Seguro que quienes lean estas líneas han escuchado en los últimos meses o años frases del tipo “¿Dónde vamos a llegar?”, “el mundo está cada día más loco” u otras en las que las palabras pueden cambiar aportando un tono más o menos fuerte a la oración, pero que dejan el mismo mensaje. Y para qué engañarnos, éste no es demasiado esperanzador.

En este contexto, parece que la violencia prolifera a todos los niveles. Muchas veces en situaciones que no son comparables -no se puede equiparar un mensaje en redes sociales, aunque haya algunos que traspasen todas las líneas rojas, con las intenciones de Donald Trump en Gaza o, de estricta actualidad, en Irán-, pero sí hay componentes que afectan en cualquiera de estas direcciones.

“Está de moda ser reaccionario”. Con esta convicción nos recibe al otro lado del teléfono Rebeca Cordero, profesora titular de Sociología Aplicada en la Universidad Europea de Madrid (UEM). La docente lo ha analizado en su trato diario con jóvenes, aunque asegura que es un fenómeno que se está dando en todas las generaciones, aunque a menor escala. Ahora bien, ¿por qué ocurre esto?

El factor más determinante, aunque no el único, sea seguramente las redes sociales. “Es una tendencia que se construye desde el mundo digital, que desde estos apartados amplifica los mensajes”, indica, añadiendo que “antes solo éramos consumidores de información a través de medios oficiales y legítimos y ahora nos hemos convertido en prosumidores”. “Esto significa que tenemos la capacidad de crear, transmitir y construir mensajes, convirtiéndonos en creadores de opinión”, detalla, concluyendo que “en este momento, la opinión se ha sobrepuesto a la información, generando infinitas corrientes de opinión, algunas sin un sustento verificado”.

Las tres P y el marketing 3.0

En el escenario internacional, con una extrema derecha en pleno auge y mensajes completamente populistas y que parecen sacados de una época en blanco y negro, mucha gente se cuestiona por qué cala esta forma de entender las cosas y cómo es posible que haya personas al frente de sus países -y en gran medida del mundo- con el insulto como base de su programa electoral o incluso acorralados por casos.

Aquí, la fuente de estas líneas alude a la teoría de las ‘tres P’ (polarización, posverdad y populismo) y el marketing 3.0, mediante los cuales “se generan discursos muy polarizados basados en lo superficial y lo emocional, fácilmente consumidos por todos” en un momento en el que “incluso comunicadores que son ‘vendedores de opinión’ modifican mensajes sin pudor”. “Las fake news triunfan porque no son una mentira total, sino una transformación del mensaje”, ejemplifica Cordero.

Las fake news triunfan porque no son una mentira total, sino una transformación del mensaje

Haciendo un repaso a la historia más reciente, sitúa que “con los partidos de nueva creación -aquí en España Ciudadanos, Podemos y posteriormente Vox- se empezó a usar las redes para segmentar la incidencia de voto, siguiendo el modelo de las elecciones de Obama”. “A partir de ahí, basándose en lo que Peter Mair -historiador y politólogo irlandés- califica como “partidos cártel”, empiezan esas tres P”.

"Se cuestiona absolutamente todo"

Por supuesto, no se puede entender la victoria del magnate estadounidense sin el movimiento Make America Great Again (MAGA), como no se comprende la subida de Vox sin la red empresarial y derivados que lo sostienen, pero también la clase obrera, sacudida además por varias crisis sucesivas (2008 en el caso de España, pandemia del Covid, guerras, genocidios, etc.) vira hacia estas posturas. Y no son pocas las veces que insultan al contrario para justificar su decisión.

De nuevo, la añoranza por un pasado que nos venden como idílico, aunque no lo fuera para nada, el enemigo único y las redes sociales como escaparate de lo perfecto, aunque en la práctica se aleje mucho de ser siquiera mínimamente positivo. “En un momento de vacío existencial y comparación constante con las vidas idílicas de las redes, surge la construcción de la identidad desde extremos reaccionarios para obtener mayor reconocimiento social”, evidencia la docente, rescatando que Trump “ganó diciéndole al americano medio que había perdido su lugar por la cultura ‘woke’.

Preguntada por la última inclusión de Estados Unidos en Irán y la situación a finales del siglo XX y principios del XXI en Irak, la socióloga explica que después de varios conflictos, la situación en el mundo parecía “más amable”, se celebrara el haber alcanzado derechos y el país de las estrellas y barras ahora se ve desafiado por el poder de las BRICS (sobre todo China, aunque en menor medida también India o Brasil).

Frente a todo el caldo de cultivo, no cree que se haya perdido el poder o las ganas si se prefiere de protesta (ésta ha quedado muy palpable, por ejemplo, cuando el país salió a la calle contra el genocidio en Palestina), pero que la forma de manifestarse ha cambiado: “Ahora se cuestiona absolutamente todo (…) Y no es negativo cuestionar con un sentido crítico, pero sí que se cuestione la propia democracia”. “No podemos sentir que los derechos y libertades consolidados, como el matrimonio homosexual, están seguros para siempre, porque siempre puede surgir una narrativa que los cuestione”, concluye con una especie de aviso a navegantes.

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