La lista editorial de Spotify más grande del rap en español obedece a intereses comerciales, es una farsa y una lacra para la representación y visibilización real del género. Como la mayoría de las listas curadas por Spotify. Vayamos a lo más básico: ¿quién selecciona las canciones que son dignas de incluirse en las listas editoriales? Según la propia web del servicio de streaming, se trata de “un grupo de expertos que poseen un profundo conocimiento de la música y la cultura locales, y una gran sensibilidad para recomendar contenido en Spotify"
¿Ese conocimiento profundo de la música está aquí entre nosotros? Porque parece que se fue a por tabaco cuando incluyeron en esta lista una canción de una artista creada por inteligencia artificial llamada Solea Kella y cuyo título es, curiosamente, Se Te Ve El Plumero. Entra la risa, pero Spotify dijo que a partir de septiembre iba a implementar una etiqueta, AI Persona, para distinguir a los artistas robot de los reales. Veremos si funciona verdaderamente o si no es más que un maquillaje del diablo. No hay ninguna información sobre esta supuesta persona en ninguna parte, solo, sospechosamente, en la descripción de su perfil de Spotify, pero ya cuenta con un puñado de canciones que superan las 80.000 visitas. El dato mete miedo al miedo: en la playlist más grande del rap español, la única mujer incluida con una canción en solitario es un robot.
¿Ese conocimiento profundo de la música y la cultura local sigue estando aquí con nosotros? ¿O al final resulta que los expertos no son tan expertos y les han colado una artista que no existe? ¿Existen acaso verdaderamente estos expertos? ¿O solo es palabrería barata para ocultar que, en el fondo, las listas creadas por Spotify tienen que ver más con relaciones comerciales y prácticas de dudoso origen que con el mérito o la representación cultural del género de un país? Hay que dejar claro que a Spotify no le importa la cultura, le importa extraerla para engordar su cartera. Ya en 2021, la organización sin ánimo de lucro Artist Rights Alliance alertó de que la funcionalidad del Modo Descubrimiento de Spotify, por la cual los artistas pueden optar por renunciar a cobrar menos regalías de una canción para potenciar su recomendación algorítmica, era en realidad un “soborno”.
“Esto desencadena una competencia feroz en la que muchos artistas se sienten obligados a pagar para no arriesgarse a quedarse atrás en la lucha por la visibilidad. ¿El desafortunado resultado de esta competencia? Los artistas y sus sellos discográficos terminan recibiendo menos regalías sin obtener ninguna visibilidad adicional significativa, porque si todos se benefician, nadie lo hace [...] Otra posible consecuencia del Modo Descubrimiento es que el porcentaje de regalías requerido sea tan elevado que los artistas y sellos independientes no puedan pagarlo, lo que permitiría a las grandes discográficas y superestrellas del pop acaparar aún más el mercado del streaming. Esto significa que los artistas, los sellos independientes y, sobre todo, los aficionados a la música que buscan ampliar y diversificar sus experiencias musicales, se verían perjudicados”, denunciaba la organización en un artículo en Rolling Stone.
En esta misma línea, se interpuso una demanda colectiva argumentando que Spotify cobra al oyente por el “privilegio de ser engañado”, ya que el Modo Descubrimiento “crea una falsa impresión de recomendaciones neutrales y personalizadas cuando, en realidad, existen incentivos financieros que impulsan el algoritmo. Spotify se aprovecha de esa confianza promocionándose como una plataforma que ofrece recomendaciones musicales orgánicas para vender secretamente esas recomendaciones al mejor postor”. El libro más crítico que se ha escrito sobre Spotify es de la periodista Liz Pelly titulado Mood Machine: The Rise of Spotify and the Costs of the Perfect Playlist, se publicó el año pasado y desgrana, además de este tema, varios horrores más del funcionamiento de la plataforma. Sabiendo todo esto —y más que no viene al tema—, ¿qué motivos hay para confiar en la independencia absoluta, movida únicamente por el puro amor a la música, de los expertos que (supuestamente) seleccionan los temas que se incluyen en la lista de Rap Español? Siendo generosos, pocos; siendo realistas, no hay ningún motivo. Spotify ha perdido toda credibilidad cultural.
Vamos con los datos. El artista y divulgador Percless analizó las 50 canciones de la lista y compartió sus conclusiones en X. Estas son algunas de ellas: 22 canciones, un 44 % —casi la mitad—, no pertenecen a 2026, por lo que, como él mismo cuenta, “en este aspecto no se representa el estado real del rap español en términos de actualidad”. Respecto a la cantidad de oyentes mensuales que tiene cada artista que ha accedido a la lista, explica Percless que “de seis que están por debajo de 100.000, solo uno es el publicador de su respectiva canción; los otros cinco son artistas colaboradores que están ahí por ser su canción la publicación de un artista ya asentado. Podemos concluir que en este aspecto no se representa el estado real del rap español en términos de accesibilidad”. Además, en las 50 canciones hay artistas que se repiten hasta seis y cinco veces. Son los casos de Fernandocosta, Hard GZ, Grecas y Reality. Los dos últimos pertenecen a la discográfica Dale Play, de la cual Sony adquirió una parte en 2020 y con la que tiene asentados varios acuerdos con este gigante discográfico. Rimas Entertainment, el sello de Bad Bunny, también se hizo con una participación, siendo Sony una de las grandes impulsoras de este acuerdo por medio de su CEO, Rob Stringer.
Hard GZ está firmado por BMG Rights Management, sello que se fundó en 2008 tras la venta de BMG, el sello original, a Sony y que, aunque ya no pertenezca a él, fue durante muchos años una discográfica con un histórico peso, conservando a día de hoy la mayoría de relaciones comerciales con importantes agentes de la industria musical. Además, pertenece a la familia Bertelsmann, que es uno de los mayores conglomerados empresariales, propietario de la editorial internacional Penguin Random House. Por su parte Fernandocosta pertenece al sello Taste The Floor Records, antiguo Radiation Tours, que también cuenta con relaciones estrechas con las majors, como se detalla en su propia web. Al Safir y Natos y Waor, que aparecen cuatro y tres veces en la lista, también pertenecen a Taste The Floor. Es decir, como bien expone Percless, “hay más artistas repetidos que artistas con apariciones únicas. Podemos concluir que en este aspecto no se representa el estado real del rap español en términos de variedad”.
Se extrae otra triste conclusión: para ser incluido en la lista más grande de rap en español es casi obligatorio estar firmado por algún sello o distribuidora que tenga lazos asentados con las grandes discográficas. ¿Qué tipo de representación del género es esa, si precisamente lo más interesante del hip hop está ocurriendo al margen de las majors? La consultora Music Tomorrow diseccionó las listas editoriales de Spotify durante cuatro años y los datos confirman este patrón: entre el 70 % y el 87 % de las canciones seleccionadas en las listas editoriales más grandes, como New Music Friday, Today’s Top Hits o RapCaviar, pertenecen a Universal, Sony o Warner. Uno de los críticos culturales más incisivos y relevantes con este tema, Frankie Pizá, inició una serie de artículos en su web alertando hace bastante meses de todo esto y de la relación simbiótica entre los grandes sellos y su influencia en Spotify:
“Spotify es el brazo algorítmico y operativo de las tres grandes discográficas (Universal Music Group, Sony Music y Warner Music) y dirige el cartel que ellas sostienen con sus suministros (contenido, catálogo, etc.) [...] Universal, Sony y Warner no solo licencian sus catálogos a Spotify, sino que son también accionistas directos o indirectos en su estructura. Mientras esto se mantenga, la música mainstream no saldrá de ahí”, escribió.
Como alternativa a esto, Percless ha creado personalmente una de las listas más completas de hip hop español, titulada RapCafé, sin artistas repetidos, con accesibilidad real y actualizaciones constantes. Les animo a que la consulten aquí.
Así están las cosas. Huelga decir que esto no es un ataque ni a los artistas que aparecen en esta playlist (¿quién diría que no a más visibilización?), ni a las agencias (¿quién diría que no a fortalecer lazos con un agente de la industria que se encuentra en una posición de mayor poder?), sino una crítica dirigida a cómo está montado estructuralmente el negocio de la música en general y, en concreto, Spotify: un sistema que prometió la horizontalidad del acceso a la música para artistas y oyentes, que ahora promueve artistas artificiales y que, al final, ha reforzado aún más las posiciones dominantes de la aristocracia musical; un caníbal que ha dejado a la Cultura en unos huesos por los que mendigan el grueso de los artistas que están en la plataforma.
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