Termina hoy la historia de Jesús Neira con su triste fallecimiento. La tragedia de un profesor universitario que, convertido en héroe por una valiente actuación e inflado de popularidad, pasó a ser un personaje mediático estancado en el frecuente ridículo y con un rostro escasamente humano. Políticos y medios de comunicación se aprovecharon de su honrosa actuación para, una vez hundido públicamente, darle la espalda. Neira había desaparecido hace mucho de la memoria de los medios cuando sus problemas físicos le llevaron a un derrame cerebral que ha terminado con su vida. Neira deja una vida de trabajo universitario, junto con un dudoso paso por los medios de comunicación y por las tribunas de opinión política. Lecciones para cadenas de televisión y medios sin escrúpulos.

2 de agosto de 2008. El profesor de Teoría del Estado Jesús Neira interviene en un forcejeo entre Antonio Puerta y Violeta Santander; Neira sufre una paliza a manos del supuesto maltratador (moriría sin haber sido juzgado) e ingresa en el hospital de Majadahonda en estado de coma. A pesar de que medios como El Plural indagaran posteriormente en el hecho de que las heridas sufridas no fueron los únicos determinantes del terrible desenlace final —Neira sufría de dolencias varias—, unos meses después este sale del hospital convertido en un héroe contra la violencia de género.

Todo bien hasta ahí. La siempre oportuna presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, le ofrece a principios del año 2009 un puesto destacado en el Observatorio contra la Violencia de Género de la Comunidad de Madrid. El propio Neira declarará posteriormente que por cada reunión como asesor se embolsaba 1.000 euros. Los colectivos feministas dudan de que una persona que no tiene cualificación para este dominio pueda sentar cátedra en dicho dominio. Pero para el PP, con Juan José Cortés, padre de Mariluz, nombrado en 2010 asesor para la reforma del Código Penal, todo es posible. Poco después de su nombramiento, el héroe más admirado anuncia que está preparándose para obtener la licencia para llevar armas, lo que provoca un segundo revuelo.

Neira frecuenta cada vez más los platos televisivos y ya no se limita a contar su experiencia personal, sino que participa en casi todos los debates políticos con opiniones incendiarias: insultos al entonces presidente Zapatero —y a sus hijas, de las que llegó a decir que pesaban cien kilos— y al líder del PSM Tomás Gómez, diatribas contra la democracia española y contra la Constitución, etc. Para Neira, la Constitución Española había servido para legitimar un engaño nacional y una falsa democracia. Estas posiciones políticas quedaron fijadas en “España sin democracia”, libro en el que el profesor pedía explícitamente la ilegalización del PSOE y del PNV, entre otras medidas impensables en una sociedad abierta como la española.

Su declive no se hizo esperar: limitado ya al programa “El gato al agua” de Intereconomía, Jesús Neira denuncia un complot de espías para obtener información de su pasado. Entre acusaciones de haber sido supuestamente protagonista de agresiones a una compañera sentimental en el pasado, Jesús Neira es multado en septiembre de 2010 por triplicar la tasa de alcoholemia al volante. Lejos de pedir perdón, el profesor condena una conspiración de la Comunidad de Madrid contra su persona. Esperanza Aguirre suprime su puesto en el organismo contra la violencia de género, de escaso recorrido y aún inferior actividad y resultados. En octubre de ese mismo año se suicida Antonio Puerta, aún no juzgado y acosado por los medios de comunicación. Solo unos días después, Jesús Neira es hospitalizado por una hemorragia interna. Su estado empeorará hasta entrar en un coma del que saldrá; no obstante sus días como personaje público están contados. Neira desaparece para los medios, extenuado por una exposición pública que le había llevado a delirantes declaraciones públicas y a su propio hundimiento. El silencio recorre el triste fallecimiento de un profesor que en los años setenta llegó a militar en el Partido Socialista Popular de Enrique Tierno Galván.