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Pedro Sánchez pasó los tres días previos a este lunes recabando todos los datos posibles para valorar si, tras la caída de los dos decretos de vivienda, se abría el mejor momento posible para disolver las Cortes Generales y convocar elecciones. Finalmente, tras encargar encuestas exprés, consultar sondeos y analizar todos los escenarios, el presidente del Gobierno decidió activar el proceso electoral para el próximo 29 de noviembre. La decisión la meditó durante todo el fin de semana, pero el dato que pudo ser determinante estaba sobre su mesa de La Moncloa desde el mismo viernes, justo después de que el Congreso de los Diputados, con los votos en contra de PP, Vox y Junts, tumbara las dos normas impulsadas por el Ejecutivo de coalición.
En la sede del Gobierno le dan total fiabilidad a los informes que señalan lo que reflejan la mayoría de las encuestas. El más tempranero de ellos se elaboró a partir de las cuatro de la tarde del viernes, según publica Eldiario.es, y su contenido dibuja un escenario demoscópico que Sánchez podría haber visto como el más atractivo para apretar el botón.
El socialista encargó, además de este, otra serie de sondeos que le han confirmado esta previsión en los días posteriores. El panorama es el siguiente: con una agenda política atravesada por la vivienda, a raíz del impacto social del desahucio de Maricarmen, las protestas y acampadas sucediéndose por toda España y la pelea de la izquierda por los decretos, el votante progresista podría activarse, y fomentar el voto por indignación podría ser util para el PSOE.
A esto se le suma la dificultad que estaría teniendo el PP para frenar el ascenso imparable de Vox. Casi todas las encuestas pronostican que los de Santiago Abascal serán el único partido a nivel nacional que multiplicará su resultado de las generales de 2023. Sin embargo, estos informes le permitieron a Sánchez hacer cálculos exactos, con cifras concretas que le dan una magnitud a la transferencia de votos que podría darse hacia la ultraderecha.
Uno de cada cinco votantes del PP podría irse a Vox
Así, todo hace prever que, al igual que hace tres años, la campaña de los socialistas podría centrarse en la vivienda y en fomentar el voto por respuesta al auge de Vox. Los sondeos le avalan en ir en esa dirección, pues además de los buenos resultados que auguran a los de Abascal, también reflejan que una de las debilidades de Alberto Núñez Feijóo podría ser precisamente su incapacidad para frenar la sangría hacia su derecha.
El popular parte como favorito en las encuestas, pero la sensación que dejan es que lo tiene todo por perder. Hay pocas de ellas que le otorguen una intención de voto mejor que en 2023, cuando perdió el Gobierno por sorpresa a pesar de ganar las elecciones. Además, entre las que sí le auguran mayor porcentaje, apenas un puñado reflejan un crecimiento significativo, mientras que en el caso de Vox, llegan a duplicar sus resultados en algunos barómetros.
De ahí se refleja la transferencia de votos que puede haber el 29 de noviembre hacia la derecha. En este caso concreto, algunos de los sondeos que estudió Sánchez revela que una de cada cinco personas que eligió al PP en 2023 votaría ahora a Vox.
Un 20,8% de transferencia que podría perjudicar un posible acuerdo de Gobierno conservador cuando se constituyan las Cortes en diciembre. Esto se debe a que, según los sociólogos consultados por Moncloa, si se cumple lo previsto y Vox ronda el 20% del voto, los escaños que consiga subir saldrían de la bancada del PP, que a su vez absorbería algunos de los partidos de izquierdas.
Sánchez aprovechará la ventana de oportunidad para movilizar a los suyos
Tal y como funciona el sistema electoral, y con el factor en juego del elector que ve a su opción ideológica como favorita clara y decide no ir a votar, la suma entre ambas derechas podría alejarse de ese horizonte de los 200 escaños que dibujan algunos sondeos, que les deja aún margen de caída hasta los 176 que marca la mayoría absoluta.
Pero a pesar de que la opción de fomentar esta dinámica hasta que a Feijóo y Abascal les cueste el Gobierno está todavía lejos, a Sánchez le ha resultado atractiva porque, cabe recordar, que el ciclo electoral apenas ha echado a andar. Una campaña reactiva, de arenga al electorado progresista, podría hacer que la sangría de votos del PP a Vox se agudizara, y el presidente sabe que en Génova tienen dificultades para paliarla.
Para ello, Sánchez tratará por todos los medios de mantener viva la llama de la indignación social ante la crisis de la vivienda, para lo que este martes va a sacar de nuevo los decretos que tumbó el Congreso el viernes, esta vez para que los apruebe la Diputación Permanente de la Cámara Baja, donde tiene garantizado que se los convalidarán porque las mayorías cambian y no depende de Junts. Esta ‘victoria’ le permitirá ganarse a parte del electorado de izquierdas, que reclama en las calles alguna solución, por la vía que sea.
El gran lastre de Sánchez, en cambio, sigue estando a su izquierda. El Frente Amplio, nueva denominación que los partidos de Sumar aún ni han presentado oficialmente, arranca la campaña sin candidato. De hecho, este martes ya se puede solicitar el voto por correo, y la izquierda alternativa no tiene una cara visible que pueda animar a la gente a pedirlo. Lo que tiene es todas las encuestas pronosticando una debacle, cinco ministros debatiéndose como cabezas de cartel, a Podemos pidiendo primarias abiertas, y una fecha, el 16 de octubre, como límite para registrarse como coalición. Su mal horizonte hace prever que Sánchez, por mucho que aproveche la coyuntura y le quite votos a la derecha, tendrá casi imposible reeditar el Gobierno.



