiva. El más frecuente: "Relájate, con 40 años eres joven". Los 40 no son los nuevos 20 en reproducción.
En el plano médico, el mito más peligroso es la creencia de que las estimulaciones ováricas pueden provocar cáncer. Esto es falso y la evidencia científica demuestra que los fármacos actuales son seguros.
Que las TRA provocan niños con problemas: cuando comparamos por edad y por motivo de esterilidad los problemas en la descendencia son los mismos en reproducción natural o artificial. Por eso debemos presionara guardar material joven y sano.
Otro problema está relacionado con los costes del tratamiento. Existe confusión debido a la proliferación de "packs" comerciales, ofertas o garantías que dificultan que los pacientes entiendan qué incluye realmente cada proceso y comparen opciones de forma transparente.
Tampoco son ciertos otros mitos muy arraigados, como que la estimulación "agota" la reserva ovárica -en realidad solo rescatamos los óvulos que el propio cuerpo iba a descartar ese mes- o que la congelación afecta a la calidad del futuro bebé. Hoy en día, la investigación y la precisión técnica nos permiten ofrecer un proceso seguro, transparente y riguroso.
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