La derecha mediática, que hasta hace una semana estaba ocupada elogiando el “vestido fetiche” de Isabel Díaz Ayuso, “con escote cruzado y aberturas en la cintura”, está escandalizada por los duros ataques que está sufriendo la incorruptible presidenta de la Comunidad de Madrid. Las alarmas se han activado en la meca del periodismo y los fieles han respondido a la llamada con un derroche de buena praxis no visto desde que Ryszard Kapuściński puso el punto y final a su ensayo sobre el cinismo de esta profesión.

Cualquiera diría que aquellos que persiguieron a Pablo Iglesias e Irene Montero hasta la puerta de su casa y revelaron el colegio de sus hijos, llegando a personarse algunos en el exterior de las instalaciones, están ahora alterados ante la posibilidad de que los áticos hagan caer a la cacique y los estómagos rujan. Pero nada más lejos de la realidad. La coincidencia temporal de todos ellos, que Hugo Martínez Abarca se ha empeñado en documentar, es casual y no causal, como demuestra la sucesión de acontecimientos que a continuación relatamos.

La llamada del deber

Miguel Ángel Rodríguez tocaba la corneta después de conocerse que, efectivamente, la baronesa de la capital había encontrado nueva vivienda tras frustrarse la operación ático y vender su novio las dos propiedades que presuntamente adquirió con dinero defraudado. Un modesto piso de 110 metros cuadrados con piscina y solo a la altura de la modestia de la presidenta. “Es la primera vez que veo que se persigue dónde vive un político”, bramaba MAR (se presume que en el tono irónico que le caracteriza, pues él mismo y su jefa tienen múltiples publicaciones señalando y criticando la casa de Pablo Iglesias y otros políticos).

Acto seguido, y derrochando un alarde de periodismo, las cabeceras que más dinero reciben en publicidad institucional de la Comunidad de Madrid se echaban las manos a la cabeza por el escaso valor noticia de la información, pese a parecer estar todo relacionado en el mismo puzzle inmobiliario. Sí, las mismas cabeceras del "casoplón del coletas", el "piso en el retiro" de Mónica García o "la vivienda en Sabadell" de Gabriel Rufián que presumen de acosar a la hija de Pedro Sánchez hasta el punto de seguirla a su graduación en el extranjero y publicar fotos suyas.

La gravedad de la situación obligaba a congregar a los vengadores, un reducido grupo de superperiodistas destinados a salvarnos del comunismo. A la cita no faltaron el exconsejero de una empresa familiar que aún tiene una deuda con Hacienda, el mayor coleccionista de merchandising de Metro Madrid, los granadinos del Caribe y lo que queda de UPyD. Tampoco se lo podían perder reputadas personalidades políticas que se interesan por cómo ligan los periodistas y la cantera de gaviotas. Pero ¿a qué se debe tal congregación de pesos pesados? “Adivina, adivinanza”, reza La Mandrágora.

La verdad del Monopoly inmobiliario

Expertos en mover la portería, los literatos han querido hacer pasar el hecho de que la presidenta madrileña viva de alquiler como la noticia a la que aluden algunos medios, entre ellos el que recoge estas líneas. Acabáramos. Es más, igual este alquiler es la primera operación que Ayuso despliega en años y no levanta sospechas, aunque, viendo el precio del arrendamiento, la zona y las características del inmueble, todavía es pronto para descartar nada. Pero este futurible no es la noticia en cuestión.

La líder madrileña aprobó hace un año el Estatuto de expresidentes por el que, tras cesar en el cargo, podría utilizar los inmuebles propiedad de la Administración madrileña. Meses después, sin notificación, Planifica Madrid adquirió un ático de lujo por más de seis millones de euros de todos los madrileños. Cuando el escándalo fue destapado, afloraron unas obras en la sede de la Comunidad que no habían sido anunciadas y se aseguró que el ático serían oficinas. Posteriormente, al certificarse que su uso solo podía ser residencial, la Administración vendió un inmueble que consideró prioritario comprar meses atrás y lo hizo instrumentalizando a las víctimas de los incendios.

Mientras tanto, Alberto González Amador, el novio con mejores contratos con la sanidad privada de España, decidió sacar a la venta el piso y el ático superior en los que residía con la presidenta. Un precio de salida del doble al de adquisición, que fue sospechoso por el titular anterior de los inmuebles, para quitarse de encima unas propiedades señaladas por un presunto fraude fiscal que confesó su abogado. Y entonces, cuando Ayuso dudaba sobre qué alfombra poner al ático público que Planifica Madrid le compró enfrente del piso en el que reside su madre, cuya nuda propiedad es suya, todo se fue al garete.

Y aquí estamos ahora, en Puerta del Hierro fingiendo que todo es una persecución y teniendo que escuchar que la nueva residencia de la baronesa del PP, que ya puede poner hoteles al tener todas las calles del mismo color, para nada tiene que ver con todo lo anteriormente relatado. Porque, como es sabido, cuando un representante público de izquierdas realiza una compra con su sueldo privado la está pagando con “nuestro dinero”, pero si lo hace uno de derechas es “su dinero”, incluso si este pertenece a la Comunidad de Madrid.

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