Xoel López regresa con Oniria Popular, un trabajo que profundiza en su universo más introspectivo sin perder conexión con lo cotidiano. Entre la hiperconexión digital, la necesidad de parar, el tránsito constante entre Coruña y Madrid y una reflexión madura sobre el amor, la identidad o la precariedad, el músico gallego construye un álbum donde lo onírico y lo popular conviven como dos dimensiones inseparables.
Más libre, más reflexivo y alejado de posturas rígidas, López explora en este nuevo proyecto la búsqueda constante de autenticidad, verdad y movimiento.
Pregunta: ¿Estás en una fase onírica?
Respuesta: Vivo oníricamente. El mundo de los sueños tiene mucho que ver con lo inconsciente. A través de la música intento descubrirme, pero también acercarme a una especie de inconsciente colectivo. De ahí viene un poco la idea de la Oniria Popular. Partir de lo que yo siento, pero entendiendo que muchas veces eso también forma parte de lo que sentimos todos. En el día a día no siempre dejamos salir esas cosas. Estamos reprimidos, no tenemos tiempo o vivimos hipercomunicados. Y esa hipercomunicación, paradójicamente, muchas veces nos desconecta de nosotros mismos.
P: Es curioso encontrarnos tan desconectados en un mundo de hiperconexión.
R: Vivimos conectados a cosas que te desconectan de ti mismo. Muchas veces necesito parar. Llevo ya un año alejado de las redes sociales y me sienta bastante bien. Me las gestionan, pero yo necesitaba tomar distancia. Aunque me considero una persona comunicativa, aventurera y sociable, también hay momentos en los que necesito aislarme, quedarme solo durante varios días y transitar ciertas cosas que llevo dentro para volver después con la energía necesaria.
Fui víctima de la anglofilia que se vivió en España
P: Tus letras son muy terrenales y entendibles. ¿Es complicado narrar lo popular desde el aspecto onírico?
R: Suelo expresarme desde un lenguaje accesible porque vivo instalado en esa dualidad. Por un lado está mi parte más poética, la del músico, la de quien trabaja con lo simbólico o lo abstracto. Pero, al mismo tiempo, también está la persona que organiza su casa, hace la compra, tiende la cama o arregla cualquier cosa que se estropea. Soy profundamente terrenal, y nunca he sentido que una dimensión contradiga a la otra. De hecho, Oniria Popular nace precisamente de esa convivencia. Lo onírico tiene que ver con lo que flota, con lo etéreo, lo inconsciente, lo abstracto. Mientras que lo popular está ligado a la tierra, al arraigo, a la tradición, al folclore, pero también a lo cotidiano
P: ¿Cantar en inglés iba en contra de lo popular?
R: Aquello respondía a una etapa más bien infantil o, al menos, más influenciable. No lo veo como un error, sino como una fase de aprendizaje. Cantaba en inglés por puro mimetismo, porque en ese momento sentía que así me acercaba más a los referentes que admiraba. Además, no era algo exclusivamente mío, sino un fenómeno bastante extendido en toda España. Existía una anglofilia muy marcada dentro de ciertas escenas musicales, así que, en cierto modo, fui una víctima más de ese contexto. Con el tiempo lo fui superando, igual que muchos otros compañeros de generación. Al final tiene que ver con la madurez, con entender quién eres realmente y desde dónde quieres expresarte.
P: En la portada del disco aparece tu cara, algo que no haces desde los tiempos de Deluxe. En una entrevista con Jot Down defendías no salir en los discos como un ejercicio de desapego de tu propio ego. ¿Haces ahora lo contrario?
R: A nivel inconsciente, quién sabe realmente qué hay detrás. Puede que exista también una parte de afirmación personal, de decir: “Aquí estoy yo”. Pero, sobre todo, responde a algo mucho más simple: me apetecía hacerlo. Nunca he sido un purista ni alguien aferrado a ideas inamovibles. No creo en posiciones rígidas. Uno cambia, evoluciona, y lo que en un momento sentías de una manera puede transformarse por completo con el tiempo. Durante casi dos décadas tuve muy claro que no quería aparecer en una portada. Era una decisión coherente con quién era entonces. Pero ahora, sinceramente, sentía justo lo contrario. También puede ser por el hecho de no tener redes y publicando mi imagen cubra ese hueco.
P: De hecho, te quitas la careta con la que salías en el disco Atlántico.
R: Me quito hasta las gafas. La búsqueda de la verdad es casi una quimera, pero es una búsqueda constante. En mi caso, siempre he buscado la libertad en todos sus sentidos. También he buscado la verdad, que es muy difícil y muy relativa, pero la sigo buscando. Intento descifrarla en mi mundo alrededor, en una noticia, en una persona, en una canción, en mí mismo. Y obviamente, también en el amor.
P: Me he sentido muy identificado con Campos de Castilla por como representa ese limbo que separa mis dos vidas. Cantabria y Madrid.
R: En mi caso, ese viaje es el trayecto entre Coruña y Madrid, aunque también se extiende a la propia experiencia de las giras. Vivo en Madrid, pero Coruña sigue siendo mi origen, así que ese desplazamiento entre ambos lugares tiene una carga profundamente simbólica. Son mis dos hogares. El lugar del que vengo y el lugar que también he elegido como parte esencial de mi vida. Ese recorrido entre ambos puntos, ese tránsito constante, se ha convertido en un territorio propio. De hecho, no es solo un desplazamiento físico, sino también un lugar de reflexión, de observación y de tránsito emocional. Ahí aparecen pensamientos, recuerdos, ideas y una forma distinta de entender el paso del tiempo y la propia vida.
P: Los viajes en coche solo son espacios que invitan a la creatividad y la reflexión.
R: De ahí nace esta canción. Aunque parte de lo que ves por la ventana durante ese trayecto, en realidad habla de la vida, del paso del tiempo y de todo lo que sucede en ese recorrido, tanto personal como colectivo. Utiliza ese paisaje como metáfora del transcurso vital. También me parecía bonito dedicarle una canción a una zona de España que, a pesar de su fuerza simbólica y emocional, quizá no ha tenido tantas canciones como merece. Muchas veces escuchamos música mientras hacemos otras cosas: trabajando, cocinando, en el metro, entre llamadas o distracciones. Pero en esos trayectos por los campos de Castilla, con esas rectas interminables, de repente sientes que estás escuchando una canción al cien por cien. Casi de los pocos espacios que quedan para una escucha pura.
P: Si algo he aprendido al cruzar Castilla es saber ver su belleza.
R: Castilla es abierta. Mires donde mires, siempre hay espacios. También hay una sensación de libertad que a mí me evoca cosas bonitas. Aprendes a descubrirla y apreciarla.
P: ¿Qué es la música para Xoel López?
R: Es mi vida. Vivo por y para ella. La música es mi gran amor, tanto al componer como al escuchar la de otros.
P: ¿Hay que sufrir mucho para darte cuenta de que el amor romántico no mola?
R: Hay que hacer mucho ensayo-error.
P: Cuando uno crece, se da cuenta que la mejor forma de amar es la que más alejada esta del ideal del romanticismo. Hay que reivindicar más el amor aburrido.
R: Muchas veces la gente se confunde cuando digo “muerte al amor romántico”. No me estoy cargando el amor. Hay gente que cree que sí, pero no. Lo bonito muchas veces está en lo cotidiano, en compartir, en ser compañero. En muchas cosas que quizá no son tan románticas en el sentido tradicional, pero que son preciosas y mucho más importantes, porque van más a la raíz de lo que realmente es una relación. Amor sí, por supuesto. Pero amor real, amor crudo, amor bello también.
P: ¿Oniria no es una canción romántica, de amor romántico?
R: Es una canción de amor, sin más. Una canción sobre amar, sobre querer a alguien. Lo que ocurre es que no conviene confundir lo poético con lo romántico. Lo poético no es necesariamente romántico. Además, el romanticismo depende mucho de cómo cada uno lo interprete, porque existen formas muy distintas de entenderlo. El romanticismo puede ser bonito y bello. Pero yo lo llamo amor sin más. El amor es el amor. Un regalo es bonito, una poesía es bonita. Puede ser sublime y en un momento dado puede parecer que exagera, pero si tú sientes eso y lo plasmas en ese momento, es real. Hay que entenderlo como una exaltación del amor. Una canción tampoco puede ser un diario de “hoy salgo a las siete, llegaré a las nueve y media”, porque sería muy aburrida.
P: En La Batalla, hablas al oyente: “Dime si tú también te despiertas por las noches”.
R: Es algo que no había hecho nunca y siento que es bastante clave dentro del disco. Hay un ejemplo muy claro en el pop internacional, como ese “How does it feel?” de Like a Rolling Stone, de Bob Dylan. Esa capacidad de interpelar directamente, de preguntar. Me parecía bonito hacerlo porque imagino a una persona con una vida bastante dura, alguien que trabaja mucho, que tiene muy poco tiempo libre, que vive en un piso pequeño, con apenas un ventanuco por donde entra algo de luz. Me imagino esa soledad, esa desolación, esa vida difícil. Pero al mismo tiempo hay una pregunta, una búsqueda de conexión. Ese “¿tú también?” tiene mucho que ver con la necesidad de sentirse acompañado, de establecer comunicación incluso dentro de la soledad.
No me basta con aceptar lo que otros me dicen sobre cómo son las cosas. Necesito descubrirlo por mí mismo
P: Aquí entramos en el paralelismo entre músico-oyente, te alejas de la idea divina del artista y antepones su humanidad.
R: Yo no me puedo quejar porque he trabajado mucho y, afortunadamente, me ha ido bien. Tengo una vida muy decente. Pero soy parte de la sociedad, soy empático, tengo amigos y veo a mucha gente muy apurada. Todo lo relacionado con la vivienda, con la precariedad o con ciertas dificultades materiales acaba generándote imágenes, escenas, cuadros que inevitablemente aparecen en las canciones. Ni siquiera es algo premeditado, simplemente te sale. Pero cuando lo observas, te das cuenta de que está pasando constantemente. Mucha gente cercana vive muy justa. Además, cada vez estamos más solos. Las relaciones son más inestables, cuesta más construir estructuras económicas o afectivas sólidas, y aunque solo sea por el precio de la vivienda, ya partimos de una situación bastante complicada.
P: Sombras chinas es una potente reflexión ideológica.
R: Es una letra que escribí hace muchos años y que tenía guardada. Cuando decidí hacer este disco, recuperé algunas cosas antiguas y esta fue una de ellas. Aunque la rehice musicalmente y cambié incluso la melodía, la letra pertenece a otro momento de mi vida. De hecho, es la única del disco que no nace desde una experiencia completamente contemporánea. La escribí en una etapa de malestar emocional profundo. Cuando estás realmente mal, muchas cosas dejan de tener importancia. Las identidades, ciertos discursos o muchas cuestiones que normalmente parecen relevantes se vuelven superficiales o absurdas. Ya no me bastaba con aceptar lo que otros me decían sobre cómo eran las cosas. Necesitaba descubrirlo por mí mismo.
P: ¿Qué poso tiene es reflexión en la actualidad?
R: Me he convertido en una persona con criterio propio para todo. Antes era más de decir: “Ah, pues será así. Si me lo dice no sé quién, será verdad”. Ahora digo: “Vamos a ver si es verdad, vamos a ver si eso es así, vamos a ver si esto que dice no sé quién se convierte en realidad”. Soy más prudente. También dudo mucho de mi propio criterio. Hoy pienso una cosa y mañana no lo sé.
P: Es una putada que te hagan entrevistas en las que se quede tu opinión de ese momento preciso.
R: No tengo ningún problema en desdecirme dentro de cinco años de algo que he dicho porque sé que puede pasar y me parecerá perfecto.
P: Tronco y raíz es un homenaje a la amistad
R: Es también una canción de amor. No se escribe tanto de la amistad y me apetecía hacerlo. Tronco y raíz está dedicada a una persona en concreto, con la que he caminado mucho y con la que he transitado muchas facetas de mi vida desde hace muchísimos años.
P:¿Mantienes amistades de la infancia?
R: Nunca he sido de grandes grupos o cuadrillas. Siempre he tenido amigos sueltos, que a veces pueden ser grupos de tres o cuatro, pero he sido más de relaciones por separado. Con mi mejor amigo de la infancia sigo teniendo contacto. Tengo todavía cierto arraigo y me gusta no haberlo perdido. Aunque me dedique a un trabajo que implica cierta fantasía, he sabido mantener un punto muy mundano, muy de pueblo, muy de vivir como uno más.
P: ¿Estas relaciones mundanas se pueden dar con tus compañeros de profesión?
R: Absolutamente. Yo me relaciono de forma natural y sencilla con todo el mundo. Luego ya depende. Pero no he sido nunca del glamour. Es una flipada que no va conmigo.
Me siento en constante tránsito, incluso cuando estoy quieto
P: En Monstruo Final haces un pequeño homenaje a los arcades.
R: Es un punto nostálgico. De hecho, la canción es un poco ochentera. Yo era niño en los 80 y viví la época de los arcades. Hay una referencia que no sabe nadie. Muy para cafeteros. Al final de la canción hay un ruido pequeño del videojuego Bomb Jack. Mi hermano y yo estábamos enganchados.
P: El disco termina con la vuelta a casa.
R: Sí, pero en realidad dice “regreso al remanso”. Y es curioso, porque ese regreso también implica volver al bucle, volver al viaje. Como si regresaras para, de alguna manera, volver a partir. Es casi como si el verdadero lugar fuese el propio movimiento. Simbólicamente, muchas veces me siento en constante tránsito, incluso cuando estoy quieto. Viaje físicamente o no, tengo la sensación de estar siempre moviéndome.
P: ¿Tienes idea de volver a Galicia?
R: No, pero tampoco lo descarto. Ahora me siento así, pero vivo en el día a día. Muchos amigos tienen ese sentimiento de la vuelta a casa. Pero yo no. No sé si porque no lo quiero o porque no me lo planteo hasta que me lo pueda plantear. A lo mejor sí lo he pensado para cuando sea más mayor, pero por ahora no. Estoy feliz así.
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