El terror siempre ha sido el género cinematográfico más honesto a la hora de mostrar nuestros miedos como sociedad. Pero en ocasiones, y como pasa con todo, no siempre esa forma de plasmar nuestras inquietudes es acertada e incluso puede ser un mero recurso para el morbo barato. En el caso de los cuerpos gordos resulta muy ilustrativo cómo puede cambiar el relato según la mirada que hay detrás.
De Annie Wilkes en Misery a la reciente de Insaciable (Saccharine), el género ha oscilado constantemente entre dos posturas, ya sea usar la gordura como recurso de asco fácil o, por el contrario, convertirla en el motor perfecto para hablar de cómo la sociedad trata los cuerpos que no encajan en la norma. Hacemos un repaso a esto a través de cuatro títulos muy distintos entre sí.
Insaciable: la crítica que se traiciona a sí misma
Estrenada el día 24, Insaciable sigue a Hana, una estudiante de medicina con un trastorno de la conducta alimenticia que empieza a tomar una pastilla milagrosa fabricada con cenizas humanas. A partir de ahí. Hana comienza a experimentar un hambre voraz y por más que coma, no deja de perder peso. Paralelamente, comienza a ser acechada por el fantasma de la mujer de la que proceden esas cenizas, un espectro que engorda y se vuelve más amenazante cuanto más adelgaza la protagonista
La intención declarada de la directora, Natalie Erika James (Relic, Apartamento 7A), es hablar de dismorfia corporal y la presión estética, pero la ejecución cae en lo mismo que denuncia: para transmitir el miedo de Hana, la película necesita que el espectador sienta repulsión hacia el cuerpo gordo del fantasma. El resultado es una película con mirada crítica que recurre a los prejuicios. Se valora su intención, aunque su denuncia quede a medio gas.
Taxidermia: el exceso sin disculpas
Si Insaciable duda, Taxidermia, del húngaro György Pálfi, no pide perdón por nada. La película sigue a tres generaciones de una misma familia. Tenemos a un soldado consumido por el deseo sexual, también a su hijo, que es campeón de comer rápido durante la era soviética y que termina convertido en una masa de carne incapaz de moverse, y por último a su nieto, un taxidermista que acaba embalsamando a su propio padre.
Cada vicio y obsesión representa una etapa sociopolítica distinta del país. Podemos entender aquí la gordura como el resultado de una gula inagotable y una avaricia obscena mientras el pueblo, en contraposición, muere de hambre. Representa el exceso y a su vez el castigo, con una mirada grotesca. Es terror que no busca reivindicar el físico más allá de funcionar como sátira política; busca incomodar y deja claro que el asco puede ser una herramienta narrativa tan válida como cualquier otra, aunque en el camino alimenta prejuicios que merece la pena cuestionar.
Feed: el cuerpo gordo como fetiche
En el extremo más sórdido está Feed, de Brett Leonard, donde un hombre alimenta a mujeres con el fin último de que mueran por obesidad. La década de los 2000 se llenó de películas de terror que exploraban la parte más morbosa del ser humano, buscando el desagrado a través del gore o el body horror y aquí la gordura se ve representada como esto último. Deja de ser sujeto para convertirse en objeto total de una mirada masculina y depredadora.
Probablemente sea el ejemplo de terror que no cuestiona y deshumaniza los físicos no normativos al ponerlos como mero espectáculo. No obstante, merece la pena detenerse un segundo a reflexionar sobre este fetiche que, desgraciadamente, es muy real, y que muchas veces no se persigue lo suficiente pese a haber vidas en riesgo.
Cerdita: la cámara gira por fin
Tras estos dos últimos títulos, Cerdita, de Carlota Pereda, resulta muy refrescante porque hace algo que pocas películas del género han hecho (pero que esperamos ver cada vez más): su protagonista y, por ende, su físico, no es lo monstruoso. Sara es una adolescente con sobrepeso acosada por las chicas de su pueblo y, cuando un desconocido secuestra a sus acosadoras, debe decidir entre ayudarlas o proteger a aquél que la ha defendido de sus agresoras.
El mal proviene aquí exclusivamente de esos ojos que observan a Sara a diario, de las chicas que la acosan, de aquellos que le gritan gorda por la calle, de su madre que le dice que no coma más. Sara siente un profundo rechazo hacia su cuerpo porque le han hecho sentir que no vale nada. Terror que pone el foco en el verdugo y no en la víctima.
¿Espejo o cómplice?
Puestas sobre la mesa, estas películas dibujan un esquema bastante claro sobre las dos formas de representar el cuerpo en el terror y, más concretamente, el body horror. Unas usan la no normatividad para señalar la crueldad y el odio de quien mira, para hablar de gordofobia, mientras que otras simplemente exhiben esos cuerpos como recurso fácil y morboso. Tampoco es casualidad que los ejemplos de estas nuevas miradas estén dirigidos por mujeres (aunque Insaciable caiga en el estereotipo, ponemos en valor su voluntad de denuncia social). Esperamos que cada vez haya más miradas críticas en el terror y más mujeres a los mandos.
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