Existe una advertencia que el cine de terror, la literatura y las historias populares llevan repitiendo desde hace décadas, pero que ignoramos cada vez que tiramos una moneda a una fuente, soplamos las velas de nuestro cumpleaños o quemamos un papel en la noche de San Juan. Y es que hay que tener cuidado con lo que se desea. Porque puede que se consiga, pero no de la forma que imaginaríamos.

Curry Barker vuelve a recurrir a esta premisa en Obsession. Una película independiente, financiada por pequeñas productoras que, tras su paso por festivales, consiguió que Blumhouse se fijara en ella y pasara a ser el altavoz que le faltaba. Ahora sabemos que está arrasando a nivel global. Pero antes de hablar de esta cinta, vamos a repasar algunos títulos que parten de uno o varios deseos para exponer el horror.

Wishmaster (1997) juega con la literalidad y la imprecisión humana. Un Djinn cumple los deseos de aquellos que posean la gema para invocarlo. Lamentablemente, lo hace al pie de la letra, de forma que esos deseos se acaban volviendo en contra de uno mismo. Una película con muertes variadas al estilo de títulos como Destino Final o la reciente Whistle: el silbido del mal.

En Siete Deseos (2017) hay una dinámica parecida que juega con la letra pequeña (o invisible) de los objetos mágicos. Aquí nos enseñan que hay un precio a pagar, pero la factura no le llega a quien ha lanzado la petición, sino a sus seres queridos. Una vuelta de tuerca especialmente retorcida al convertir el anhelo en el arma.

Partiendo de una premisa “científica”, La Sustancia (2024) también nos habla de un deseo que se trunca. El ansia de la eterna juventud es una fantasía tan antigua como la humanidad. Aquí solo es necesario suministrarse un fármaco para que se cumpla. Pero como siempre, la naturaleza humana choca de frente con tales aspiraciones. Y eso se debe a que nuestro propio egoísmo es lo único que hace falta para arruinarnos por completo.

En una estela similar tenemos Him (2025). En este caso desde la ambición deportiva. Lo que empieza como el sueño de la infancia de cualquier aficionado (algo tan normal como conocer a tu ídolo y ser fichado por el mejor equipo), se vuelve una pesadilla cuando es conducido a extremos insospechados para lograr validación. Hasta que llega un momento que toca preguntarse si realmente merece la pena. 

Desde una perspectiva navideña, Krampus (2017) nos demuestra que desear con desesperanza también tiene consecuencias. El mal se desata cuando un niño pierde toda la ilusión y desea que la Navidad vuelva a ser como antes. La ironía es que consigue exactamente lo contrario: una Navidad que nadie olvidará, aunque todos preferirían hacerlo.

Y luego está la saga Hellraiser, que en su remake del 2022 traslada el concepto a una especie de catálogo donde tienes que decidirte entre Vida, Amor, Poder, Conocimiento... Todas las grandes ambiciones humanas disponibles bajo demanda. El problema, claro, es que no puedes fiarte de un Cenobita.

Hasta Los Simpsons se han adentrado en este territorio con el peso de un clásico. En el especial de Halloween de la Temporada 3, el segmento de La Pata de Mono condensa toda la lógica del género en formato familiar: cada deseo trae consigo una consecuencia inesperada y la acumulación de errores acaba siendo más aterradora que cualquier monstruo. Un referente tan icónico que el propio Curry Barker lo señala como una de las inspiraciones directas para Obsession.

Este último título, Obsession, es precisamente la prueba de que el terror sigue más vivo que nunca. La premisa es simple, lo hemos visto en las películas mencionadas en este artículo: pides un deseo y la cosa se complica. No obstante, no necesita ser original ni innovadora en su trama, porque las decisiones que toma su director, como los encuadres centrados que respiran en la parte superior o el formato en 4:3, están muy pensadas para que acompañen y refuercen visualmente la narrativa.

Una historia que combina un humor negro punzante con una atmósfera cargada de tensión para hablarnos de temas como el consentimiento y el abuso. Hace un ejercicio muy interesante al presentarnos a un protagonista que encarna el arquetipo del chico majo, con el fin de retorcerlo y mostrarnos su parte más oscura. Lo cual resulta refrescante, agradecemos tener protagonistas erráticos, egoístas, cobardes… porque eso nos permite dialogar sobre esto mismo.

Y cabe mencionar la estupenda interpretación de Inde Navarrette en el papel de Nikki. La forma en que modula la voz o la capacidad de su rostro para gesticular tantos registros distintos, cambiando de uno a otro en cuestión de segundos, logra que la experiencia del visionado sea todavía más intensa. No tenemos dudas de que tanto a Inde como a Curry les van a llover ofertas después de este éxito.

Hay una mitología construida alrededor de los deseos. No es pesimista, solo se adentra en rincones que los cuentos de hadas prefieren ignorar: Lo que pedimos dice mucho de quiénes somos.

Así que ya sabes. La próxima vez que vayas a pedir un deseo, piénsatelo muy bien.

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