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PUEBLOS VIVOS

Almagro, el pueblo de La Mancha donde el Siglo de Oro todavía sube al escenario cuatro siglos después

Un teatro único, un convento convertido en alojamiento y la gastronomía manchega forman parte de un patrimonio que sigue vivo

Cuatro siglos pueden convertir un teatro en una reliquia o mantenerlo vivo. En España apenas quedan ejemplos de lo segundo. Almagro, en el corazón de La Mancha, es uno de ellos. En este municipio manchego de cerca de 10.000 habitantes, el pasado se asoma a su Plaza Mayor y a sus representativos balcones acristalados. Pero lo que más distingue a la localidad es que, al recorrer sus calles, uno tiene la sensación de adentrarse en un gran escenario o, mejor dicho, en varios. Su Corral de Comedias del siglo XVII, único teatro de aquella época que conserva íntegra su estructura original y continúa en funcionamiento, mantiene un vínculo con las artes escénicas que cada verano alcanza su máxima expresión con el Festival Internacional de Teatro Clásico.

El pueblo donde el Siglo de Oro sigue vivo

Almagro fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1972 y conserva edificios que permiten reconstruir distintas etapas de su historia, desde el Palacio de los Fúcares hasta la iglesia barroca de San Agustín o el Convento de la Asunción de Calatrava, con uno de los claustros renacentistas más destacados de la localidad. La presencia de la Orden de Calatrava, que se instaló en el lugar en el siglo XIII, dejó una huella especialmente profunda en la ciudad.

Pero si existe un punto capaz de resumir la identidad de Almagro, ese es el Corral de Comedias. Construido en el siglo XVII y redescubierto en 1954, conserva íntegra su estructura original y continúa acogiendo representaciones y espectadores todos los años. También mantiene la distribución que siglos atrás separaba al público: las mujeres ocupaban la llamada “cazuela”, los “mosqueteros” permanecían de pie en el patio y los nobles contemplaban las funciones desde palcos y aposentos. Ese vínculo con las artes escénicas se extiende al Museo Nacional de Artes Escénicas, renovado e inaugurado por Felipe VI en marzo de 2025.

Precisamente, esa relación con el teatro alcanza su máxima expresión cada verano con el Festival Internacional de Teatro Clásico. Durante esos días, el vínculo de la localidad con las artes escénicas se extiende por sus calles y espacios históricos a través de diversos escenarios. Entre ellos se encuentran el Corral de Comedias, el Teatro La Veleta, el Teatro Municipal y la Antigua Universidad Renacentista, además del Teatro Adolfo Marsillach, un espacio al aire libre en el que los actores destacan especialmente la experiencia de actuar bajo el cielo estrellado, con los murciélagos revoloteando y el aire de La Mancha.

Pero la actividad teatral no termina con el Festival. El otoño mantiene levantado el telón en Almagro con una programación que se prolonga hasta diciembre. Por el Corral de Comedias pasan clásicos como Don Gil de las calzas verdes, La dama boba, El perro del hortelano o No hay burlas con el amor, junto a propuestas como Patrañas Cervantinas, que combina teatro, música en directo, máscaras, versos y humor.

Samuel Asensio, actor de la Fundación Siglo de Oro y uno de los intérpretes de esta programación, reconoce que el propio escenario transforma la experiencia. “Entre el elenco decimos que actuar en el Corral de Comedias de Almagro es trampa, porque todo sale bien, todo acompaña y todo resulta fácil en ese espacio”, explica.

Actuar en un edificio con cuatro siglos de historia exige, además, adaptarse a sus dimensiones. Al haber sido construido para una población con una estatura media menor a la actual, los accesos del teatro resultan hoy especialmente bajos. El propio Asensio recuerda entre risas cómo sufrió esto en su propio "bautizo en el Corral", cuando durante una representación se llevó hasta tres golpes en la cabeza mientras corría a contrarreloj por los recovecos del escenario.

Pero el otoño cultural de Almagro va más allá.. La programación se reparte por otros espacios de la localidad con propuestas como el Ciclo de Música y Patrimonio, que culmina con La Traviata en el Teatro Municipal. Teatro y música mantienen así la actividad cultural de la localidad durante todo el año.

Un convento del XVII que encontró una segunda vida

Esa capacidad de reutilizar el patrimonio sin desprenderlo de su historia también se encuentra a pocos pasos de la Plaza Mayor. Allí se levanta el antiguo convento franciscano que desde 1979 alberga el Parador de Almagro, un edificio fundado en el siglo XVII por el noble Jerónimo Dávila de la Cueva en memoria de su esposa.

Construido en ladrillo, piedra y madera y ampliado durante los siglos XVIII y XIX, el conjunto combina elementos renacentistas y barrocos y conserva espacios del antiguo convento como la sacristía, la sala capitular, la escalera o una pequeña bodega.

La transformación del convento en alojamiento permitió, además, dar un nuevo uso a un edificio histórico que podía haber quedado condenado al deterioro. “Su conversión en Parador evitó el abandono de este valioso edificio histórico, integrándolo de forma activa en la vida del pueblo”, explica Miguel Castro, director del Parador de Almagro, quien considera que esa recuperación ha permitido mantener también parte de la arquitectura renacentista y barroca de la localidad.

El establecimiento abrió sus puertas en 1979, inaugurado por la reina Sofía, y desde entonces ha pasado a formar parte de la actividad turística y social de Almagro. Castro lo define como un espacio que busca equilibrar “la conservación de su pasado con el desarrollo y la modernidad del turismo actual”. Por sus instalaciones pasan cerca de 30.000 huéspedes al año en una localidad que ronda los 10.000 habitantes.

Un turismo que mantiene vivo el territorio

Ese flujo de huéspedes tiene reflejo en toda la localidad, desde los restaurantes y comercios hasta los museos y otros espacios culturales

El empleo es otro de los ámbitos en los que esa actividad repercute directamente en el territorio. El Parador mantiene entre 45 y 55 puestos de trabajo directos y genera más de un centenar de empleos indirectos. A ello se suma una política de contratación que, según Castro, prioriza al personal residente en la comarca, además de colaborar diariamente con decenas de proveedores locales, cuyos productos tienen presencia tanto en su oferta gastronómica como en los espacios dedicados a productos gourmet y artesanía.

Lo que ocurre en Almagro ilustra bien el papel que estos establecimientos desempeñan en el territorio, especialmente si se tiene en cuenta que el 70% de los Paradores se encuentran en poblaciones de menos de 35.000 habitantes. En el caso almagreño, además, existe un momento del año en el que esa relación entre patrimonio, turismo y actividad local se hace especialmente visible. Basta esperar a que llegue el verano y Almagro vuelva a levantar el telón.

La ciudad tras el aplauso

Durante la celebración del Festival Internacional de Teatro Clásico, las artes escénicas desbordan el Corral de Comedias y se extienden por toda la localidad. Almagro recibe entonces a artistas, directores y visitantes atraídos por una cita que este verano ha alcanzado su 49ª edición, con medio centenar de espectáculos, entre los que figuraron El caballero de Olmedo, de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y encargado de inaugurar el Festival; Laurencia, protagonizada por Ana Wagener; o R&J, una propuesta a partir de Romeo y Julieta adaptada y dirigida por María Goiricelaya. La cita ya prepara su 50ª edición, que se celebrará en julio de 2027 y para la que se ha abierto la convocatoria de propuestas artísticas.

El Parador participa en esa transformación de Almagro durante el Festival. Desde 2024, Paradores y el Festival Internacional de Teatro Clásico mantienen un convenio de colaboración que incorpora al antiguo convento a las actividades que rodean la cita, con exposiciones, catas de alimentos y bebidas, coloquios y presentaciones. Miguel Castro lo resume definiendo el establecimiento durante esos días como “un escenario más del Festival y la casa de todos los almagreños”.

La intensa actividad que vive Almagro durante el Festival tiene su reflejo el resto del año en otras propuestas de carácter cultural impulsadas por distintas instituciones. El Parador organiza visitas nocturnas y cenas teatralizadas, que aprovechan los espacios del antiguo convento para mantener esa conexión con las artes escénicas. Una vinculación que se percibe también entre quienes regresan habitualmente a Almagro.

Samuel Asensio asegura haber tenido la oportunidad de estar en Almagro en distintas épocas del año y reconoce que cada regreso le produce “una sensación como de estar llegando al lugar donde todo surgió”. Recuerda cómo, durante los días más fríos, Merche, responsable de un establecimiento situado junto al Corral, se viste con ropajes del Siglo de Oro y ofrece caldo caliente al público antes de las funciones. Un gesto que, para el intérprete, refleja cómo los propios vecinos terminan volcándose también en la experiencia teatral.

Un viaje por los paisajes de La Mancha

Salir del casco histórico permite descubrir otra de las caras del territorio. Frente a la piedra, los conventos y los escenarios aparece una Mancha marcada por la agricultura, donde campos de cereal y viñedos comparten paisaje con olivares y otros cultivos que permiten acercarse a la identidad de la zona.

Ese es precisamente uno de los objetivos de Naturaleza para los Sentidos, el programa al que está adherido el Parador de Almagro y que busca conectar a los viajeros con la naturaleza, la historia y la cultura del entorno, al tiempo que genera nuevas oportunidades para la comunidad local. Entre las experiencias disponibles se encuentran visitas a una finca de pistachos, un olivar y una bodega del siglo XIX, además de rutas en bicicleta eléctrica entre campos de cereal y viñedos y visitas guiadas a las Lagunas de Ruidera.

Las posibilidades continúan más allá de estas actividades. A poco más de 30 kilómetros se encuentra el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, un humedal especialmente atractivo para los amantes de la ornitología y la biodiversidad que durante el invierno recibe más de 200 especies de aves. A ello se suma el Campo de Calatrava, cuyo origen volcánico ha dejado un paisaje de cerros y lagunas que convive con castillos y antiguos molinos. Entre sus singularidades destaca el volcán Cerro Gordo, uno de los mejor conservados y el primero visitable de la Península Ibérica.

El sabor más manchego de Almagro

Después de recorrerla, otra de las formas más disfrutonas de conocer esta tierra pasa por sentarse a la mesa. La cocina almagreña es un reflejo de la tradición manchega y de los productos de su entorno, empezando por las berenjenas de Almagro, aliñadas tradicionalmente con ajo y comino y reconocidas con la Indicación Geográfica Protegida (IGP).

Pero no son las únicas protagonistas. El recetario local comparte algunos de los platos más característicos de la cocina manchega, como el pisto, las migas o los duelos y quebrantos, elaborados con huevos, chorizo y tocino. A ellos se suman los quesos, aceites y vinos de la región y, a la hora del postre, dulces tradicionales como las flores manchegas o los rosquillos.

Esa misma despensa está presente en el Parador, cuyo restaurante, instalado en el antiguo refectorio del convento, basa su propuesta en el recetario tradicional manchego adaptado a la gastronomía actual. Entre sus especialidades aparecen las berenjenas de Almagro, los guisos manchegos, los asados de cordero, las chuletillas de lechal y los quesos de La Mancha. Durante los meses de invierno organiza, además, jornadas dedicadas al cocido tradicional manchego, mientras que en Semana Santa ofrece propuestas temáticas como su Menú de Cuaresma.

El establecimiento trabaja con decenas de proveedores locales y aproximadamente la mitad de las referencias de su carta de vinos proceden de la zona. Una apuesta por el producto de proximidad que Miguel Castro relaciona directamente con lo que buscan quienes llegan a la localidad. “Nuestros clientes cuando llegan a Almagro están buscando y deseando degustar y conocer nuestras raíces en forma de productos”, explica el director del Parador. Una filosofía con la que el establecimiento busca mantener el vínculo entre su propuesta gastronómica y el territorio.

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Algunos de los postres que forman parte de la propuesta gastronómica del Parador de Almagro. PARADORES