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A poca distancia de la Puerta del Sol se erige uno de esos espacios que percibe la cultura como algo que ha de servir para mucho más que entretener. Se trata del Teatro del Barrio, un enclave localizado en Lavapiés, acostumbrado a la reivindicación y que en estos días ejerce también como cobijo de quienes acampan en la céntrica plaza madrileña y necesitan un momento de descanso para afrontar el resto de la jornada.
“Como está a diez minutillos, viene la gente a ducharse, a descansar, cargar los móviles o los ordenadores o, sencillamente, tomar un café o una infusión”, cuenta su directora artística, Ana Belén Santiago, en conversación con ElPlural.com. “Nos parecía que teníamos que apoyar más allá de estando presentes en la acampada a nivel personal”, considera.
Para entender la involucración del Teatro del Barrio en las protestas por la vivienda cabría remontarse a su origen y repasar, aunque sea brevemente, su trayectoria, y es que la carrera de este sitio, referente en el ámbito de las artes escénicas, no se comprende sin su compromiso político. “De hecho, el otro día hicimos también una asamblea”, recuerda la persona que habla para este periódico, reseñando como habitual este tipo de acciones igualmente de puertas hacia dentro.
Su directora artística habla del teatro como un proyecto que surge “muy inspirado” en el 15-M, en “todo ese movimiento asambleario y de apropiación de lo político que surgió hace ya 15 años”. “Nos concebimos también como una asamblea popular, donde unos artistas o unas artistas convocan a la ciudadanía para darles un espejo sobre el mundo”, define.
Con estos cimientos, es más fácil ser conscientes de la implicación del espacio teatral en las reivindicaciones ciudadanas, no solo por el derecho a la vivienda y contra la especulación inmobiliaria. Basta con escuchar a su portavoz para hacerse una idea de lo especial que es para ellos la imagen que estas semanas dibuja la capital. “Lo que está sucediendo es muy emocionante”, reconoce, visiblemente emocionada. “Nos recuerda a los orígenes que nos inspiraron”, apostilla.
“En un momento en el que parecía que cundía la apatía, que se produzca esta apropiación de la rabia y ese uso colectivo de la indignación, nos hace muy felices”, relata, centrándose ya directamente en el motivo de la queja: “Hay que levantarse por la vivienda, por la posibilidad de que existan barrios, lugares en los que existan vida en común”.
La cultura como motor para la reivindicación
Santiago es una de esas personas que concibe la cultura como herramienta para crear conciencias. “Se quiera reconocer o no, o a menos así lo concibo yo, tenemos una responsabilidad política, porque hablamos de historias que nos han pasado, que nos pasan, y de posibilidades que podrían pasar”, sitúa, con la férrea convicción de que “el teatro y, en realidad, cualquier arte, habla de la humanidad, del mundo” en su concepto más amplio.
“Los hay que creen que hacerte cargo de que esto es político conlleva propaganda (…) Mi opinión es que vamos al teatro, al cine, a entretenernos, pero también a conocer o imaginar”, prosigue, considerando que “la responsabilidad está” y que, después, “depende de cada artista si decide asumirla o no”. “Creo que cuando no se asume, muchas veces es porque se está de acuerdo con postulados neoliberales o conservadores. Nosotras estamos más por asumir esa responsabilidad, estar a la escucha, y acompañar un tiempo y estar a la altura de ese tiempo y de unas gentes y, en este caso, una ciudad que están viviéndolo”, refrenda.
‘Hijos’ del 15-M
“Sin duda es una de nuestras inspiraciones”, asegura cuando es preguntada por el 15-M, si bien el proyecto surge en 2013, dos años después. “A menos en el formato y en la pasión por lo político, el debate sobre cómo organizamos los recursos que tenemos y las personas”, especifica, matizando que “en lo artístico, está inspirado en la trayectoria de compañías y espectáculos que se han declarado comprometidas con lo político”.
Fundado por el dramaturgo Alberto San Juan, recuerda aquel momento en el que “se reúnen un grupo de amigos; personas del teatro, pero también de la arquitectura colaborativa, de la economía social o de las energías renovables”, inspiradas todas ellas “en que de pronto lo política dejase de ser cosa únicamente los políticos”.
Este grupo recoge el testigo de la sala Triángulo y encuentran sentido a que “el teatro vuelva a ser político”, como el que se hacía a principios del siglo XX, pero con las “nuevas energías”. “Se da luz verde a recoger ese espíritu asambleario y se constituye como una cooperativa de consumidoras que actualmente cuenta con 700 socias, tenemos una gerencia colegiada, durante diez años una universidad del barrio, y acción vecinal durante todos los martes”, apostilla.
Desde sus orígenes, el Teatro del Barrio es, por lo tanto, un espacio creativo que traspasa las tablas, con iniciativas populares y las puertas siempre abiertas para todo aquel que aprecie en el arte -o no-, una vía para hacer del mundo un lugar un poco más habitable.



