Atravieso Castilla mirando, a través del retrovisor, las canas que ya son mayoría en mi cara. Como una ola que recorre mi barbilla, pelitos blancos rompen en la orilla de la nuez. Pienso que me he hecho mayor. Sin embargo, no habrá maremotos canos que me envejezcan más que esta última semana.
Batallas de farmear aura en los parques. Adolescentes a lo largo del globo quedan para enfrentarse a través de gestos y bailes sacados de internet. Mewing o fortalecer la barbilla en busca de mememizar tu rostro. Six Seven, mano izquierda arriba, mano derecha abajo. Medios haciéndonos ecos de otra psyop que no entendemos pero que nos idiotiza. Chicos y chicas completamente lobotomizados por los móviles en búsqueda de ese concepto etéreo llamado aura. No sé. Estoy perdido. El mewing que siempre conocí fue el de mandíbulas danzantes bajo el techno de Dj Montxo un domingo cualquiera en el Zul. El six seven era el que te daba en la cara un kie por mirarle mal. El aura era ver a Eric Cantona con los cuellos para arriba o la coleta de Roberto Baggio golpeando el 10 de su espalda.
Esta semana también he leído algo sobre la caída de los influencers. Una caída que no existirá porque entre todos hemos alzado a una generación de imbéciles hasta un poder mediático y económico que nunca merecieron y difícilmente dejarán de tener. Marcas invirtiendo en destructores de contenido para vender más. Medios haciéndose eco tratando de encontrar viralidad y sentirse rejuvenecidos. Somos culpables de haber engendrado a los nuevos líderes mediáticos y su falta de escrúpulos a la hora de utilizar su influencia en los niños. Absolutos carroñeros que buscan monetizar cualquier desgracia ajena o problemática politica. Hemos dado un altavoz a postadolescentes de plástico, sin cultura, educación, pero muy guapos y con muchos seguidores. Y que nos van a convertir en Michael Douglas en Un Día de Furia.
Para rematar la semana, Spotify metió en su lista de Rap Español a una artista 100% generada por IA. Encima, era la única mujer de toda la lista. Otro síntoma distópico de un mundo que comienzo a aborrecer.
Cada vez entiendo menos a la sociedad contemporánea y su futuro. Un sistema individualista que me obliga a ser individualista y solitario para no querer saber nada de él.
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