Elena Reinés hablaba hace escasos meses con ElPlural.com para explicar las líneas de su proyecto, Woke Up, que puso en marcha junto a varios compañeros para que la izquierda, especialmente joven, tuviera voz en internet, un espacio del que parece que se han apropiado los sectores más conservadores y ultras, capitaneados entre otros por Vito Quiles o Bertrand Ndnongo.

El espacio sigue creciendo como la espuma en X o Instagram, pero ella ha decidido hacer un alto en el camino. No por casualidad. No por capricho. Sino como respuesta a una campaña como nunca la había sufrido. “Estaba siendo desmedido. Era insostenible”, lanza de forma tajante en conversación con este periódico.

Todo surge cuando la periodista y creadora de contenido desmiente un bulo derivado del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), que la derecha y la extrema derecha han vuelto a aprovechar para esparcir sus mentiras y su odio, sin guardar un ápice de respeto a las víctimas.

“Cada vez que entraba a mi perfil había gente diciéndome que me iban a dar de hostias por la calle, que me iban a cortar el pescuezo, que ojalá me violaran los moros a los que defiendo, entre otras barbaridades”, expone desde el otro lado del teléfono. El punto de inflexión -o uno de ellos- llegó hace unos días, coincidiendo con un acto que iba a desarrollar en el Movistar Arena de Madrid con el humorista Solo Palique: “Me escribieron diciendo que iban a ir al evento a pegarme; que iban a reventarlo, y un montón de mensajes pidiendo que me suicidara”.

“Siempre pensamos que son insultos que se ponen por las redes y se quedan ahí, pero que te digan que digan que te van a reventar la cara a hostias por la calle y que van a buscarte, te asusta por si es real”, define. Ahora, celebra, está bien “dentro de lo que cabe”, aunque mantiene el miedo.

"No ganan ellos"

Con todo, deja claro que, con esto, “no ganan ellos”. “Yo no me voy a ir de las redes, ni a callarme”, define. “Es solo que en este momento el equipo tenía que pensar qué medidas tomar, también a nivel legal, porque al final nosotros tenemos un activismo puro y duro y no disponemos de primeras con los medios para denunciar a toda esta gente”, emite, por lo que concreta que “no querían actuar en caliente”. “Pero Woke Up va a seguir y yo en cuanto me encuentre con más fuerzas voy a volver”, sostiene.

Reinés prepara acciones legales contra los emisores de estos mensajes, y también contra medios de comunicación como Mediterráneo Digital, que publicó que la protagonista de estas líneas había cobrado 12.000 euros del Gobierno de Pedro Sánchez: “Es absolutamente mentira, pero es que aunque fuera verdad, lo que les molesta es que una mujer trabaje, cobre aunque sea público por ello, y tenga voz”.

"La política falló en el momento en que se normalizó el acoso a un vicepresidente del Gobierno"

A nivel político no espera nada y subraya el momento en que, a su juicio, empezó todo: “Cuando se normalizó que a un vicepresidente del Gobierno como Pablo Iglesias, y a Irene Montero, les acosaran en su casa sin que pasase absolutamente nada”. “Sí, ponían un cerco, y los ultras respondían con altavoces más grandes”, refrenda con un toque de sorna tras el cual pone de manifiesto una realidad que está demasiado al día.

Aquella situación, recuerda, venía muchas veces de “grupos organizados que tienen que pagar dinero para que otra gente fuera allí”; y el escenario actual, lamenta, no siempre era anónima: “Me parece lo más fuerte. Las máximas barbaridades sí venían desde el anonimato, pero otras que me pedían suicidarme o decían que me iban a dar mi merecido por la calle venían de perfiles con nombres y apellidos”. “Han perdido el miedo. Ya no se esconden”, destaca, acentuando que además, “había muchísimas mujeres entre los perfiles”.

En otro orden de cosas, este, como otros ejemplos recientes, abren un debate: ¿nos protegen las redes sociales en caso de sufrir acoso? El comunicado con el que la también publicista anunció su retirada momentánea incidía en esta línea, que ahora concreta a ElPlural.com.

“Los últimos insultos que denuncié los taché, pero me vanearon igual. Hablé con Meta y con la chica que lo gestionaba y me dijo que la diferencia era que ellos lo hacían por privado y yo en público… No tiene sentido”, pronuncia. “A mí me restringieron por ‘hacer bullying’ cuando es al revés, pero denuncias por privado, bloqueas, hablas con Meta, vas incluso a la Policía… y no pasa nada”, concluye.

Este caso vuelve a poner en el centro del debate los límites del discurso en redes, los de la libertad de expresión, la protección de los comunicadores y la responsabilidad de las plataformas ante los ataques de odio y las campañas coordinadas de acoso.

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