Desde las primeras técnicas empleadas para tratar heridas y traumatismos hasta las complejas operaciones que se llevan a cabo a día de hoy, la cirugía ha experimentado importantes y revolucionarios cambios Desde entonces se han ido superando retos y realizando grandes conquistas.

Abulcasis, considerado el fundador de la cirugía moderna, jamás podría haber imaginado en aquella Córdoba del S. X, hasta dónde se ha llegado.

La cirugía persigue ser cada vez menos invasiva. En este sentido la laparoscopia supuso un salto de gigante respecto a la cirugía abierta convencional.   

El fin es “dañar la menor cantidad de tejido sano posible”, explica el doctor Luis Ley, neurocirujano del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid.

En esta línea se tiende a hacer cada vez incisiones más pequeñas y a utilizar los orificios naturales del cuerpo para llegar a las zonas a tratar.

Mejor recuperación y menos complicaciones

Esto comporta importantes ventajas, favorece la recuperación del paciente y reduce la posibilidad de complicaciones.

Las mejoras técnicas han hecho posible, entre otras muchas cosas, operar los tumores de hipófisis, una glándula que controla la producción de gran número de hormonas, a través de la nariz.

El doctor Ley es especialista en este tipo de intervenciones, que son factibles “gracias a los endoscopios y a mejores instrumentos quirúrgicos”.

“A principios del S.XX ya había un cirujano que quería hacer este tipo de cirugía”, recuerda este médico, sin embargo, no fue hasta “principios del S.XXI cuando se hizo posible”.

Esta forma de operar es “más segura, eficaz, cómoda y s precisa”, lo que hace que sea menor la morbilidad y las complicaciones.

Personal especializado

Sin embargo, a la tecnología hay que sumar otro factor clave. Es fundamental que el personal esté entrenado.  “Hay que saber cómo y cuándo usarla y tener un equipo especializado”, resalta el doctor Ley. Este tipo de intervenciones, por ejemplo, “se realiza con un otorrino”, puntualiza.

Más posibilidades

Los tumores de hipófisis benignos suelen ser los más frecuentes, y, por tanto, los que el equipo, formado por este neurocirujano y el jefe del servicio de Otorrinolaringología del mismo Hospital, Carlos Ruiz Escudero, opera de forma más habitual.

No obstante, “se está empezando a ampliar la utilización de esta técnica a otros tipos de tumores”, precisa. “Hasta ahora estaba pensada para acceder a tumores de la base del cráneo, que no necesariamente están en el cerebro. Algunos se sitúan en la pared, pero afectan a su contenido. De esta manera se llega a esta compleja zona sin necesidad de desmontar todo el cráneo”, expone.

“Hasta la legada del endoscopio, también se hacía este tipo de operación a través de las fosas nasales, pero el grado de destrucción de éstas era mucho mayor y el campo era mucho más limitado, porque solo se podía llegar a ciertos tumores que estuvieran localizados en un pequeño sitio”, apunta.

“Ahora podemos llegar a tumores más grandes, más complejos y que no están tan localizados, y hacerlo sin dañar el aparato respiratorio, que es bastante más sensible e importante de lo que la gente piensa”, sostiene.  

Hacia la robotización

A la hora de desarrollar tipo de intervenciones, el navegador resulta clave. “Se trata de una herramienta que no solo se utiliza en neurocirugía y que nos dice dónde estamos en el espacio”. Tratándose de la cabeza, esto adquiere, si cabe, mayor relevancia, dado que “la localización no es fácil desde fuera, no hay estructuras anatómicas simples que podamos ver. Tenemos que hacer incisiones muy chiquititas y tener mucho cuidado con los tejidos”, destaca el doctor Ley.

El neuronavegador “nos permite saber dónde estamos dentro del cráneo”, recalca. Y en este aparato, además, está el futuro de la cirugía. “Es la primera parte de la robotización”, adelanta este médico del Hospital Quirónsalud de Madrid, “el gran avance que emergerá en muy poco tiempo”.