Después de 25 años de carrera, El Chojin no se esconde detrás de cifras ni de celebraciones vacías. Balance, su disco número 16, es un proyecto enorme —27 canciones, decenas de colaboraciones—, pero sobre todo es una excusa para parar y mirar atrás sin idealizar nada. En esta conversación habla de todo: del paso del tiempo, de la salud mental, del odio en redes, del amor sin épica y de la necesidad de posicionarse en un momento político que considera delicado. Sin adornos y sin personaje. Solo él.
Pregunta: Lanzas tu disco número 16. Son palabras mayores.
Respuesta: Es la demostración de que, cuando empiezas a andar, la montaña deja de estar tan lejos. Puede sonar a tópico, pero es así. Sacar 16 discos parece imposible cuando no tienes ninguno, pero en cuanto publicas el primero ya estás un poco más cerca. Luego vienen dos, tres, cuatro… Al final, lo que sostiene una carrera tan larga es la perseverancia.
P: Balance tiene 27 canciones y 40 colaboraciones de ocho países diferentes.
R: Ha sido muy complicado. No estoy acostumbrado a hacer trabajo de producción y en este caso he tenido que hacerlo porque quería hacerlo bajo una relación de artista con artista. Ha sido un desastre enorme y no le recomiendo a nadie eso de trabajar entre artistas. Al final, las oficinas cogen las riendas y consiguen que todo cuadre.
P: ¿Cuántas canciones habrás publicado en tu carrera?
R: Alrededor de 600.
P: ¿Cuántas puedes saberte de memoria?
R: No te voy a decir todas porque es imposible. Quizás el 80% de todas ellas. No hay nada de magia detrás de ello, solo entrenamiento. Y al final son pensamientos propios que quedan congelados en un momento.
P: El disco sale acompañado de un libro/disco
R: No creo que haya mucha gente en España que todavía tenga un reproductor de CD, pero hacerlo así es una forma de que el público sienta que tiene el disco. Cuando algo está en la red es de todos, pero no lo sientes como propio. El libro es pequeño, pero recoge mi historia dentro del rap, con anécdotas, reflexiones y fotos.
P: Justo antes de la entrevista he leído que en Estados Unidos se ha superado el billón de dolares en la venta de vinilo por primera vez desde 1983.
R: Este tipo de noticias pueden inducir a confusión, porque en realidad no se están vendiendo más discos que antes. ¿A cuánta gente conoces a la que le sirva tener un vinilo? Puedes comprarlo como objeto de colección, pero no necesariamente para escucharlo. Una cosa es que haya interés y otra muy distinta que se pueda vivir del vinilo. Es difícil que un chaval de 15 años quiera comprarse uno, probablemente ni siquiera forma parte de su realidad.
P: Dices sobre los raperos: "Estamos fatal".
R: Es una frase con pocos matices. Nadie es exactamente como le gustaría ser ni está tan bien como le gustaría. Y cuando lo estás, nunca dura todo el tiempo que quisieras.Para mí, una de las grandes victorias es aceptar —aunque se parezca un poco a rendirse—. Aceptar mi naturaleza, mis taras, entender que vienen de donde vienen y que, si hubiera vivido otra vida, tendría otras distintas. No existe una puerta que abras y a partir de ahí todo sea perfecto. Con muchos libros de autoayuda pasa eso: parecen vender un camino hacia la felicidad que en realidad no es alcanzable. Yo intento estar bien todo el rato, intento estar cuerdo, pero una cosa es intentarlo y otra conseguirlo. Por eso creo que lo importante es ser consciente de tus límites. Yo sé que no puedo con todo, que no hago todo bien y que tengo mis problemas mentales. Y convivo con ello.
P: En Balance trabajas con históricos como Zatu, Duo Kie, Juaninacka o ZPU. ¿Qué tenéis en común los raperos de esa generación?
R: Todo. Por ejemplo, cuando le envié el tema a Juaninacka para que me diera el visto bueno, me dijo que “era rap de toda la vida”. Y eso es precisamente lo que nos une: el amor incondicional por el hip hop que nos crió, el de los 90. Nosotros no lo mitificamos porque lo hemos vivido. No hablamos desde la nostalgia idealizada, sino desde la experiencia. Estábamos ahí, lo escuchábamos y algunos ya lo hacíamos. Compartimos ese vínculo con el hip hop, pero también una forma de entender la vida y muchas experiencias comunes.
P: En el tema con Ismael Serrano hablas de las contradicciones y de cambios. ¿Cuál es tu mayor contradicción?
R: Mi mayor contradicción es intentar ser alguien que sé que nunca voy a ser. Y aun así lo intento con todo mi esfuerzo. Hace poco subí un vídeo en el que decía que no soy buena persona. Lo tengo claro, no necesito que nadie me lo explique. Pero también sé que cada día me esfuerzo por comportarme como si lo fuera. Ahí está la contradicción: no soy como me gustaría ser, acepto que no voy a llegar a serlo, pero no me permito dejar de intentarlo.
P: ¿Te has convertido en algo que jamás creías que fueras a ser?
R: Sí, me he convertido en algo que no pensaba que me fuera a pasar. Creía que eso a los raperos no les sucedía. Yo sigo sintiendo que tengo 20 años, da igual lo que diga el DNI. Crecer nunca está en tus planes. Tengo un poemario que no he publicado por vergüenza, y hay un texto que se llama El tiempo. Ahí digo que el tiempo es un mentiroso: cuando eres joven te hace creer que nunca serás viejo; cuando eres mayor, que todo ha pasado muy rápido; y cuando eres niño, que falta muchísimo para crecer. Y ninguna de esas cosas es verdad. El tiempo es muy puñetero.
P: Ser cinturón negro de jiu jitsu me imagino que rejuvenezca.
R: Cuando te enfrentas a chavales de 20 años, superfuertes, que no se cansan y están en plena forma, te das cuenta de que tu manera de pelear ha cambiado. Puedes seguir compitiendo porque tienes más técnica, pero ya no es lo mismo. Antes era más explosivo; ahora todo pasa por la técnica. De hecho, lo llamamos el “jiu jitsu perezoso”: una forma de luchar pensada para resistir sin destrozarte. Los domingos solemos hacer sesiones de dos horas seguidas de combate. Aguantas, pero al día siguiente el cuerpo pasa factura. El lunes vas más lento, con la mano en la espalda, notando cada pelea.
P: En el álbum hay espacio para el odio. Me gustaría centrarme en el tema con Dani Martín, Dejales que hablen. Creo que sois artistas que habéis recibido bastante hate.
P: Cuando pensé en alguien para Dejales que hablen, pensé directamente en él por eso, porque soy consciente de que ha pasado por ese hate irracional. En mi caso, el que me odia es porque no me conoce. Si me conoces, no me odias. Y eso habla mal de la relación que queremos tener con la gente. Con él pasa lo mismo: es un tipazo. Pero tienes que estar todo el rato sujetando tu mensaje, teniendo cuidado, porque hay gente deseando que cometas un error para atacarte. Yo he aprendido a darle la importancia que tiene, que es muy poca. Esa persona que entra en tu perfil a decirte algo horrible, en cuanto le da a enviar se va a otro perfil y sigue con su vida. No ocupas tiempo real en su vida, así que no tiene sentido que ellos ocupen tiempo en la tuya. En el rap esto siempre ha sido así. Yo empecé con 13 años y la primera vez que subí a un escenario el público ya me miraba mal. He crecido en un entorno hostil que me ha preparado para esto. En realidad, te lo tienes que currar mucho para hacerme daño.
P: Por otro lado, también hay amor. Propio y para dar. En el primer caso tienes un tema llamado Canción de amor para mí, con Chambao. ¿Dónde está el límite entre el autoestima y el egocentrismo?
R: En la salud. ¿Es saludable querer a los demás? Desde luego. ¿Es saludable quererte a ti? También. ¿Es saludable quererte solo a ti y no a los demás? No. ¿Y querer solo a los demás y no a ti? Tampoco. Entonces, todo lo que hay en medio depende de cómo te sientas y del momento vital en el que estés. No creo —y no soy psicólogo ni antropólogo— que haya una respuesta válida para todo el mundo. Según en qué momento estés, te servirá mirarte más a ti o más a los demás. Muchas veces buscamos una respuesta que nos evite recorrer el camino, pero esa respuesta no existe. Y si existe, es falsa, porque no te va a servir siempre.
P: También hay ternura y amor romántico.
R: Soy muy poco tierno y me cuesta mostrar esa parte. Supongo que tiene que ver con cómo me he criado o con mi generación. Por eso estoy intentando, a través de la música, perder esa vergüenza y hablar del amor romántico, pero desde un lugar real. No me interesa idealizarlo. En el disco hay un tema, No hay mariposas, que va justo de eso: de un amor sin épica, donde no te falta el aire cuando la otra persona no está, pero sí la echas de menos. Después de escuchar tantas canciones de amor que no te crees, el reto es escribir una que sí lo sea. Para mí pasa por asumir que nadie es perfecto, que no todo es intensidad constante. Me interesa más lo cotidiano, lo que permanece, sin necesidad de convertirlo en algo extraordinario.
P: En el disco participa Melendi.
R: Ha sido súper fácil. Muchas veces vemos a la gente como iconos o como algo que no son personas, pero eso no existe. En cuanto te sientas con alguien, todo cambia. Tú amas la música, yo también. Tú quieres cantar en esta canción, yo quiero que cantes. Nos sentamos, coges la guitarra, yo te cuento mi idea, tú la tuya y lo sacamos. Estoy muy agradecido con la generosidad de todos los colaboradores del disco, porque es algo honesto. Un Melendi o un Dani Martín no están en el disco porque les venga bien, están porque quieren. Y eso es de agradecer.
P: Tratas la situación política en Cansados.
R: Cansados es un tema necesario. Es el último que hice. Este disco lo escribí hace más de un año y, si lo estuviera escribiendo ahora, habría mucho más contenido político y sería más explícito. Incluso en Cansados, que es el tema más político del disco, intento cuidarme a la hora de señalar. No nombro a nadie directamente. Tengo ganas de hacer algo en lo que sí se me pueda criticar por posicionarme de forma radical, como he hecho siempre en mi carrera. Con el crecimiento de mi música, ha llegado gente de distintas ideologías que quizá no tiene claro a quién está escuchando. Yo soy antifascista, radicalmente antifascista. Siempre lo he sido y nunca lo he escondido. Pero quizá ahora hay público nuevo que no lo tiene tan claro, y prefiero que lo sepan desde el principio. Estamos en un momento político complicado a nivel global, con un auge del fascismo, y no entiendo mi vida sin un compromiso contra esa injusticia. Mi herramienta es mi altavoz. Este disco me encanta y estoy muy orgulloso, pero tiene menos contenido político del que tendría si lo escribiera ahora. De hecho, lo que estoy haciendo ahora va más en esa línea porque creo que es importante.
P: La situación es crítica.
R: Están pasando cosas muy gordas. Yo he escuchado a historiadores decir algo con lo que estoy bastante de acuerdo: las guerras mundiales no empiezan en un día. Esto que está ocurriendo ahora —esperemos que no—, en el futuro puede ser señalado como el inicio de algo mayor. Los historiadores y los chavales en los institutos, si siguen existiendo, podrán decir: “La Tercera Guerra Mundial empezó aquí”, y hablar de Ucrania, de Gaza, de Irán… Hay mucha gente que prioriza sus intereses económicos por encima de la estabilidad mundial. Y ahí es donde creo que, como sociedad, tenemos que ser muy exigentes con nuestros dirigentes. Una cosa es cierto grado de corrupción o de ineficiencia —que tampoco es aceptable—, pero otra muy distinta es mandar a nuestros jóvenes a morir por los intereses de cuatro viejos multimillonarios.
P: En el disco he echado de menos colaboraciones de artistas españoles más jóvenes.
R: Simplemente no se ha dado. Podría pasar en el futuro. De hecho, viene una colaboración dentro de poco con un rapero de la nueva generación. No es para mi disco, sino para el suyo, y no digo el nombre por si no quiere desvelarlo todavía. Yo estoy abierto a trabajar con artistas jóvenes, sin ningún problema, al contrario, encantado.Al final, a mí me gusta rapear y, si lo que haces me gusta, podemos encajar. Pero en este disco, que es como mi casa o mi cumpleaños, he invitado a mis amigos. No he querido conocer a gente nueva en ese sentido.
P: Sin embargo, si hay colaboraciones con artistas jóvenes de Latinoamérica. ¿Consideras que a los raperos de tu generación os respetan mas allí que aquí?
R: No te sé medir eso, la verdad. No tengo ni idea. Es posible que sea así, pero no sé el grado de respeto que tienen los jóvenes aquí hacia los que llevamos más tiempo. Lo que sí es cierto es que en Latinoamérica hay mucho respeto. Pero, en mi caso concreto, el hecho de no haber trabajado con gente más joven aquí se ha dado así, sin más. Yo no tengo ningún problema en trabajar con cualquiera. Si me gusta lo que hace, lo hago encantado.
P: En el disco hay gente de Panamá, Colombia, Puerto Rico, México, Venezuela Chile y República Dominicana. La importancia de Latinoamérica en tu carrera es indiscutible.
R: Latinoamérica es el continente hermano. Quizá lo mejor que me ha dado el rap es la posibilidad de conocer lugares a los que no estaba destinado a ir. Yo soy de Torrejón, y Torrejón está muy lejos de Santiago de Chile. ¿Por qué iba a terminar yo allí? Ha sido gracias a la música, pero sobre todo gracias a la gente que escucha mi música allí, a miles de kilómetros. Yo siento que ellos me rescataron, porque podría haberme rendido. Cuando viajas a México y ves a miles de personas rapeando tus canciones, o a Bogotá y pasa lo mismo, entiendes que merece la pena. Para mí, Latinoamérica es un lugar al que le debo más de lo que le he dado. Parte de la idea de Balance es empezar a devolver eso. Por eso voy a presentar el disco allí también, en México, y quiero pasar tiempo en Colombia trabajando con gente de allí. Quiero que vean que no es una pose, que de verdad me importa y que agradezco el cariño que me han dado.
P: Permíteme la coña, pero escuchándote dan ganas de dar las gracias a Cristóbal Colón.
R: (Ríe). Eso jamás saldrá de mi boca.
P: En Balance también participan varias mujeres. ¿Cómo te han influenciado artísticamente?
R: Si hablamos de música, mi cantante favorita de todos los tiempos es Aretha Franklin. Pero no porque sea mujer, sino porque tengo criterio. Para mí es lo mejor que ha existido. Escucho mucho R&B y soul, y la mayoría de artistas que consumo ahí son mujeres. Es verdad que en el rap escucho más hombres, pero nunca he hecho distinción a la hora de disfrutar de la música. Cuando era pequeño escuchaba a Whitney Houston y se me caía la baba, igual que con Michael Jackson. Otra cosa distinta es la industria. Ahí sí hay un sesgo machista muy claro. Es difícil encontrar mujeres en ciertos roles: instrumentistas, técnicas de sonido… Es un entorno muy masculinizado. Cuando ves el cartel de un festival, suele haber muchos más hombres que mujeres. No es deseable, pero creo que se está trabajando para cambiarlo. Yo vengo de los 80 y entonces era impensable ver mujeres en conciertos de rap. Ahora, en 2026, en mis conciertos hay mitad hombres y mitad mujeres. En ese sentido, se ha avanzado.
P: ¿Cómo esperas que sea tu próximo balance?
R: Mi plan ideal sería vivir en una cabaña cerca de la playa, tener una barquita, ir por la mañana a pescar, cocinar lo que saque, dejarme crecer la barba y olvidarme de las noticias. Pero sé que eso no va a ocurrir. Así que lo que haré será seguir trabajando e intentar aportar. Últimamente estoy pensando mucho en la idea de servir. Quiero sentirme alguien que sirve a los demás: a la gente que escucha mi música y a las personas con las que me cruzo. Ese es mi objetivo vital ahora.